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Un tal Jesús

27. La oveja perdida

1. En la parábola del pastor y la oveja perdida Jesús quiso explicar cómo es Dios. Resultó sorprendente que Jesús comparara los sentimientos y la actitud de Dios con los de un pastor. Junto con los publicanos y otros oficios despreciables (usureros, cambistas), los pastores habían llegado a ser en tiempos de Jesús gente de muy mala fama, contados sin discusión entre los “pecadores”.

2. El pastor de la historia de Jesús tiene cien ovejas. Para lo acostumbrado en aquel tiempo, resultaba un rebaño de mediana importancia. Entre los beduinos, los rebaños tenían ordinariamente entre 20 y 200 animales, tratándose de ovejas o cabras. Un rebaño de cien ovejas era cuidado exclusivo de un solo pastor que, por su baja posición económica, no podía permitirse contratar ningún asalariado para ayudarle. En Palestina, los pastores tenían la costumbre de contar su rebaño al atardecer, antes de guardarlo en el redil, para tener la seguridad de no haber perdido ningún animal.

3. En la parábola de la oveja perdida, Jesús comparó a Dios con un pastor. Y en otra ocasión se comparó a sí mismo con un buen pas¬tor. Estas comparaciones tienen varios antecedentes en el Antiguo Testamento. El texto del profeta Ezequiel (34, 1-31), en el que se anunciaban los tiempos mesiánicos, es la fuente más directa en la que Jesús se inspiró para su comparación. Y tanto impresionó a los discípulos esta imagen, que el pastor con la oveja perdida sobre sus hombros fue, con el pez y los panes, el símbolo más frecuentemente usado en el arte de los primeros cristianos. Se halla la imagen del buen pastor en esculturas, sepulcros, altares y en las paredes de las catacumbas romanas donde los cristianos perseguidos se reunían para orar y celebrar su fe.

Mateo 18,12-14; Lucas 15,3-7.

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Agosto 2006