514 Años: Destrucción y exclusión
- Julio Yao -
(Discurso en el FORO DE LA COORDINADORA
CAMPESINA CONTRA LOS EMBALSES, el 12 de octubre de 2006,
en el local de la Confederación General de Trabajadores de Panamá)
Compañeros de la Coordinadora Campesina Contra los Embalses, del Movimiento Indígena Unificado "Plan Sol", y de otras organizaciones populares, amigos y conciudadanos todos:
12 de octubre: Destrucción y Exclusión de los Pueblos Originarios de América
Hoy, 12 de octubre, según la historia oficial, se cumplen 514 años de lo que se ha denominado "Día del Descubrimiento del Nuevo Mundo", "Día de la Raza", o "Encuentro de Culturas". Pero, ¿de qué descubrimiento estamos hablando? ¿De un continente que ya era tan viejo como los que luego configuraron Europa, Asia y África, desprendimientos todos de una gran isla bautizada como "Pangea"? ¿De qué raza estamos hablando? ¿De las razas que diezmaron a las nuestras, que tenían miles de años de vivir en este continente no tan nuevo? ¿De cuáles razas, si, como se ha demostrado, la globalización de los genes y el ADN fue un hecho desde el principio de la humanidad? ¿Y cuál "Encuentro de Culturas", si lo que hubo fue un encontronazo que permitió a la "cultura" más depredadora y militarmente superior destruir e imponerse a las culturas de este continente? Cuando un asesino ataca a su víctima, no se encuentra con ella: la asesina. Y eso fue lo que sucedió en este continente: los conquistadores asesinaron y diezmaron las civilizaciones de nuestros primeros pobladores.
Asiáticos, indígenas, negros, blancos, mestizos
Ya son antiguas las teorías de que los primeros pobladores de este continente vinieron de Asia hace 30 mil años. Pero las investigaciones más recientes demuestran que los chinos llegaron a este continente por lo menos 75 años antes que Cristóbal Colón y fundaron colonias en Norte, Sur y Centroamé rica, casi todas desaparecidas, sin aplastar a las poblaciones indígenas. Se ha encontrado ADN chino en la sangre de Ngobe-Bugles y Wounaan (panameños) estos últimos provenientes de las profundidades del Amazonas.
Hoy nos desayunamos con la noticia de que "la población panameña en general tiene un 39.7% de genes indígenas, un 32.9% de genes negros y un 27.4% de genes blancos", así que somos más indígenas que negros, y más negros que blancos, todo dentro de un rico mestizaje, según las investigaciones del Instituto del ADN y del Genoma Humano de la Universidad de Panamá y del Departamento de Genética y Biología Molecular de la UP ((La Prensa, 12 de octubre de 2006). Se afirma que en la sociedad panameña existe una mayor presencia indígena que en otros países de la región considerados de mayoría indígena.
Dominación racista y clasista
Pero el mestizaje panameño no encuentra correspondencia con la estructura de dominación que impera en nuestro país. Aquí, a medida que uno asciende desde la base de la pirámide social hacia la cima, los colores se van como blanqueando y encontramos que, por lo general, los verdaderos dueños de Panamá van siendo más mestizos que negros, y luego más blancos que mestizos. Los mestizos, indígenas y negros se quedaron en la base social de la pirámide y no pertenecen al clan de los propietarios de este país aunque algunos sí son o colaboran con la clase dominante.
La maquinaria del saqueo
Parece, pues, que a mayor oscuridad en la piel, mayor pobreza y exclusión. Pobreza y exclusión son rasgos del sistema capitalista y no tienen nada que ver con la naturaleza de las cosas. El saqueo colonial fue reemplazado por el saqueo capitalista en sus distintas fases, incluída la financiera. Y ese saqueo no fue otra cosa que la transferencia y succión de los recursos y riquezas de los pueblos originarios y de los grupos que se sumaron después, por parte de las metrópolis de Europa y Estados Unidos. En su fase actual, el saqueo tiene como víctima a la totalidad de la población y no solamente a los de piel oscura, pero las capas altas no padecen nunca el dolor y sufrimiento de los estratos bajos, a quienes mantienen en esquemas improductivos y sin trabajo. A la mundialización del capitalismo no le interesa las razas ni las nacionalidades, sino la mano de obra barata y los recursos fáciles de acaparar. Por eso nosotros no debemos dividirnos por el color de la piel sino apoyarnos mutuamente.
