41. Esta es una casa decente
1. Los fariseos no eran solamente hombres de la clase alta. Abundaban entre la clase media y los había también entre las clases más sencillas. Con sus enseñanzas, los fariseos habían ganado muchos adeptos entre la población rural. Lo que los caracterizaba a todos era la soberbia con la que se creían la comunidad de los elegidos de Dios por cumplir escrupulosamente las leyes y las costumbres religiosas. Por eso despreciaban a los inmorales y los consideraban malditos de Dios. A lo largo de todo el evangelio Jesús les echó en cara su hipocresía.
2. Un viejo proverbio de los rabinos en tiempos de Jesús decía: “No debe hablarse mucho con una mujer en la calle”. No sólo con una prostituta -que ya era el colmo-, sino con cualquier mujer. Jesús rompió en multitud de ocasiones las costumbres de su pue¬blo con respecto a la relación con las mujeres. Y dentro de esta libertad suya frente a las tradiciones, trató con especial preferencia a las “malas mujeres”, con lo que escandalizó profundamente a las “buenas” mujeres y hombres de su tiempo.
Lucas 7,36-50
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