91. La hora de Jerusalén
1. En la persona de Jesús, en su sicología, en sus palabras, en sus actuaciones, se descubre continuamente un elemento dominante: la prisa, la urgencia. Desde un punto de vista puramente histórico, Jesús se presentó como un hombre que creyó en la llegada inminente del Reino de Dios. Vivió convencido de que la intervención definitiva de Dios en favor de los pobres se realizaría inmediatamente, que los tiempos finales estaban a la puerta. Por eso, para él, cada minuto era precioso. Muchas palabras y parábolas de Jesús hay que situarlas en la época de crisis en que él vivió históricamente y en la crisis futura y final que él veía como inminente y necesaria para que llegara la hora de la justicia de Dios. Al emprender su último viaje a Jerusalén Jesús contó con la posibilidad de la muerte, pero estaba convencido que la victoria sería de Dios.
Mateo 8,18-22; Lucas 9,57-62.
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