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Tema Minería a Cielo Abierto, desde Guatemala.
De la Colonia a la Actualidad: Papel de la Iglesia en la Explotación Minera y Tenencia de la Tierra en América

Karla J. Cardona, Werner Tánchez y Adrián Juárez
Colaboradores de CTA

Introducción

A continuación se da una explicación general de la relación política y económica que existió entre la Iglesia Católica y la Corona de España. El objetivo general de este estudio es conocer por qué esta relación fue tan importante para ambas partes y cuales fueron los beneficios obtenidos. Además, se dará una breve reseña de la posición de la Iglesia Católica en la actualidad en referencia a los proyectos de extracción minera en América Latina.

En sí, la relación política y económica entre estas instituciones tuvo como objetivo demostrar y aumentar su poder dentro de Europa y a la vez generarles mayor prestigio dentro de la sociedad. Asimismo, el realizar un bien común, a través de la evangelización de las poblaciones descubiertas, fue ampliamente pagado con los metales y productos obtenidos de América.

Es más, este beneficio mutuo influyó el trabajo misionero en América. En América del Sur, particularmente en Perú, Chile y Argentina las misiones de la Compañía de Jesús realizaban su trabajo evangelizador y a la vez incrementaban sus bienes materiales a través de la explotación minera y agropecuaria de sus haciendas. Por otro lado, en Guatemala, la conquista pacífica de la provincia de la Verapaz es un ejemplo de la relación intrínseca entre la Iglesia y el poder obtenido a través de la tierra. Los frailes de la Orden de Santo Domingo estuvieron a cargo de la conquista y colonización pacífica del área, lo que consiguieron con cierto grado de éxito y por lo que obtuvieron amplios beneficios territoriales, de producción y de comercio.

La obtención de riquezas como, metales y piedras preciosas, tierras, productos agrícolas, mano de obra forzada y el comercio de productos fue económicamente favorecedor para la Corona española y la Iglesia. En el caso de la Iglesia, estos beneficios pueden ser aún observados por la inversión realizada en el arte eclesiástico, tanto de Europa como de América. Por otra parte, ya que los beneficios obtenidos por la Corona fueron invertidos en varias guerras y en sostener a la corte, al final del período de la colonia, España quedó como un país pobre.

En este sentido, la relación económica y política entre ambas instituciones resultó ser más beneficiosa para la Iglesia Católica. Esto se debe, no sólo al hecho de que tienen el arte eclesiástico para mostrar sino también porque el proceso de evangelización fue exitoso, a pesar del alto grado de sincretismo religioso que hubo. Además, como se verá más adelante, uno de los primeros terratenientes de América fueron las órdenes religiosas y además, sacaron provecho de los tributos y contribuciones pagadas por las poblaciones indígenas.

Hoy por hoy, la Iglesia tiene una amplia influencia en las poblaciones de América ya que defienden sus causas sociales, políticas, económicas y culturales. Lo que muchos olvidan, es que la Iglesia fue uno de los grandes beneficiados de la explotación y saqueo de América durante la conquista y colonización. No obstante, en la actualidad, los movimientos contra proyectos de transnacionales y en particular proyectos mineros son apoyados por la Iglesia Católica. El cambio de actitud y perspectiva de la Iglesia es interesante, ya que en sus inicios la evangelización y la obtención de poder económico fueron inseparables.

Relación Política y Económica: Iglesia Católica y Corona de España

En primer término, es importante considerar que la Iglesia ha sido una institución de carácter político, cultural, social y económico. Como se verá más adelante, durante varios siglos su carácter político y económico ha estado en primer lugar; mientras que, el carácter cultural y social ha quedado en segundo plano, pero proporcionando un alto grado de prestigio y respeto hacia la institución.

En general, el carácter económico de la Iglesia empieza a evidenciarse durante los siglos XII y XIII. Es en esta época cuando el patrimonio eclesiástico fue repartido entre los diferentes componentes de la Iglesia, y por consiguiente, una parte de este queda bajo la administración de los obispos. Esto da lugar, no sólo al hecho de que el clero debe dedicarse a cuestiones puramente administrativas sino que también debe velar por incrementar su recién adquirido patrimonio. De esta cuenta, la Iglesia empieza a acumular tierras, edificios y demás riquezas (Fatjó 2001: 2). Y, es esta postura la observada durante la época de la conquista y colonización de América.

