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Un tal Jesús

72.Por distintos caminos

1. Jesús no se casó. Aunque esto no lo dice expresamente ningún texto del Nuevo Testamento, todo lleva a esta conclusión. Sin embargo, que Jesús no se casara no quiere decir que fuera un ser asexuado. Jesús fue varón y tuvo una dimensión sexual masculina. En este sentido, no es descaminado pensar que hubiera mujeres que sintieran atracción por él, que se enamoraran de él, lo mismo que él pudo también enamorarse. Nada de esto aparece en los evangelios, entre otras razones porque en la mentalidad de sus contemporáneos era algo tan obvio que no se consideraba tema que debiera quedar por escrito.

2. Sobre la homosexualidad, Jesús no dijo nada explícitamente. Pero en el conjunto de su mensaje, proclamó con tanta fuerza la libertad de la persona, que se deduce su respeto hacia ellos. El profeta Isaías dedica a los homosexuales una sugestiva frase (Isaías 56, 3-5) y la Escritura afirma que son queridos por Dios y herederos de su pro¬mesa (Sabiduría 3, 14). El pueblo de Israel esperaba para los tiempos del Mesías que Dios acogiera a eunucos y castrados como ciudadanos de su Reino en pie de igualdad con todos.

3. En Israel, ni la virginidad ni la soltería, entendidas como situaciones estables, representaban ningún valor. Más bien, eran una desgracia, algo negativo. La virginidad de la mujer era muy apreciada, pero sólo antes del matrimonio. La virginidad de la muchacha antes de casarse había que defenderla y era un honor que llevaba al matrimonio, tanto ella como su familia. Pero una mujer que no llegara a casarse y a tener hijos resultaba un oprobio, una mancha familiar. Igualmente el hombre. Tener hijos era un deber religioso. Un no casado, por las razones que fuera, era visto como algo raro, incomprensible, preocupante, a no ser que hubiera hecho un voto especial, como lo hacían los monjes esenios en los tiempos de Jesús. Lo positivo era la relación sexual y la fecundidad. Lo demás no entraba en el cuadro de valores de aquel pueblo y, por lo tanto, se entendía como contrario a la voluntad del Dios de la vida. En toda la Biblia se ensalza el matrimonio, la unión sexual del hombre y de la mujer como algo positivo, hermoso, expresión cumbre de la relación humana, imagen la más exacta del amor que Dios siente por el ser humano y por su pueblo. Cualquier desprecio o rechazo de la sexualidad humana no tiene nada que ver con el mensaje bíblico ni con el mensaje de Jesús.

4. Sólo el evangelio de Mateo recoge la frase en la que Jesús habla sobre los que se hacen eunucos “por el reino”. Todo parece indicar que Jesús trató de ex¬plicar con esta frase su situación personal, su no casarse, a quienes le pregun¬taron sobre esto. Jesús se refirió a tres tipos de “eunucos”. Los primeros son “los que nacieron así del vientre de su madre”. Siempre ha habido niños varones que, por algún defecto físico -generalmente congénito- no pue¬den tener relaciones sexuales con una mujer. Dentro de este grupo se incluía en el mundo antiguo a los homosexuales, por no sentir atracción hacia las mujeres.

El segundo grupo del que habló Jesús fue el de aquellos “que fueron hechos eunucos por los hombres”. Se estaba refiriendo a niños y hombres castrados. En las cortes orientales los reyes castraban a los guardianes de sus harenes. Así aseguraban que no tendrían relaciones con sus mujeres. En otros países, se castraba a niños para que conservaran una voz más fina para cantar. O a ciertos profesionales, como por ejemplo los maestros, para que tuvieran una mayor inteligencia. Se consideraba que del varón eran la guerra, el placer y el poder. Y de la mujer -o de los “afeminados”, convertidos en no varones- los trabajos delicados, una cierta sabiduría, las artes. En Israel, la ley religiosa prohibía castrar tanto a los hombres como al ganado. El castrado no podía entrar al Templo ni a la sinagoga, ni la res castrada podía ser ofrecida en sacrificio. Sin embargo, los castrados abundaron en las cortes de los reyes de Israel, por influencia de otros países orientales o por haber sido llevados al país como esclavos.

Finalmente, Jesús habló de una tercera clase de hombres: “quienes se hacen eunucos por el Reino de Dios”. Este tipo de soltería o de virginidad -el celibato por el Reino- es la nueva categoría que aportó Jesús y después de él, el cristianis¬mo, al panorama de la sexualidad, tal como se había entendido hasta entonces en el Antiguo Testamento. Se trata de un celibato relacional. No lo presentó Jesús como un valor en sí mismo, sino en relación al valor de trabajar por el Reino de Dios. Esta fue la opción de Jesús. No se casó, no porque fuera homosexual ni hubiera sido castrado, no porque fuera impotente ni temiera a la mujer o buscara un refugio en la vida solitaria, sino “por el Reino”.

Todo lo que dijo Jesús en este texto de Mateo se refería explícitamente a los varones. La sexualidad femenina, sus características, su problemática, son una conquista muy reciente de la ciencia y la sicología. Como, además, en la cultura de Israel la mujer no decidía casarse, sino que eran sus padres quienes tomaban la decisión por ella, Jesús no podía plantear el problema del celibato femenino.

Mateo 19,10-12

http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1300072



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Agosto 2006