4. La justicia de Dios
1. La justicia es un tema mayor a lo largo de toda la Biblia. Que Dios sea justo, como repiten una y otra vez los profetas, quiere decir que es liberador, que toma partido por los pobres y exige que se respete el derecho de los oprimidos, que es recto, que no se deja sobornar por la palabra engañosa o por el culto vacío. Conocer a Dios -en lenguaje bíblico es lo mismo que amarlo- es obrar la justicia (Jeremías 22, 13-16). La religión verdadera es reconocer el derecho de los pobres y establecer relaciones de justicia entre los hombres (Isaías 1, 10-18; Jeremías 7, 1-11).
2. Los publicanos eran funcionarios del imperio romano o de las autoridades locales que recaudaban los impuestos. Desde ese puesto extorsionaban a los pobres.
3. Se pueden podar las ramas viejas de un árbol, pero si las raíces están podridas no hay nada que hacer. La pregunta que Jesús hizo a Juan Bautista plantea el tema del pecado estructural y el pecado personal. El pecado, la injusticia, no es sólo un mal individual, que tenga remedio por una conversión entendida individualmente. Hay situaciones y estructuras de pecado. Un régimen económico que produce pobres cada vez más pobres y ricos cada vez más ricos es una estructura de pecado. Un régimen político que no da participación al pueblo, que se sostiene sobre el crimen y la corrupción, es también un pecado institucional. El mensaje de Jesús, como el de Juan el Bautista, no llamó sólo a la conversión personal. Esbozó un proyecto de transformación de la sociedad.
Lucas 3,7-18
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