Por otra parte, la Corona española tenía objetivos claros que incluyen el aumento de su poder político y económico dentro de Europa; que en parte consiguen al expulsar moros y judíos de Granada (Mier Hoffman www.simon-bolivar.org/bolivar /bol_y_la_iglesia_02.html ).

Sin embargo, esta victoria política fue poco favorable económicamente ya que la Corona invirtió gran cantidad de dinero en dicha guerra (Klaurer 2005). Por consiguiente, fue necesario emprender una campaña que les brindara un sólido apoyo económico y a la vez aumentara, aún más, su poder político. En 1492 y después de varios intentos, Cristóbal Colón es escuchado y apoyado por la Corona de España para realizar su expedición. Ya para 1493, tanto Roma como España estaban conscientes de las riquezas que podían ser adquiridas en los nuevos territorios.

Por tiempos, la Corona y la Iglesia estuvieron relacionadas mediante la presencia de personajes de la Corte española en Roma y, la fuerte presencia de obispos y cardenales en España. Pero en 1492, sus relaciones diplomáticas fueron reforzadas al ser electo como papa, el cardenal español Rodrigo de Borja (Papa Alejandro VI). En esta época, la Santa Sede legitimó la interferencia de los monarcas en cuestiones religiosas y, así, la Corona ayudó a la Iglesia en sus cuestiones políticas. Fernández de Córdoba (2005b) menciona que la Corona española tenía varios objetivos a impulsar: reforma eclesiástica, restauración política y mayor presencia internacional (territorios de África y América). Mientras que, la Iglesia necesitaba apoyo para la defensa su territorio ante una posible invasión por parte de Carlos VIII (Francia) y el interés del Papa Alejandro VI (Rodrigo de Borja) y sus hijos por acrecentar el patrimonio de la familia Borja (Nelly 1986).

Dentro de la restauración política se encontraba la defensa del Mediterráneo ante una invasión Otomana. Y, a cambio del apoyo de la Iglesia, el Papa Alejandro VI exigió que la evangelización de América fuera a través de misioneros calificados (Fernández de Córdoba 2005a y www.delsolmedina.com/Testamento Texto-0.htm ).

Para este entonces, el Papa había favorecido a España ante Portugal en la demarcación de límites de la tierra descubierta; los cuales, fueron redefinidos a través del Tratado de Tordesillas de 1494. También dio control a los Reyes de España sobre la tierra que colonizaran, (Nelly 1986) a través de las Bulas1 de Donación ( www.puc.cl/sw_educ/historia /america/html/2_1_1.html ). En 1496, Alejandro VI da el título de “Reyes Católicos” a Fernando e Isabel (Fernández de Córdoba 2005b).

Económicamente, los Reyes obtuvieron acceso a los ingresos sobre las rentas eclesiásticas; con la condición de gastar ese dinero en defensa de la Santa Sede o la expansión de la fe. Las relaciones entre la Iglesia y la Corona fueron reguladas a través del Patronato Eclesiástico.

Dentro del Patronato, el Estado español daba los nombres de los prelados que debía nombrar el Papa, designaba a curas párrocos, percibía el diezmo eclesiástico, autorizaba la construcción de iglesias, demarcaba el territorio de las diócesis y parroquias y pagaba a los curas y prelados. En este sentido la Iglesia y su personal estaban al servicio de la Corona de España ( www.raicespaisas.org/generalida des.htm y García Añoveros 1994). Sin embargo, la Iglesia eligió vicarios y nuncios para controlar la labor eclesiástica de la Corona (Fernández de Córdoba 2005a). Además, la Iglesia mantuvo monopolizada la educación; aunque tanto la Iglesia como la Corona apoyaron el desarrollo de la educación universitaria.

1 Documento sellado que trata de asuntos políticos o religiosos. Al ir sellada por el Papa recibe el nombre de bula papal o pontificia.

Finalmente, en esta época el arte era equivalente a prestigio, por lo que los Reyes Católicos colaboraron en la construcción y reconstrucción de iglesias. La finalidad era sostener “el prestigio estético del Papado, y participar de la gloria simbólica de Roma…” (Fernández de Córdoba 2005b: 354). Es decir, que invertir en el arte romano era, para los Reyes Católicos, una manera de obtener aún más prestigio y poder tanto en la Santa Sede como en Europa.

