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Un tal Jesús

51. Dos moneditas de cobre

1. En tiempos de Jesús, Jerusalén era un centro de mendicidad. Como se consideraba especialmente grato a Dios dar limosna en Jerusalén, esto fomentaba aún más el número de mendigos. Los limosneros se concentraban especialmente cerca del Templo, donde muchos de ellos no podían entrar si padecían alguna de las enfermedades que se consideraban impedimento para estar en presencia de Dios: leprosos, tullidos, enfermos mentales.

2. En el Templo de Jerusalén, junto al atrio de las mujeres, estaba el llamado Tesoro del Templo, en el que los israelitas entregaban ofrendas para el culto. En la fachada exterior del atrio había trece alcancías de madera en forma de trompetas, para recoger las ofrendas obligatorias y las voluntarias. Entre las obligatorias estaba el diezmo que pagaba anualmente al Templo todo israelita varón mayor de 20 años. En tiempos de Jesús eran dos dracmas o dos denarios, equivalentes al jornal de dos días. Había otros dineros también obligatorios que debían ofrendarse para el culto: para incienso, oro, plata, tórtolas. Las limosnas voluntarias eran de muy diversa clase: por expiación de una falta, por purificaciones. En las fiestas había mayores aglomeraciones en el Tesoro, pues gentes de todo el país acudían a cumplir su deber religioso de sostener el culto.

El Tesoro del Templo tuvo siempre fama de lujoso y opulento. Los poderosos del país dejaban allí riquezas de valor incalculable en objetos preciosos y también en dinero. El Tesoro hacía también para ellos las funciones de un banco. Muchas familias depositaban allí sus bienes, sobre todo las de la aristocracia y las de los sacerdotes. Esto hacía del Templo la institución financiera más importante del país.

Marcos 12,41-44; Lucas 21,1-4.

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Agosto 2006