21. La calle de los jazmines
1. No sólo por la “impureza” de su oficio, sino por su condición, una de las más bajas en la sociedad de tiempos de Jesús, las prostitutas eran mujeres marginadas y despreciadas por todos. No por Jesús, que habló de ellas poniéndolas por modelo de apertura al mensaje liberador y, por esto, primeras destinatarias del Reino de Dios (Mateo 21, 31). Las palabras de Jesús y su actitud positiva hacia las prostitutas -María Magdalena formó incluso parte del grupo de sus seguidores-, constituyeron un gravísimo escándalo para las personas religiosas de su tiempo.
2. Jesús no sólo dijo que Dios abre privilegiadamente las puertas de su Reino a las prostitutas, sino que se acercó especialmente a una de ellas, a María, la magdalena. La condición de María y la relevancia que le dan los evangelios han dado origen en algunas novelas y películas a una interpretación de su relación con Jesús como la de un enamoramiento frustrado. Sin entrar o salir de esta hipótesis -sin más base que la imaginación literaria-, lo más importante es la enorme capacidad que tendría Jesús para hacerse amigo y dar esperanza a unas mujeres que, al ser objeto del desprecio de todos, se menospreciaban también a sí mismas. Al actuar así, Jesús cumplía la promesa de los profetas: Dios sale a buscar a los perdidos (Ezequiel 34, 16).
3. En tiempos de Jesús las casas se iluminaban con lámparas de aceite. Se hacían habitualmente de arcilla y tenían dos aberturas, una para colocar la mecha y otra para echar el aceite. Las lámparas ardían con frecuencia toda la noche, con el fin de alejar los malos espíritus. Se han encontrado muchas de estas lámparas en el interior de las sepulturas de la época.
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