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Un tal Jesús

49. En la ciudad del Rey David

1. El viaje a Jerusalén, con ocasión de las grandes peregrinaciones de Pascua, se hacía a pie. Como Cafarnaum está separada de Jerusalén por unos 200 kilómetros, Jesús y sus compañeros de caravana harían el trayecto en cuatro o cinco jornadas de camino. Cuando ya se acercaban a la ciudad santa, los peregrinos tenían la costumbre de cantar los llamados “salmos de las subidas” (Salmos 120 al 134). Entre los más populares estaba el que dice: “Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor. Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén” (Salmo 121).

2. Jerusalén significa “ciudad de paz”. Es una de las ciudades más antiguas del mundo. Está construida sobre una meseta rocosa, flanqueada por dos profundos valles, el del Cedrón y el de la Gehenna. Mil años antes de nacer Jesús, Jerusalén fue conquistada por el rey David a los jebuseos y se convirtió en la capital del reino. A lo largo de su historia, Jerusalén ha sido destruida total o parcialmente en más de 20 ocasiones. Una de las destrucciones más terribles la sufrió 586 años antes de Jesús, cuando los babilonios la arrasaron hasta los cimientos. Otra, la definitiva, 70 años después de la muerte de Jesús. En este caso, a manos de las tropas romanas, que sofocaron así la insurrección de los zelotes.

Jerusalén es una ciudad rodeada de murallas, a la que se entra por una docena de puertas. Las numerosas guerras y destrucciones soportadas por la ciudad hacen que en la actual Jerusalén se superpongan zonas y construcciones más o menos antiguas con otras más recientes. Son innumerables los recuerdos auténticos del tiempo de Jesús.

Jerusalén fue, desde el tiempo de los profetas hasta los escritos del Nuevo Testamento, el símbolo de la ciudad mesiánica, de la ciudad donde vive Dios, el lugar donde al final de los tiempos se congregarán todos los pueblos para la fiesta del Mesías (Isaías 60; 1-22; 1-12; Miqueas 1, 1-5; Apocalipsis 21, 1-27). A Jerusalén también se le da el nombre de Sión, por estar construida sobre un montículo que lleva ese antiguo nombre.

Jerusalén era capital del país y centro de la vida política y religiosa de Israel. Se calcula que en tiempos de Jesús vivirían dentro de sus murallas unas 20 mil personas y fuera de ellas, en la ciudad que se iba extendiendo por los alrededores, entre 5 mil y 10 mil habitantes. La población total de Palestina era de 500 mil ó 600 mil habitantes. En las fiestas de Pascua llegaban a Jerusalén unos 125 mil peregrinos, con lo que la ciudad desbordaba de gente. Las muchedumbres de visitantes -nacionales y extranjeros- multiplicaban los negocios y sus beneficios, favorecían todo tipo de revueltas y tumultos y convertían la ciudad en una auténtica marejada humana, en la que la gente del campo o de pueblos pequeños debía encontrarse sorprendida y confusa.

3. Adosada a la parte norte del Templo de Jerusalén, estaba la Torre Antonia, fortificación amurallada, que servía como cuartel de una guarnición romana. La Antonia fue una de las grandes obras arquitectónicas de Herodes el Grande, que remodeló para ello la fortaleza Bira, dándole el nombre de Marco Antonio, su aliado en Roma. Herodes hizo en la Antonia un pequeño palacio y la incorporó al edificio del Templo. La fortaleza tenía 20 metros de altura con cuatro torres, de 25 metros de alto cada una, a excepción de la que dominaba el Templo, que era aún más alta: 35 metros. Desde la Torre Antonia, los soldados romanos vigilaban continuamente la explanada del Templo. Esta vigilancia se extremaba en la fiesta de Pascua, cuando el gentío era superior al acostumbrado.

4. Marcos es mencionado por primera vez en el libro de los Hechos de los Apóstoles (12, 25), acompañando a Pablo en su viaje de Jerusalén a Antioquía. Era primo de Bernabé, otro compañero de Pablo en sus viajes. En distintas ocasiones Marcos -su nombre entero era Juan Marcos- aparece también junto a Pablo y junto a Pedro, quien en una carta le llama “su hijo” (1 Pedro 2, 13). De Marcos se sabe, por varios datos del Nuevo Testamento, que era de Jerusalén, donde vivía su madre, que Pedro tuvo amistad con él y su familia y que los primeros cristianos se reunían habitualmente en su casa (Hechos 12, 12). Desde el siglo II se le considera autor del segundo evangelio.

5. Dentro de las murallas de Jerusalén, entre las grandes construcciones de la ciudad, destacaba el Templo, descomunal y lujoso edificio que equivalía por su superficie a la quinta parte de la extensión de toda la ciudad amurallada. Esto puede dar una idea de tan impresionante construcción, centro religioso y financiero del país.

6. En torno al Templo de Jerusalén abundaban siempre, y especialmente en los días de Pascua, hombres y mujeres que cumplían promesas religiosas, mendigos que pedían limosna, multitudes que oraban o hacían penitencias. Era costumbre que la hora de la oración de la tarde fuera anunciada desde el Templo con el resonar de las trompetas. Algunos fariseos lo preparaban todo para que en el instante en que se oyera esta llamada se encontraran ellos, como por casualidad, en medio de la calle para así tener que rezar ante todo el mundo y la gente los tuviera por muy piadosos. Para estas oraciones, los fariseos se cubrían con mantos blancos y se amarraban a la frente las filacterias, unas cajitas negras de cuero en las que introducían papelitos con versículos de las Escrituras.

Mateo 6,1-18

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Agosto 2006