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Migración y Lenguaje

Servicio Jesuita a Refugiados-Panamá

El lenguaje no es sólo nuestra vía de comunicación más común. También puede ser la forma de persuasión más eficaz. En el lenguaje, el uso de términos, esquemas, planteamientos y procedimientos determinados siempre tiene un fin deseado. Un impacto que se busca en el receptor con tal de poder alcanzar comprensión, aceptación o manipulación, de ser preciso. El lenguaje es ambivalente: puede ser amable o inmisericorde, puede transmitir la verdad o propalar la mentira, como nos dice el filósofo español Alfonso López Quintás. Analizar este arte de tergiversar el lenguaje, y utilizarlo para la manipulación del ser humano, ha sido interés de diversos intelectuales (Nietzsche, Heiddeger, Piaget,  Chomsky , Petras, López Quintás, entre otros).

Recientemente hemos revisado un artículo de  George Lakoff y Sam Ferguson sobre el marco conceptual que se utiliza para el debate sobre la cuestión de la inmigración en Estados Unidos. Lakoff (profesor de Ciencia Cognitiva y Lingüística por la Universidad de California), junto con Ferguson, hace referencia a una serie de palabras que se usan frecuentemente en la discusión sobre la migración (reforma, ilegal,  aliens , seguridad, terror, amnistía, indocumentado, entre otros) y demuestra cómo su uso orientan la discusión hacia unos temas particulares y superficiales. Obviando otros marcos conceptuales.

Para ellos, el hablar de "reforma de la inmigración" sugiere un marco conceptual que trata las cuestiones de la migración como un "problema". Aseguran que cuando en política se habla de reforma, esto indica que hay un asunto importante que requiere solución. "El sustantivo adjuntado a reforma ?"inmigración"? refleja el punto donde reside el problema. Cualquier sustantivo que sea agregado a "reforma" se convierte en el  locus  del problema y restringe lo que se considera como solución". Por consiguiente, exclusivamente los inmigrantes y las instituciones del Estado relacionadas con ellos se convierten en un problema, y allí muere el asunto. Para nada se cuestiona que exista un flujo de 80 mil personas al año en ese país y que debido a ello el tema pueda tratarse como una cuestión de crisis humanitaria. De ser así, tendrían que entrar en juego otros organismos, como la ONU o la OEA , por ejemplo.

Por otro lado, comúnmente se utiliza el adjetivo "ilegal" para referirse a los migrantes, como si "migrante ilegal", "extranjero ilegal" o el sustantivo "ilegal" fueran términos neutrales. Para estos autores, su uso guarda una alta estructuración y no circunscribe el asunto a exclusivamente atravesar las fronteras y penetrar al país sin papeles. Nos dicen: "Figúrese por un momento a un criminal. Probablemente haya pensado en un ladrón, un asesino o un violador. Estos son criminales prototípicos, personas que hacen daño a otras o a sus propiedades. Y se asume que los criminales prototípicos son malas personas".

Si a los migrantes se le coloca el adjetivo "ilegal" o se les llama "ilegales" entonces tiende a reconocérseles como criminales y como si fueran inherentemente malas personas. El atravesar las fronteras o entrar al país sin autorización no convierte a una persona en el prototípico criminal al que se refieren Lakoff y Ferguson. Si el término "ilegal" fuera neutral, entonces también podría llamársele a un empresario o a un político corruptos con los términos "empresario ilegal" o "político ilegal". De igual forma, a un conductor que infringe el reglamento de tránsito podría llamársele "conductor ilegal". Sin embargo, este adjetivo nunca es usado en estos casos.

Al imaginar a los migrantes como criminales, se deja de lado las contribuciones que éstos dan al país como mano de obra o como empleadores, por ejemplo. Al utilizar este marco de ilegal se deshumaniza la persona y se bloquean preguntas fundamentales, tales como: ¿por qué hay gente que viene al país, muchas veces corriendo grandes riesgos? ¿Qué servicios proveen? ¿Por qué evitan los canales considerados legales? Entonces, todo el debate discurre casi exclusivamente en cuestiones de leyes.

 La respuesta al asunto de la denominada "migración ilegal" se convierte en "seguridad de las fronteras". Esto puede entenderse mejor en relación directa a nuestro país. Cuando en marzo de 2007 ocurrió un atroz incendio en Curundú y se acusó a pandilleros de haber provocado el incendio, el tema de la seguridad estuvo en boca de todos. El gobierno se vio presionado a hacer algo por la seguridad de los ciudadanos respecto de criminales. Una de las medidas adoptadas en aquel entonces fue cambiar el tiempo de estadía en el país por parte de personas de otras nacionalidades. De tres meses de permiso se pasó a 30 días, prorrogable a 60. ¿Qué significó todo esto? Que el problema de la inseguridad pública es externo. No es una cuestión interna.

Definitivamente el lenguaje puede ser manipulado. Hoy, en el diario La Prensa , uno de sus titulares decía " Uno de cada 15 detenidos en Panamá es extranjero". Al ver esto uno podría creer que definitivamente los migrantes sí son criminales. Pero al mirar los porcentajes y números, entonces se descubre que la cantidad es mínima si se compara con el total de personas de nacionalidad panameña encarceladas. Los migrantes representan a penas el 6.7% de la población carcelaria. Si los datos muestran que la población migrante encarcelada es sumamente baja, el titular pudo haber dicho "Es mínima la población extranjera detenida en Panamá". Aunque claro, esto no es compatible con los prejuicios que tenemos hacia los inmigrantes como criminales.

Establecer una política migratoria cónsona con el respeto de los derechos y la dignidad humana no es tarea sencilla. Definitivamente esta en el debate el bienestar de los panameños y el de personas de otras nacionalidades. Sin embargo, tampoco podemos utilizar el lenguaje para enmascarar desigualdades y exclusiones. Ni para dejar de colocar sobre la mesa de discusión todo el panorama de las cuestiones sobre la migración. Estas cuestiones más que problemas, deberían ser consideradas como un reto para los gestores de políticas públicas.



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Agosto 2006