El transitismo, el Canal y el desarrollo de Panamá
Desde que se escogió a Panamá como país de tránsito se produjo un profundo impacto en todos los órdenes. El impacto fue claro cuando se construyó el ferrocarril y luego el Canal. En el primer caso, miles de campesinos chinos contratados como obreros construyeron el ferrocarril, pero mil murieron en un mes debido a los maltratos, la extenuante jornada y los asesinatos por parte de los capataces gringos. Los chinos se quedaron aquí y ahora forman parte de nuestra población. En el caso del Canal, otros miles, provenientes de otros países, murieron por la fiebre amarilla, malaria y accidentes laborales. Los sobrevivientes permanecieron e igualmente forman parte de nuestra sociedad.
La ciudad de Panamá es fruto de ese impacto ambiental, urbano y demográfico, y ello explica por qué nuestra capital nunca creció como las otras ciudades del mundo, en forma radial, sino alargada y de oeste a este.
El impacto geopolítico del Canal fue vital para Estados Unidos. Pero el impacto clave para nosotros fue el económico-social, porque Estados Unidos se matrimonió con las familias propietarias en 1903 a través del Tratado Hay-Bunau Varilla, en una yunta o pacto de villanos conforme al cual Estados Unidos obligó a liberales y conservadores, a unirse en torno a los intereses de esa potencia y a asesinar al general guerrillero Victoriano Lorenzo para despejar el camino, garantizándoles a cambio que tales familias pudieran disponer de todo el Istmo de Panamá a sus anchas, hacerse ricos y ordenar la economía según sus prioridades e intereses pero sin inmiscuirse en la explotación exclusiva de la Zona y el Canal por parte de Estados Unidos.
En esas prioridades no estarían ni los obreros, ni los campesinos, ni los indígenas, ni los sectores medios sino únicamente ellos, los de la cúpula, que diseñaron un esquema económico egoísta que no favorecía al campo mediante el fomento de la agricultura ni el desarrollo de la industria para crear empleos permanentes, seguros y crecientes. No. Ellos se preocuparon por el sector terciario, la parte más improductiva y artificial de la economía pero a la vez el método más rápido de lucrar de la posición geográfica sin arriesgar mucho.
Ello explica el poder de la oligarquía y de la cleptocracia - el gobierno de los ladrones -que le permitió a la clase propietaria aumentar su patrimonio, adueñándose de las tierras y riquezas de nuestro país, expropiando a los indígenas y campesinos, pero sin cuestionar mucho el latifundio infame de 1,432 km2 del que creó Estados Unidos en la parte más valiosa de nuestro territorio, sacrificando de paso la soberanía nacional, y todo esto con la complicidad de la Iglesia que nos pedía a los convidados de piedra resignación a cambio del paraíso en la otra vida.
El resultado del contrato oligarco-imperialista lo tenemos ante nuestros ojos: más del 60 porciento de la población es pobre, una buena parte de la cual está en la zona de la miseria e infrahumanidad; el tres por ciento de la población es dueña del 80 por ciento de las riquezas. Fue la entonces embaja dora de Estados Unidos, Linda Watts quien provocó un escándalo entre los que ignoraban estos hechos cuando declaró que 80 familias eran dueñas de Panamá, pero es posible que sean 80 personas solamente los amos de este país. Se requerirá, por lo tanto, un gran esfuerzo nacional para rectificar las extremas desigualdades económicas y sociales que abaten al Panamá Profundo.