Conquista y Colonización de América: Oro y Tierra

Es importante recordar que para finales del siglo XV el sistema económico era el mercantilismo, que promovía la acumulación de metales (Ghersi 2005). Además, se consideraba que la riqueza debía ser compartida favoreciendo el bienestar moral (González 2000).

Por consiguiente, tanto la Iglesia como la Corona realizaban un bien al evangelizar y propagar bienestar social utilizando la riqueza obtenida mediante las empresas de descubrimiento, conquista y colonización.

Como se explicó anteriormente, los intereses políticos y económicos de la Iglesia y la Corona impulsan la empresa descubridora a cargo de Cristóbal Colón. Es claro, desde su inicio, que la finalidad era recuperar oro y piedras preciosas (Klaurer 2005). Este objetivo quedó plasmado en la Segunda Carta que Colón escribe a los Reyes de España en 1494. Colón describe que los nativos le indicaron que había oro y especies ( www.fortunecity.com/victorian /churchmews/1216/RelaciónCristo balColon.htm ).

Religiosos de las órdenes de San Francisco y de Nuestra Señora de la Merced de La Redención de los Cautivos fueron los primeros misioneros que llegaron a América, durante el Segundo Viaje de Colón (1494-1496). Esto indica que desde el inicio la Iglesia fue un fuerte aliado de la Corona, ya que a través de su ideología se establece un orden social y se cumplen las exigencias económicas del nuevo imperio (Klaurer 2005). Inclusive Isabel la Católica, manifiesta en su testamento (1504) que todo lo extraído de las tierras descubiertas debe ser llevado a España y que no debe dejarse a un lado la evangelización de los infieles y se debe favorecer la Santa Inquisición ( www.delsolmedina.com/Testamento Texto-0.htm ). En sí la evangelización y ayuda a la Iglesia fue un compromiso obtenido y cumplido por autoridades europeas y coloniales.

2 Órgano de administración Indiana (América y Filipinas) que asesoraba al Rey en la función ejecutiva, legislativa y judicial.

3 En el movimiento de Contrarreforma la Iglesia Católica fue apoyada por la Corona de España. Las reformas eclesiásticas en relación a dogmas, disciplinas, papado y órdenes religiosas. También estuvo relacionada con la Inquisición y guerras religiosas, que fueron totalmente apoyadas por los Reyes Católicos tanto en España como en América.

Diferentes órdenes religiosas (Santo Domingo, San Agustín y Compañía de Jesús) llegan a América entre 1510 y 1566, con misioneros seleccionados y luego aprobados por el Consejo de Indias2. Al mismo tiempo, al Nuevo Mundo vinieron un sin número de misioneros que no siguieron el proceso de selección y aprobación. A pesar de que el clero llega con el objetivo de evangelizar a las poblaciones hubo conflictos entre las diferentes órdenes religiosas y misioneros. Es por esto que, en 1563, la Corona decide que cada provincia pertenezca a una orden religiosa dividiendo América entre mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas ( www.puc.cl/sw_educ/historia /america/html/2_1_1.html ).

Es más, la Iglesia parece que fue un mejor administrador con mayor control al momento de realizar la colonización y al final del período de la colonia había 45 obispados. Estos obispados y por consiguiente las órdenes religiosas tuvieron acceso a recursos económicos que fueron garantizados a través de varias bulas papales. Aunque la presencia del Patronato Eclesiástico hacía evidente el poder de la Corona sobre la Iglesia, en realidad la Iglesia tenía acceso a los diezmos eclesiásticos (décima parte de la producción agrícola y ganadera, pagada por los fieles) y debían recibir, por parte de la Corona, el pago del clero y la construcción y equipamiento de iglesias y catedrales.

Además, parte de las tierras realengas fueron cedidas a la Iglesia y por consiguiente, la Iglesia Católica obtuvo una tercera parte de la tierra cultivable de América. Al ser el primer terrateniente de América, la Iglesia, tenía igual o más poder político y económico que la Corona (Klaurer 2005).

