9. Bajo el sol del desierto
1. Así como Galilea, la región norte de Israel, es fértil y siempre verde, Judea, la región sur, es zona seca, de escasa vegetación y, en algunos lugares, un auténtico desierto. En la actualidad, se puede ver, cerca de la ciudad de Jericó, en pleno desierto de Judea, el llamado Monte de las Tentaciones, donde la tradición cristiana fijó desde hace siglos el lugar en que Jesús fue tentado por el diablo. En la ladera de este monte hay un antiguo monasterio ortodoxo.
El pueblo de Israel creía que el desierto era terreno maldito por Dios y que por esto era estéril y allí sólo podían vivir animales salvajes y demonios. Lo consideraba un lugar extremadamente peligroso, donde el ser humano era puesto a prueba y podía sucumbir a la tentación. Pero el desierto no era sólo un lugar terrible. La larga peregrinación de los israelitas por el desierto a lo largo de 40 años hasta llegar a la Tierra Prometida, hizo que la tradición de Israel lo considerara también como lugar privilegiado para el encuentro con Dios y para conocer mejor sus planes, en la soledad y el riesgo. Entre estos dos sentidos –lugar de enfrentamiento con el mal y de revelación de Dios- se mueve el relato de las tentaciones de Jesús.
2. La cultura religiosa y el estilo literario del tiempo en que se escribieron los evangelios obligaba a usar en el relato de Jesús en el desierto la figura de un Tentador exterior a Jesús, la persona tentada. La Biblia menciona frecuentemente al demonio con diversos nombres: el Adversario, Luzbel, Satanás, Belcebú.
3. El relato evangélico de las tentaciones en el desierto no debe ser leído como una narración histórica, sino como un esquema teológico, en tres momentos, de las pruebas que Jesús tuvo que superar a lo largo de toda su vida. La clave para entender el relato está en las tres frases con las que Jesús responde al Tentador. Las tres aparecen en la narración del peregrinaje del pueblo hebreo por el desierto (Deuteronomio 8, 3; 6, 16; 6, 13). Entonces, Israel falló y cayó en la tentación de la desconfianza, la acumulación y la prepotencia. Jesús se mantuvo fiel. Los evangelistas quieren expresar que en la historia personal de Jesús se rescata la historia colectiva del pueblo de Israel.
Mateo 4,1-11; Marcos 1,12-13; Lucas 4,1-13.
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