77. Como un río de agua viva
1. El último día de la Fiesta de las Tiendas era, en Jerusalén, el que tenía mayor riqueza de celebraciones. Eran tradicionales las procesiones con ramilletes hechos de palma, sauce, limón y otros árboles, en las que se cantaban salmos, especialmente el 118. También la liturgia incorporaba a la fiesta el símbolo del agua y los sacerdotes organizaban una procesión en la que traían en un cántaro de plata agua de la fuente de Siloé, situada fuera de las murallas, para derramarla en el altar de los sacrificios del Templo. Durante este rito se pedía a Dios abundante lluvia para la nueva cosecha.
2. Palestina es una tierra pobre en agua. Tiene solamente un río importante, el Jordán. La lluvia es un factor decisivo para la economía nacional. La época de lluvias dura desde octubre hasta abril y la cantidad de lluvia depende de las alturas de las tierras. Galilea es la zona más fértil del país y mientras más se baja hacia el sur las tierras se van convirtiendo en desierto. En verano apenas llueve. La lluvia temprana, desde mitad de octubre a mitad de noviembre, prepara para la siembra el terreno endurecido por el calor del verano. La lluvia fría, entre diciembre y enero, es más abundante y arrastra fértiles tierras hacia los valles. Entre una lluvia y otra empieza la época de la siembra, que dura hasta febrero. Para una buena cosecha es imprescindible la lluvia tardía, en marzo y abril. Que las lluvias anuales fueran suficientes era lo que pedía el pueblo a Dios en la Fiesta de las Tiendas. Pedía la fecundidad y el cumplimiento definitivo de las profecías que anunciaban el día del Mesías, día en que se creía que rebosarían las aguas de los manantiales de Jerusalén hasta juntarse con las aguas del mar.
3. Las antiguas tradiciones de Israel comparaban al Espíritu de Dios con el agua que fecunda la tierra estéril y saca de ella frutos de justicia y de paz (Isaías 32, 15-18 y 44, 3-5). Era el Espíritu quien convertiría a Israel en un pueblo de profetas y transformaría los corazones de piedra en corazones de carne (Joel 3, 1-2; Ezequiel 36, 26-27). En tiempos de Jesús, la tradición de los rabinos y doctores, más fría y rígida, había abandonado bastante este simbolismo vital para comparar el agua, no con el Espíritu sino con la Ley.
4. Desde el primer día de la Fiesta de las Tiendas se encendían gran¬des antorchas en candelabros de oro en el patio de las mujeres del Templo de Jerusalén. Por allí pasaba la solemne procesión del agua. Cada candelabro sostenía cuatro cuencos de oro con aceite, en los que ardían mechas fabricadas con hilos sacados de las vestiduras sacerdotales. Para subir a los cuencos había que utilizar escaleras, pues se colocaban bien altos y así su luz se veía en toda la ciudad. Hablando del día del Mesías, los profetas habían anunciado una luz que superaría la noche (Zacarías 14, 6-7). Las antorchas tenían un sentido mesiánico. La tradición profética relacionó siempre al Mesías con la luz, e incluso le dio el nombre de “Luz” (Isaías 60, 1).
5. La guardia del Templo estaba formada por los levitas, funcionarios al servi¬cio del Templo de Jerusalén, de rango menor que el de los sacerdotes. Entre las tareas de los levitas estaba la de policías. Tenían poder para detener, para reprimir por las armas e incluso para ejecutar las penas. No sólo estaban al servicio de los sacerdotes, sino que las mismas autoridades romanas utilizaban a este cuerpo armado judío para controlar las manifestaciones populares en la región de Judea.
Juan 7,37-39 y 43-53; 8, 12-38.
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