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Canal de Panamá

Sobre la ampliación del Canal y la catastrófica guerra en Irak

¿Qué se perdería con esperar dos o tres años hasta tener un diseño final que permita comprobar al centavo los estimados conceptuales que la Parsons-Brinckerhoff ha presentado? ¿Qué se perdería en tres meses?

Carlos E. Rangel Martín

Inicialmente, esta comparación podrá parecer algo jocosa; lastimosamente, las similitudes son demasiadas para pasar inadvertidas y las consecuencias también pueden ser muy serias. Igual que la guerra en Irak, la propuesta de ampliación de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha prometido una vida mejor al pueblo: En el caso de la guerra en Irak, el presidente Bush prometió que la misma eliminaría el terrorismo, pero ha quedado demostrado que se trataba del intento de un grupo por controlar la producción del petróleo Irakí. En el caso de la propuesta de ampliación de la ACP, el presidente Torrijos ha prometido que la misma eliminará el subdesarrollo, pero todo lo demás apunta a que se trata del intento de otro grupo por controlar las ganancias del Canal. En ambos casos, los correspondientes voceros gubernamentales han estado utilizando los recursos del Estado, el bajo nivel educativo y la buena fe de los más necesitados para convencerlos de las maravillas de unos planes que, de otra forma, nunca serían   aprobados.

En ambos casos, parte importante de la información publicada ha sido o es falsa: En el caso de la guerra en Irak se trató de las armas de destrucción masivas y la supuesta conexión del gobierno de Saddam Hussein con el movimiento Al-Qaeda.

En el caso de Panamá se trata de la sobreestimación de los aportes que   puede hacer el Canal para pagar los gastos del proyecto de ampliación y la exageración de las posibles ganancias al estado. En ambos casos, las raíces profundas son similares: En Irak ha sido la falta de conciencia social por parte del gobierno y los dueños de compañías petroleras.

En Panamá ha sido la falta de conciencia social por parte del gobierno y   los dueños de los bancos. En ambos casos, se lucha en el campo inadecuado, ya que ni la pobreza ni el terrorismo existirían si primero no hubiera corrupción gubernamental y empresarial, como lo demuestra claramente la Ley Banistmo, algo que panameños y estadounidenses debemos desarraigar al   máximo si de veras deseamos mejorar la calidad de vida de las futuras   generaciones.

En ambos casos, las primeras experiencias fueron y serían de euforia.

En Irak fueron unos cinco meses y en Panamá podrían ser unos cinco años. En ambos casos, un mínimo de prudencia hubiera podido o podría evitar grandes decepciones.

En el caso de Irak, el gobierno estadounidense hizo caso omiso a las voces de advertencia de los expertos de las Naciones Unidas.

En el caso de Panamá, el gobierno está haciendo caso omiso a las voces de advertencia de numerosos ingenieros con extensa experiencia en la industria de la construcción, incluyendo algunos jubilados de la propia ACP. En ambos casos, se encuentran involucradas transnacionales de ingeniería con dudosas actuaciones en años recientes.

En el caso de Irak, se trata de la Halliburton, y en el caso de Panamá se trata de la Parsons- Brinckerhoff. En ambos casos, el resultado final ha sido y probablemente será un mayor endeudamiento del país. En el caso de   los EEUU, ¿qué se hubiera perdido con esperar unos meses más hasta tener una sólida confirmación de la información en contra del gobierno Irakí? Nada. Y en el caso de Panamá, ¿qué se perdería con esperar dos o tres años hasta tener un diseño final que permita comprobar al centavo los estimados conceptuales que la Parsons-Brinckerhoff ha presentado? ¡NADA! Decía el   Papa Juan XXIII que las dos mayores calamidades del mundo moderno eran las indecisiones y las prisas.

Dios quiera que los indecisos en nuestro país actúen con sabiduría y rechacen la prisa con que el gobierno actual propone ampliar el Canal, porque de no hacerlo, tarde o temprano es bastante seguro que todos sufriremos las consecuencias.



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Agosto 2006