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Un tal Jesús

80. El piadoso y el granuja

1. El movimiento fariseo, compuesto por laicos varones, tenía mucha importancia en tiempos de Jesús. Se calcula que contaba con más de 6 mil miembros por entonces. Aunque los jefes del movimien¬to eran personas instruidas y de clase social elevada, tenían mu¬chos adeptos entre las clases populares. Sus comunidades eran cerradas, como sectas. Se consideraban los buenos, los salvados, los predilectos de Dios. Para entrar a formar parte del grupo de los fariseos se seleccionaba mucho a los candidatos y había un período de formación de uno o dos años. El centro de la práctica farisea era el cumplimiento escrupuloso de la Ley, según la interpretación que ellos mismos hacían de la Escritura. En tiempos de Jesús, los fariseos habían establecido en la Ley 613 preceptos. De ellos, 248 mandamientos eran positivos y 365 eran prohibiciones. Convertían así la voluntad de Dios -la Ley- en un yugo pesado y agobiante. Los que no cumplían todas estas normas puntualmente eran considerados malditos.

Los fariseos despreciaban a la masa del pueblo y estaban convencidos de que era gente incapaz de conseguir la salvación. A pesar de eso, habían logrado captar a algunas capas populares, sobre todo, porque eran anticlericales. Estaban en contra de la jerarquía sacerdotal y proclamaban que la santidad no era solamente cosa de sacerdotes, sino que cualquier fiel laico podía llegar a ella. Sin embargo, esta verdad la desvirtuaron al interpretar en la práctica en qué consistía ser santo. Reducían la santidad a cumplir escrupulosamente una serie de actos piadosos: ayu¬no, limosna, rezos.

2. Los fariseos eran formalistas y vivían de ritos. Salvarse era para ellos una cuestión de acumular más y más méritos. Ayunaban los lunes y los jueves aunque la Ley sólo ordenaba un día de ayuno al año. Pagaban impuestos al Templo -los diezmos- hasta por yerbas insignificantes y marcaban fanáticamente la distancia con «los pecadores».

Lucas 18,9-14

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Agosto 2006