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Un tal Jesús

33. A cada día le basta lo suyo

El conflicto de Jesús con su madre se desplaza un tanto en este episodio al que lo enfrentan con su primo Simón. La personalidad materialista e interesada del primo es una buena ocasión para encuadrar las conocidas palabras de Jesús sobre las aves del cielo y los lirios del campo, nada fáciles de explicar sin caer en una interpretación alienante. Y es que estas palabras de confianza incondicional en la providencia de Dios pueden resultar ofensivas -si no se explican bien- para los que se ven forzados, dada su miseria, a vivir buscando qué comer y con que vestirse, urgidos por necesidades básicas no satisfechas.

Ciertamente se debe de "comer para vivir" y no "vivir para comer". Pero hay situaciones de pobreza que obligan al hombre a ser "materialista" y a gastar todo su esfuerzo en lograr lo suficiente para a comida del día. Esta es la situación de grandes mayorías en nuestros países. Lo que Jesús denuncia no es la urgencia con la que los pobres buscan como subsistir. Sería contradictorio con todo el resto de su mensaje. Jesús critica la ideología ambiciosa del que acumula o acapara, el materialismo del avaro, del que solo piensa en sí mismo, en su beneficio, en su propio lucro olvidando las necesidades de los otros. Para el que trata de romper el círculo vicioso del ganar más, del tener más y pone su vida al servicio de la felicidad de los otros, estas palabras de confianza en Dios suenan de otra manera. Ese que lucha por la justicia, en medio de dificultades también económicas, debe de saber que Dios vale por él y le dará "por añadidura" lo que necesita para continuar en esa lucha.

El ser humano no debe ser una máquina de producir. Tampoco una máquina de consumir: tener más puede llegar a ocultar el verdadero ideal cristiano: ser más. Ser más solidario con los hermanos, ser mejor hijo de Dios. Ser más feliz dando y recibiendo. La viudez de María acentúa sus temores. En Israel una mujer sola, sin un hombre en la casa, era doblemente indefensa. En el relato, cuando Salomé habla con sus hijos Santiago y Juan manifiesta una gran comprensión por la actitud de María. A las madres les cuesta especialmente el desprenderse de sus hijos, el renunciar a influir sobre ellos, el aceptar que vayan por caminos de riesgos. Para que el hijo al nacer tenga su propia vida, hay que cortarle el cordón umbilical que le unía a su madre. A lo largo de toda la vida, este acto ha de repetirse más de una ves entre madre e hijo para que la personalidad de los dos crezca y madure.

Mateo 6,25-34 Lucas 12, 22-34.

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Agosto 2006