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Un tal Jesús

61. Un denario para cada uno

1. La vid es uno de los cultivos más típicos de Palestina y de todos los países vecinos. La vendimia -recogida de las uvas en la viña- comienza hacia mediados del mes de septiembre. Y puede durar hasta mitad de octubre. Hay que terminarla antes de que empiecen las lluvias de otoño, porque las noches entonces son ya muy frías y pueden estropearse las frutas. Cuando ha habido una buena cosecha, se deben recoger pronto los racimos para que no se dañen en las plantas.

2. Jesús fue un artesano y sus manos sabían más de toscas herramientas que de libros. Tuvo que saber de albañilería. En varias ocasiones comparó el trabajo de construcción de una casa con la construcción del Reino de Dios (Mateo 7, 24-27; Lucas 14, 28-30). Cuando el evangelio de Marcos se refiere al oficio de Jesús emplea el vocablo griego “tekton”, que originalmente significa “constructor” y “artesano” y se usaba para designar tanto al carpintero como al herrero o al albañil (Marcos 6, 3). Un aldeano como Jesús conocería, por necesidad, tres o más oficios. En Israel, el trabajo manual era considerado algo noble, valioso. En el país no existían apenas esclavos -sólo los poseían las familias adineradas- y todos los oficios manuales los realizaban hombres y mujeres libres. Los oficios se enseñaban de padres a hijos y cada artesano solía llevar un distintivo visible de su oficio: los carpinteros una astilla de madera en la oreja, los sastres una aguja clavada en la túnica, los que se dedicaban a elaborar tintes un trapo de colores.

3. El jornal de un trabajador en tiempos de Jesús era ordinariamente un denario. En algunos casos la comida se incluía en el jornal. En pueblos pequeños se pagaba frecuentemente en especie. El denario fue la moneda oficial en Israel en tiempos de la dominación romana. Era de plata y llevaba inscrita el rostro del emperador que gobernaba desde Roma las provincias. Equivalía a la dracma, moneda también de plata, que se había usado oficialmente, en tiempos de la dominación griega, unos 200 años antes de Jesús.

4. En las plazas se reunían quienes buscaban trabajo. En los tiempos de Jesús abundaban los trabajadores eventuales, contratados por unas horas, por unos días, para una cosecha. En los pueblos pequeños, en el campo, esto era aún más generalizado que en Jerusalén. No existía ninguna seguridad en el empleo ni tampoco derechos o especialización laboral. La dominación romana había agravado aún más esta situación, típica de un sistema económico primitivo. En tierras galileas los impuestos a que obligaba el imperio habían ido acabando con la propiedad comunal de la tierra y favoreciendo, a la par, la concentración de la tierra cul¬tivable en muy pocas manos. La venta forzosa de la tierra a la que se habían visto obligados los pequeños propietarios les convirtió de repente en asalariados. Gran cantidad de jornaleros no organizados vivía buscando trabajo en donde apareciera. De no encontrarlo en pocos días, quedaban en la miseria más absoluta.

5. La parábola de “los llamados a la viña” se ha interpretado generalmente como un ejemplo para ilustrar la vocación en las distintas etapas de la vida. Pero el sentido profundo de esta historia de Jesús justifica que se la llame, con más propiedad, la parábola “del buen patrón”. La primera comunidad cristiana puso en práctica el gesto del buen patrón de la historia: se le daba a cada uno según sus necesidades, no según lo que producía (Hechos 2, 44-45).

Mateo 20,1-16

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Agosto 2006