35. Descolgado por el techo
1. En el pensamiento religioso tradicional se cree que el hombre tiene por una parte el alma (espiritual, elevada, digna de estima) y por la otra, el cuerpo (material, de bajos instintos, al que hay que dominar). En las religiones tradicionales están muy arraigados los dualismos: existen cosas, personas y lugares sagrados, y cosas, personas y lugares profanos. El futuro que aguarda al ser humano después de la muerte también se opone al presente. Se contraponen la tierra y el cielo, el más acá y el más allá. Ninguna de estas parejas de contrarios encontró base en el mensaje de Jesús. El signo que Jesús realizó con el paralítico de Cafarnaum expresó que para Dios no existe diferencia ni contradicción entre lo material y lo espiritual, entre alma y cuerpo.
2. En tiempos de Jesús, los techos de las casas eran planos, como azoteas. Descansaban sobre una base de vigas cubiertas con ramas, sobre la que se colocaba una capa de barro apisonado. En las casas corrientes esta armazón de vigas se hacía con madera de sicómoro. En edificios mayores había que emplear una madera mucho más fuerte. La del cedro, por ejemplo. La gente gustaba de comer en los techos de las casas, buscando el aire libe. El techo servía también como almacén y era habitual que, si no había lugar dentro de las casas, los huéspedes durmieran en el techo. Esta forma de construcción ligera y provisional -el techo se levantaba en el tiempo de mayor calor- explica cómo el paralítico de Cafarnaum pudo ser descolgado por arriba en el interior de la casa de Pedro.
Mateo 9,1-8; Marcos 2,1-12; Lucas 5,17-26.
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