La propuesta de ampliación del Canal
La propuesta de ampliación del Canal es el relanzamiento, la revitalización de ese pacto de villanos que excluyó al conjunto de la sociedad de los beneficios del Canal. Más del 60 por ciento de la carga que atraviesa el Canal va a puertos de Estados Unidos o viene de ellos, y en ese mismo porcentaje lo beneficia. La lógica más elemental nos conduce a pensar que el principal beneficiario del Canal debe contribuir en esa proporción a los costos de ampliación de la vía interoceánica y que el remanente de dichos costos debe prorratearse entre el resto de los usuarios del Canal y de la comunidad naviera en general, porque, sacadas bien las cuentas, ya Panamá ha asumido demasiados costos desde 1903 y pocos beneficios netos.
Pero un falso patriotismo expresado por Alberto Alemán Zubieta, Administrador de la Autoridad del Canal de Panamá, se opone a que los usuarios paguen lo que deben, aduciendo que ellos nos van a exigir a cambio que les entreguemos nuestra soberanía y nuestro control del Canal. Su posición es falsa e hipócrita.
Falsa, porque no hay un solo documento firmado ni ninguna declaración de tales países exigiéndonos entregar el control del Canal y, en cambio, sí hay evidencias de que tales potencias y usuarios estaban anuentes, decididos a financiar con sus dineros la ampliación del Canal o la construcción de uno nuevo. Hipócrita, porque la misma Autoridad del Canal de Panamá ha dicho que no pueden impedir que transiten la vía aquellos barcos de la muerte que traen cargas peligrosas (químicas y desechos nucleares) para la vida nacional y porque el Tratado de Neutralidad sí es un impedimento al ejercicio de nuestra soberanía en la vía interoceánica. Hipócrita también, porque la ACP ha hecho todos los esfuerzos por bloquear hasta en la Asamblea de Diputados todo intento de prohibir el paso de tales naves conforme al derecho internacional. ¿A quién le sirve entonces la ACP? ¿A cuál soberanía obedece la ACP?
La ampliación del Canal y nuestra falta de independencia
Lo que no se quiere reconocer es que la problemática creada por este anteproyecto de ampliación se debe fundamentalmente a nuestra falta de independencia, no a nuestras aspiraciones de independencia sino a la denegación de independencia por parte del gobierno de Estados Unidos.
Omar Torrijos pensó ingenuamente que podíamos gestiona r la construcción de un nuevo Canal con Japón y se iniciaron gestiones a ese efecto porque se partía de la idea de que tendríamos independencia para hacerlo. En Estados Unidos pensaban otra cosa, y desde 1978 su corporatocracia (Bechtel entre tantos) le exigió a Torrijos cancelar sus compromisos con los japoneses. Torrijos rechazó las presiones y, como resultado - y esto lo cuenta quien lo sabe, John Perkins - el firmante de los Tratados del Canal de 1977 murió en un asesinato ejecutado por la CIA el 31 de julio de 1981.
Manuel Antonio Noriega subestimó este hecho y continuó profundizando compromisos con Japón. En la segunda semana de abril de 1986 el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos autorizó en memorando secreto la desestabilización de Panamá para derrocar al gobierno, cancelar los Tratados Torrijos-Carter y eliminar la posibilidad de que Japón controlase un nuevo Canal al nivel del mar. Lo demás es historia: el presidente George Bush, padre, invadió a Panamá en 1989 para demostrar que tenía más agallas que los otros candidatos a la presidencia, destruyó nuestra economía, reconstruyó a su gusto las instituciones y entidades del Estado, desmanteló a las Fuerzas de Defensa y nos impuso cinco acuerdos para someter totalmente a nuestro país a las instituciones financieras internacionales controladas por ellos. En el proceso, miles de panameños que no eran combatientes murieron o desaparecieron en una agresión que fue un ensayo bélico para invadir a Irak.
