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Un tal Jesús

2. Camino al Jordán

1. El Jordán es prácticamente el único río que riega la tierra de Israel. Nace en el norte, cerca del monte Hermón, y desemboca en las aguas salobres del Mar Muerto, el lugar más bajo del planeta, una fosa de casi 400 metros bajo el nivel del mar. Lo forman tres manantiales, uno de ellos la fuente de Dan, que da nombre al río: Jor-Dan (el que baja de Dan). En lenguaje bíblico, para precisar los límites geográficos de la Tierra Prometida por Dios a Israel, es frecuente la expresión: "desde Dan hasta Bersheba". Desde el norte, donde estaba la fuente de Dan, hasta el punto situado más al sur, la ciudad beduina de Bersheba. El valle del Jordán es una prolongación del gran valle del Rift, de 6 mil 500 kilómetros de longitud, que atraviesa Africa Oriental y llega hasta el Mar Rojo.

2. Mesías es una palabra aramea que significa "ungido". La palabra griega equivalente es "cristo". En Israel, los reyes, al ser elevados al trono, eran ungidos con aceite en señal de la bendición de Dios. (1 Samuel 10, 1). A lo largo de su historia, el pueblo de Israel, que había sufrido fracasos, derrotas y esclavitudes, esperó de Dios un liberador definitivo que le trajera una paz duradera. Unos cien años antes del nacimiento de Jesús se empezó a llamar "Mesías" a ese liberador esperado, que en la creencia del pueblo sería un rey poderoso que haría de Israel una gran nación, expulsaría de sus tierras a los dominadores extranjeros y haría por fin justicia a los pobres. La venida más o menos cercana del Mesías, lo que haría este personaje, el modo de reconocerlo, su procedencia -algunos esperaban que fuera un ángel, otros un gran sacerdote- eran tema de las conversaciones populares en tiempos de Jesús.

3. Para el pueblo de Israel, los profetas eran hombres de Dios que hablaban en su nombre. Interpretaban lo que sucedía, denunciaban las injusticias, anunciaban los planes de Dios, y eran temidos por reyes y gobernantes. Después de muchos años sin tener ningún profeta en el país, el pueblo reconoció en Juan a un gran profeta. Y algunos llegaron a ver en él al Mesías esperado. Esto explica la movilización de gentes que despertó la palabra del Bautista.

4. Magdala era una ciudad situada a orillas del lago Tiberíades, en el camino de las caravanas que entraban a Galilea desde las montañas de Siria. Como ciudad de paso, prosperaban en ella las tabernas y los prostíbulos. De la Magdala evangélica no quedan restos.

Mateo 3,5-6; Marcos 1,5; Lucas 3,7.

Un tal Jesús, es una obra de José Ignacio y María López Vigil. Reproducimos aquí el comentario que aparece al final de cada capitulo.

www.untaljesus.net/



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Agosto 2006