65. Los perros extranjeros
1. El país de Tiro era la provincia romana de Siria, territorio extranjero en el que vivía mayor número de israelitas. Entre Siria y Palestina existían muchísimos contactos, principalmente con la provincia norte de Palestina, Galilea, con la que Siria tenía fronteras. Dentro del territorio de Siria estaban Tiro y Sidón, ciudades importantes de los fenicios, grandes navegantes y comerciantes del mundo antiguo. Las ruinas de lo que fueron Tiro y Sidón se encuentran hoy en territorio del Líbano, al norte de Israel.
2. Tiro era una ciudad importante en los tiempos de Jesús. Lo había sido durante siglos. Tenía dos puertos de activo comercio con otros países del Mediterráneo y también industrias de metales, cristal, tejidos y colorantes, especialmente la púrpura. Una abundante colonia israelita se había establecido allí. Como los judíos han sido siempre hábiles para el comercio, lograron prosperar rápidamente, pero como pueblo nacionalista -y a veces racista- no se mezclaron con los habitantes de Tiro. En los evangelios, a éstos se les llama sirofenicios o cananeos.
3. Perro se usa como insulto, tanto en la lengua aramea como en la árabe. El perro era considerado un animal despreciable e impuro, por andar errante y comer carroña o carnes de animales no puros.
4. Sólo en una ocasión cuentan los evangelios que Jesús saliera de su patria para ir a un país extranjero. Y sólo en esa ocasión, con la mujer cananea, como antes con el centurión romano que tenía un criado enfermo, realizó Jesús un signo en forma de curación en favor de no israelitas. Ciertamente, la actividad de Jesús no trascendió las fronteras geográficas de Israel. Apenas tuvo tiempo para hacerlo. Jesús ni vivió en Egipto ni murió en Cachemira. Pero en su mensaje, rechazó radicalmente el nacionalismo que caracterizaba a sus compatriotas, lo que para ellos resultó una novedad, a la par que un escándalo. Los grupos fariseos, los monjes esenios y el pueblo en general, excluían a los extranjeros del Reino de Dios que esperaban y creían que Dios también los excluiría.
Mateo 15,21-28; Marcos 7,24-30.
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