Y todo, ¿para qué? Para alimentar la vanidad imperial de Estados Unidos, para decirle al mundo que esa potencia podía intervenir, como lo dijo Bush, en "cualquier rincón oscuro del planeta". Pero si quieren un Canal ampliado, ¡que lo paguen! Como dice el dicho: "el que quiere celeste que le cueste". Mas, como los panameños somos ricos, nosotros vamos a endeudarnos en más de quince mil millones de dólares para complacer la vanidad imperial de Estados Unidos y para multiplicar las riquezas y haberes de la oligarquía que bien le sirve, para repetir la misma hazaña de 1903 de entregar nuestra posición estratégica y dejarnos a los pobres como convidados de piedra en el gran banquete, en la danza de los millones.
Y como no teníamos ni tenemos independencia, después de la invasión -- cuando Panamá era un país militarmente ocupado -- la Comisión Tripartita (Panamá, Estados Unidos, Japón) escogió la alternativa que más le convenía a Estados Unidos - el Tercer Juego de Esclusas - sin que se examinaran entonces, ni se examinaran después, las alternativas panameñas , entendidas como alternativas canaleras y alternativas no canaleras, o sea, el Canal seco. Tampoco se estudiaron las implicaciones de un Canal al nivel, que era la alternativa favorita de los japoneses. ¿Cuándo fue examinado el proyecto del Tercer Juego de Esclusas por nuestras instituciones, como la Universidad de Panamá u otras universidades, el Colegio de Abogados, el Colegio de Economistas? ¿Cuándo ha sido debatido el proyecto de ampliación por la Asociación de Profesores de la Universidad de P anamá?
Todos sabemos que la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos designó comisiones de estudios de la propuesta de ampliación, pero como hubo conclusiones críticas que la describían como inaceptable, expulsaron al Ingeniero Humberto A. Reynolds y al Ing. Harry Díaz Strunz, se tomaron la directiva de la SPIA y la pusieron bajo control de empleados de la ACP. Con anterioridad expulsaron al Ing. Thomas Drohan, que era Director de Ingeniería, Dragados y Construcción de la Autoridad del Canal, por sus sólidos argumentos contrarios a la propuesta de ampliación del Canal.
Pero, como al igual que la compañía francesa del Canal en el siglo XIX hizo lo imposible para vender su proyecto, la ACP ha imitado al pie de la letra todos los trucos, ardides, argucias que utilizó la compañía francesa, que dominó todos los medios de expresión de entonces, sobornó a casi todos los diputados y altos funcionarios y derrochó los ahorros de los pobres ilusos que invirtieron en lo que fue una utopía.
Si la ampliación del Canal se lleva a cabo pese a los vacíos, falacias, distorsiones y mentiras implícitas en el anteproyecto, nuestro país se va a enfrentar a escenarios difíciles de predecir y a riesgos imposibles de calcular, y podrá correr la misma suerte que la compañía francesa, cuyos funcionarios tuvieron que suicidarse o parar en la cárcel.
Lo que no es especulación es que, de llevarse a cabo el anteproyecto de ampliación, sin que exista un modelo de desarrollo nacional, se van a acelerar y a profundizar las desigualdades económicas y sociales; se van a crear serias distorsiones económicas inmanejables; se va a agudizar el caos urbano y demográfico, y la deuda externa nos va a agobiar al punto de que seguramente perderemos "hacha, calabaza y miel".
Para evitar que ello ocurra, será necesario derrotar al "sí" para que nuestro país se salve, evitar un fraude y organizar las fuerzas sociales panameñas - de quienes ustedes son dignos representantes - para decidir lo que mejor convenga a nuestros intereses nacionales, dar por cancelada y agotada la Primera República e iniciar un nuevo recorrido para construir, entre todos, la Segunda República, el nuevo país que todos nos merecemos. ¡Viva la Coordinadora Campesina contra los Embalses! ¡Viva el movimiento indígena unificado!
Muchas gracias.