55. Ojo por ojo, diente por diente
1. Aunque los zelotes tenían su centro de actividad en tierras galileas, región donde había nacido el movimiento, actuaban también en Jerusalén. Las peregrinaciones durante las fiestas les servían para establecer enlaces en la capital y tenían allí grupos de simpatizantes que seguían sus consignas. Entre los revolucionarios influidos por el zelotismo era muy conocido el grupo de los sicarios, que iban siempre armados de puñales, y que veían facilitados sus atentados en los tumultos propios de las fiestas. Zelotes y sicarios practicaban secuestros de personajes importantes, asaltaban las haciendas y las casas de los ricos y saqueaban arsenales romanos. Entendían su lucha como una auténtica “guerra santa”. El Dios celoso que no tolera otros dioses -el dinero, el emperador, la ley injusta- les daba su nombre: celosos, zelotes. El castigo para todos estos delitos de tipo político contra el imperio romano era la muerte en cruz.
2. Barrabás, nombre arameo que significa “hijo de padre”, aparece en los evangelios únicamente en los relatos de la pasión, como un delincuente político que durante una revuelta había matado a un soldado romano. Pudo ser uno de los líderes zelotes de mayor importancia en Jerusalén. Siendo el movimiento zelote un movimiento popular, nada de extraño tiene que Barrabás buscara relacionarse con Jesús y con su grupo.
3. La llamada “ley del talión” (Éxodo 21, 23-25), que establecía el “ojo por ojo y diente por diente”, no era una ley de venganza. El mundo de hace cuatro mil años era un mundo sanguinario, con pueblos que se imponían unos sobre otros nunca por el derecho, siempre por la fuerza. Al establecer un castigo exactamente igual a la ofensa, el objetivo de esta ley era poner límite a la venganza y frenar la escalada de violencia.
4. Jesús de Nazaret no fue un zelote. Los zelotes eran intolerantemente nacionalistas. Querían la liberación de Israel del yugo romano, pero no iban más allá. Jesús fue un patriota, pero su proyecto no admitía fronteras ni discriminaciones. Los zelotes eran profundamente religiosos, pero su Dios era un Dios exclusivo de Israel, “el pueblo elegido”. Según ellos, al inaugurar su reino Dios tomaría venganza de las naciones paganas. Jesús nunca habló de un Dios excluyente o revanchista. Los zelotes eran ardientes defensores del cumplimiento estricto de la ley, punto en el que Jesús se diferenció de ellos por su total libertad ante leyes y autoridades, aunque éstas fueran judías. Sin embargo, Jesús se relacionó con los zelotes y algunos de sus discípulos fueron con toda probabilidad zelotes. Muchas de las reivindicaciones sociales de este grupo las compartió Jesús y en el común y ardiente deseo de que llegara el reino de la justicia, usaron incluso expresiones parecidas.
En cuanto a las tácticas violentas de los zelotes, Jesús también se diferenció de ellos, aunque resulta simplista afirmar que Jesús fue un no violento o que el evangelio condena la violencia venga de donde venga. Las palabras de Jesús al enfrentarse con las autoridades fueron violentas. Jesús usó la violencia en algunos momentos, especialmente en el acto masivo que protagonizó en la explanada del Templo de Jerusalén pocos días antes de ser asesinado. Sin embargo, él no mató sino que fue matado. No instigó nunca a los suyos a la violencia ni usó la resistencia armada para salvar su vida, cuando seguramente pudo hacerlo. Y uno de sus mensajes más originales fue el del amor a los enemigos, que no significa no tenerlos, sino ser capaz de perdonarlos, de no responder con odio al odio, con violencia a la violencia.
En la época de Jesús y en aquella coyuntura histórica concreta de Israel, la violencia propugnada por el zelotismo no tenía ninguna salida, estaba llamada al fracaso y era continuo pretexto para que los romanos desencadenaran su poderosísimo aparato de represión contra el pueblo, tal como ocurrió en el año 70 después de Jesús, cuando Roma arrasó Jerusalén en la guerra contra la insurrección de los zelotes.
5. Al poner la otra mejilla, Jesús actuó como el rey David en tierra de filisteos, cuando escapó de los que le perseguían (1 Samuel 21, 11-16). La actitud no violenta no es pasividad o resignación, sino una forma de astucia en busca de resultados más eficaces.
Mateo 5,38-48; Lucas 6,27-36.
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