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Un tal Jesús

76. La primera piedra

1. En Israel, el adulterio era tenido por delito público. Las antiguas leyes lo castigaban con la muerte (Levítico 20, 1). La tradición y las costumbres dieron a esta ley, como a tantas otras, una interpretación machista. Y así, el adulterio del hombre casado sólo era tal si tenía relaciones con una mujer casada, pero si ésta era soltera, prostituta o esclava, su relación no se consideraba como adúltera. En el caso de la mujer, bastaba que tuviera relaciones con cualquier hombre. La mujer sospechosa de adulterio era sometida a la prueba pública de tomar aguas amargas. Si le hinchaban el vientre era cierto su adulterio. Si no sentía malestares, todo quedaba en falsa sospecha (Números 5, 11-31). Esta prueba la realizaba diariamente un sacerdote en la Puerta de Nicanor en el Templo de Jerusalén. El hombre no podía ser sometido a este rito.

2. Comprobado el adulterio, los pecadores -él o ella- debían ser apedreados por la comunidad. Por ser el adulterio un pecado considerado público, la comunidad debía borrar la mancha también públicamente. El apedreamiento o lapidación debían realizarlo los vecinos del lugar en que el pecador había sido descubierto en falta y, generalmente, el sitio del suplicio estaba fuera de los muros de la ciudad. Los testigos de los hechos eran los que arrojaban las primeras piedras contra el culpable. Otros delitos castigados con el apedreamiento eran la blasfemia, la adivinación y las distintas formas de idolatría, así como la violación de la ley del descanso del sábado. Delitos sexuales de mayor gravedad se castigaban con la hoguera. A estos condenados se les enterraba hasta la cintura en estiércol, se les rodeaba todo el torso con estopa y se les introducía en la boca una antorcha encendida.

3. El relato de Jesús y la adúltera sólo aparece en el evangelio de Juan y no está en todos los antiguos manuscritos que se conservan del texto original de este evangelio. Algunos piensan que este relato, que tiene todas las garantías de ser histórico, pudo ser suprimido del evangelio de Lucas y de los primeros manuscritos del evangelio de Juan porque la indulgencia de Jesús con la mujer pecadora resultaba excesiva, y hasta escandalosa, incluso a las primeras comunidades cristianas.

Juan 8,2-11

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Agosto 2006