En síntesis, las empresas de conquista y colonización fueron impulsadas por diversos motivos políticos y económicos. Entre estos se encontraban los intereses particulares de los conquistadores; el interés del Rey y sus benefactores (banqueros y comerciantes europeos); el beneficio de las órdenes religiosas; y la utilidad percibida por la Santa Sede al momento de estar involucrada en la Contrarreforma3—movimiento contra la Reforma Protestante (Colegio Interamericano de Defensa 2006: 8). Estos intereses, los lujos de las cortes europeas y de la Santa Sede y las guerras religiosas fueron financiados con los productos (oro, plata, especies, esclavos, etc.) extraídos del Nuevo Mundo (Colegio Interamericano de Defensa 2006: 9).

Considerando que hubo contrabando, piratería y malversación de fondos se ha podido establecer que, entre 1493 y 1520, se extrajeron de América aproximadamente 30,000 kilos de oro ( www.mgar.net/var/oro.htm ). Es más, parece ser que para 1560 se habían extraído aproximadamente, 40 millones de pesos en mercadería equivalentes a 500 toneladas de oro (Báez 2006). Esta mercancía entraba directamente a la Casa de Contratación de Sevilla creada en 1503 con el fin de regular el comercio entre España y la Indias (Domínguez Arjona 2003).

De estas mercancías obtenidas por medio de la agricultura, el comercio y el transporte, el Quinto Real, impuesto equivalente al 20% de todas las mercancías, pagado a la Corona ( www.puc.cl/sw_educ/historia /america/html/2_1_1.html ).

América del Sur y la Minería

En América, la explotación de oro y la pesca en los bancos perlíferos inicia en las islas y posteriormente, en las costas del continente. A medida que los recursos se agotan en las costas, los conquistadores y colonizadores, van adentrándose al continente para continuar con la actividad minera (Vidal Ortega 2004). Es acá donde encuentran yacimientos de oro y plata que fueron ampliamente explotados, como el caso del Cerro de Potosí en Bolivia y de San Luis Potosí en México.

No obstante y a pesar del inminente ingreso de mercadería y valores, la Corona tuvo que adquirir financiamiento a través de los banqueros Welser y Fugger, así como de empresarios flamencos y florentinos (Colegio Interamericano de Defensa 2006: 8). Es así como en 1528, los banqueros Welser obtienen un contrato para colonizar la Provincia de Venezuela. La principal meta de los Welser era extraer oro y riquezas y, en 1546 salen de la Provincia sin colonizar el área ( www.efemeridesvenezolanas.com /html/welser.htm ).

Ya para mediados del siglo XVI, las diferentes órdenes religiosas se encontraban realizando su labor evangelizadora en el continente. Entre 1593 y 1767, en Chile, varias misiones de la Compañía de Jesús fueron establecidas. Estas misiones tenían como objetivo la pacificación y educación de comunidades indígenas y establecer el orden social peninsular para el gobierno de las colonias. Los Jesuitas, a través del establecimiento de los colegios logran el control de grandes extensiones de tierra—las haciendas. En estas haciendas, los misioneros, utilizan los valores culturales indígenas y lenguaje para transmitir innovaciones y fomentar el proceso de colonización. Debido a esto se permite cierto grado de sincretismo e incrementan su poder económico por medio de la producción agrícola, ganadera y minera. Por esto mismo, los Jesuitas no permitieron el ingreso a sus haciendas, del clero secular (sin orden religiosa) u otros colonizadores (Bravo Acevedo, http://www.umce.cl/~investi /avance_g_bravo_2.html ) .

En la provincia argentina de Mendoza las misiones Jesuitas también tuvieron injerencia en la explotación minera del oro y la plata. La modalidad de enseñanza y explotación minera y agropecuaria se llevó a cabo por décadas. Asimismo, los Dominicos y Agustinos también siguieron este modelo y, en los lugares donde había minas, construyen capillas (Juan 1998).

En la Amazonía Peruana los yacimientos tipo placer llamaron la atención de los españoles; sin embargo, la ingerencia de los colonizadores fue poco productiva. Por lo que los Jesuitas ingresan al área y establecen la minería artesanal como una de las principales actividades (CONAP 2005). Hasta la fecha, la minería artesanal es la principal actividad económica de la región.

