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Canal de Panamá

Mi voto orejano

Milcíades Pinzón Rodríguez

Diré, emulando a Unamuno, que me duele el cogollo del corazón a la hora De votar por la ampliación del Canal. He leído y pensado la documentación Que presenta la ACP. Al final los argumentos no me parecen convincentes, porque una decisión tan trascendente no puede depender exclusivamente del ámbito financiero, aunque pomposamente le llamamos "asunto de Estado". Como panameño me inquieta el estado de la nación, y dentro de ella, la suerte de las provincias que están allende el Canal. Pretender que votemos únicamente con la razón y que echemos en saco roto los sentimientos, es tanto como llevarnos a una elección de corazón de piedra.

Yo no puedo olvidar mis raíces y mi historia, porque el corazón me grita la soledad de siglos y el abandono de aquellos interioranos que murieron esperando los frutos del transitismo e incluso desconociendo que tales mercedes existían.

El siglo XX está lleno de lecciones para los que quieran conocerlas e intenten emprender las rectificaciones que la nación necesita. Sé que el Canal ha sido una fruta madura de la que otros comieron; mientras, el orejano se quedó relamiendo una modernización cosmética. No me opongo a la ampliación del Canal, lo que ansío es que la zanja sea de una vez por todas la "changa" istmeña de la que todos podamos disfrutar. En las provincias estamos hartos de mentiras y modelos de desarrollo excluyentes. Yo me pregunto: ¿Por qué tiene el interiorano que vivir y morir lejos de su tierra, si tiene todo el derecho de hacerlo en la suya? ¿Por qué la zona de tránsito recibe inversiones millonarias y las otras regiones migajas para el desarrollo? ¿Por qué la salud, la educación y el trabajo tienen que estarles vedadas? Y me contesto, porque tenemos un Canal, que como el país, es "pro mundi beneficio", excepto para quienes son los verdaderos propietarios.

Los intereses mercantiles le arrebataron a las provincias las regalías canaleras y las sumieron en su rol de reducto folclórico. Es loable la defensa de la identidad nacional que ha liderado el Panamá rural, pero no suficiente.

Sería irresponsable iniciar el siglo XXI con el mismo esquema de desarrollo: pocos en las mieles y muchos en las hieles. Ya no podemos confiar en la promesa de discutir posteriormente el problema del desarrollo, ni creer en pactos apresurados de concertación nacional. Ahora el interior quiere ser actor de su propio destino, analizando los problemas regionales en el marco de un verdadero proyecto de nación. Sin apuros y sin pausas.

Así como la luna no es de queso, tampoco es verdad que hay que votar afirmativamente porque el tiempo no espera y otros harán lo que nosotros dejemos de hacer. Pienso que la premura es mala consejera y a veces oculta intereses aviesos. No es el país quien tiene que integrarse al Canal, es éste el que debe ser parte constitutiva del primero. El modelo canalero siempre ha mirado hacia afuera y las provincias se han refugiado en su introversión cultural. En nuestra república hay dos lecturas para un mismo país y eso no puede continuar.

La ampliación y el referéndum canalero, tal y como se proponen, no cambiarán en nada el tradicional y excluyente modelo de desarrollo. Por eso yo no voy a patrocinar cuchillo para mi propio pescuezo. Al contrario, mi voto orejano nace de la conciencia y certeza de que otra nación es posible.

Votaré "no", porque aspiro a que refundemos la nación dentro de un Proyecto nacional que supere la antinomia desarrollo canalero – subdesarrollo interiorano. Luego de quinientos años de exclusión, ya es hora de que se escuche nuestra voz y de que los recursos del Canal arriben a las provincias interioranas.



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Agosto 2006