22. La buena noticia
1. En Nazaret se conserva una pequeña sinagoga edificada sobre los restos de la del tiempo de Jesús. Aquella debió ser una construcción aún más pequeña que la actual, por tener tan pocos vecinos la aldea. Como todas las sinagogas, estaba orientada de tal forma que, al rezar, el pueblo miraba hacia el Templo de Jerusalén, centro religioso del país. En la sinagoga, los varones se cubrían la cabeza con un manto y las mujeres no se mezclaban con ellos. Se les destinaba un lugar apartado, separado por una rejilla. Tampoco en la sinagoga las mujeres podían leer en público las Escrituras ni comentarlas.
2. Cuando el pueblo se reunía los sábados en la sinagoga, comenzaba siempre la oración con la recitación del “Shema” (“Escucha Israel”) (Deuteronomio 6, 4-9.). Es una de las plegarias preferidas de la piedad judía, que tiene hasta el día de hoy la costumbre de escribirla y colocarla en el marco de la puerta de las casas. Después de esta oración seguían otras 18 plegarias rituales que precedían a la lectura de las Escrituras.
3. El lugar más sagrado de la sinagoga se encontraba en la pared que se orientaba hacia Jerusalén. Allí se guardaban los pergaminos de la Torá (Ley), donde estaban escritos los libros sagrados, los que hoy se conocen como Antiguo Testamento. No eran libros como los actuales, sino pergaminos enrollados. Se guardaban en cajas de madera artísticamente labradas. Era costumbre que cualquiera de los hombres presentes en la sinagoga leyera un fragmento de la Escritura y después lo comentara a sus paisanos según su inspiración. Esta misión no era exclusiva de los rabinos y participaban en ella los laicos varones. El texto que Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret, momento con el que dio comienzo a su actividad pública, lo tomó del capítulo 61 del libro del profeta Isaías en los versos 1 al 3.
4. Jesús, como todos los israelitas de su tiempo, hablaba en arameo, pero al leer tenía que emplear el hebreo. El arameo es una lengua del mismo tronco lingüístico que el hebreo, hablada aún en algunos pueblos de Siria. Se usaba en todo el país como lenguaje familiar y popular desde unos cinco siglos antes de nacer Jesús. A partir de aquella época, el hebreo se limitó a ser la lengua de los doctores de la Ley. En hebreo se escribían las Escrituras. El rollo en el que leyó Jesús en la sinagoga de Nazaret estaba escrito en hebreo. Jesús, un campesino nada familiarizado con esa lengua culta y además hombre de pocas letras, titubearía al leer en público.
5. El Año de Gracia era una institución legal muy antigua que se remontaba a los tiempos de Moisés. Se llamaba también Año del Jubileo, porque se anunciaba con el toque de un cuerno llamado en hebreo “yobel”. El Año de Gracia debía cumplirse cada 50 años. Al llegar esa fecha, las deudas debían anularse, las propiedades adquiridas debían volver a sus antiguos dueños con el fin de evitar la excesiva acumulación y los esclavos debían ser dejados en libertad. La ley era expresión y proclamación de que el único dueño de la tierra es Dios. Desde el punto de vista social ayudaba a mantener unidas a las familias en torno a un patrimonio suficiente para garantizar una vida digna. Era también un memorial de la igualdad original que existió al llegar el pueblo de Israel a la Tierra Prometida cuando nada era de nadie y todo era de todos (Levítico 25, 8-18). En el mismo sentido existía también la institución del Año Sabático, que debía cumplirse cada siete años. Estas instituciones legales se entendían como leyes de liberación. Así fueron proclamadas por Jesús en la sinagoga de Nazaret, donde se presentó el cumplimiento del Año de Gracia como el punto de partida para iniciar un cambio urgente en el país dada la gran diferencia que existía entre pobres y ricos.
Mateo 13,53-58; Marcos6,1-6; Lucas 4,16-28.
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