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Un tal Jesús

20. Un leproso en el barrio

1. La lepra, que en la Biblia engloba muchas otras enfermedades de la piel (erupciones, ronchas, manchas, granos), era una enfermedad muy temida. Se la consideraba siempre como un castigo de Dios y se obligaba al leproso a separarse de su familia y de la comunidad y a vivir aislado. El leproso era, además de un enfermo repugnante, un impuro desde el punto de vista religioso y, por eso, eran los sacerdotes los que tenían que dictaminar tanto la enfermedad como la curación, si ésta se producía. En el Antiguo Testamento es muy extensa y pormenorizada la legislación sobre la lepra. Por ser una enfermedad tan horrible, era creencia popular que la lepra desaparecería cuando llegara el Mesías.

Los leprosos debían vivir apartados, en cuevas. No podían acercarse a las ciudades y, cuando iban por un camino, tenían que gritar para prevenir a los sanos de su impureza. El aislamiento al que se les sometía no estaba basado únicamente en el contagio que producía la enfermedad, sino en razones religiosas: estos enfermos eran “malditos de Dios”. El hecho de que Jesús se acercara a los leprosos y los tocara fue, más que un gesto de compasión, una voluntaria violación de la ley religiosa que hacía culpable al que tocara a un impuro (Levítico 5, 3).

2. En los cuatro evangelios se le atribuyen a Jesús hasta 41 milagros. Mateo es el que cita mayor cantidad: 24. Y Juan, el que menos: 9. Las narraciones de milagros están estrechamente ligadas a toda la actividad de Jesús. La mayoría de los hechos milagrosos consignados son curaciones de distintas enfermedades. Aun los críticos más severos admiten que Jesús debió ser un hombre con poderes para sanar a los enfermos, para aliviarlos o para fortalecer su fe en que podían curarse. Poderes que son difíciles de precisar hoy a dos mil años de distancia. Desde un punto de vista teológico, los evangelios proponen que se vea en cada hecho milagroso no un portento extraordinario, sino un signo de liberación.

Mateo 8,1-4; Marcos 1,40-45; Lucas 5,12-16.

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Agosto 2006