Asimismo, en la región peruana de Cajamarca, los Jesuitas explotaron tres espacios ambientales y económicos diferentes. En la Hacienda Ninabamba tenían tierras para la producción mercantil donde había cultivo de caña de azúcar y añil; las tierras de altura utilizadas para la producción agrícola y ganadera de autoconsumo; y la región de la montaña utilizada para la producción de coca y minería (Rodríguez Achung 2005).

En América del Sur, las misiones Jesuitas tuvieron un fuerte incentivo económico. Los Jesuitas realizaron la evangelización y emplearon a las poblaciones para obtener e incrementar sus recursos económicos. En varios casos, la explotación minera fue fundamental. Sin embargo, la producción minera se desarrolló junto a la producción agrícola y ganadera. Es decir, que los Jesuitas explotaron varios nichos económicos para beneficio propio y de las comunidades. No obstante, en 1767, los Jesuitas son expulsados de América por el Rey Carlos III y sus haciendas y riqueza económica pasan a poder de los conquistadores y colonizadores.

Guatemala, Región de la Verapaz

La producción minera de América tuvo sus altas y bajas y fomentó otras formas de obtención de ingresos. A raíz de la disminución de la población indígena, por el trabajo en las minas y otros factores, se promovió el tráfico de esclavos africanos (Vidal Ortega 2004); y asimismo, el trabajo en plantaciones aumentó (Salles y Noejovich 2005). Sin embargo, no hay que olvidar que al ocurrir esto el poder de España dentro de Europa disminuye así como su capacidad de financiamiento.

Al igual que el resto de América, Guatemala sufrió un proceso de conquista y colonización en el cual la evangelización era el punto central. Aunque al inicio este proceso fue desorganizado (García Añoveros 1994: 157), conforme la Corona obtiene más recursos y asume consecuencias políticas la organización socio-política del Reino de Guatemala adquiere forma.

En gran medida, el proceso de organización fue llevado a cabo por los misioneros. Estos reducen a los indígenas en poblados al estilo español (Saint-Lu 1994) para evangelizarlos y ayudarles a “vivir como hombres”, bajo las normas españolas (García Añoveros 1994: 166).

En Guatemala, la Corona española, favoreció la acción misionera de las órdenes de San Francisco y Santo Domingo. La primera misión dominica llega a Guatemala en 1526 a cargo de Fray Tomás Ortiz y para 1537, por medio de Fray Bartolomé de Las Casas les conceden la evangelización pacífica de la provincia de Tezulutlán (actualmente, Alta y Baja Verapaz) (FUCUDE 2004). Y, para 1551, la Orden de Santo Domingo tenía a su cargo la Provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala (Villa Roiz 2006), que actualmente comprende el estado mexicano de Chiapas y el área de Alta y Baja Verapaz.

Como se expuso anteriormente, la Corona daba a la Iglesia y sus misiones parte de sus ingresos y además, la Iglesia obtenía recursos por medio de las contribuciones de los indígenas, donativos y donaciones de tierras (Saint-Lu 1994). Sin embargo, las necesidades de las misiones no eran cubiertas; por lo tanto, en 1572 las órdenes misioneras obtuvieron autorización para adquirir bienes inmuebles, tanto en pueblos de españoles como en pueblos de indios. En consecuencia, ya para 1576, los dominicos habían adquirido estancias de ganado, tierras cultivables, ingenios de azúcar y añil e incluso estuvieron involucrados en empresas mineras. Sin embargo, a la vez que su patrimonio inmueble crecía la fuerza laboral, formada por los indígenas del área, no podía mantener dichas misiones (García Añoveros 1994: 171; Fuentes y Guzmán en Cabezas Carache 1994: 153; Saint-Lu 1994: 639) ya que los indígenas evadían el pago de tributo, el repartimiento y el servicio personal (Villa Roiz 2006). La coerción de los frailes hacia los indígenas provocó su fuga hacia las montañas y la cristianización resultó ser el sincretismo religioso entre las creencias católicas y las prehispánicas (Cabezas Carache 1994: 153).

Los misioneros al igual que los conquistadores buscaron metales preciosos en Guatemala y emplearon un gran número de indígenas para este trabajo. Y, al igual que en el resto de América los repartimientos y la esclavización tuvieron como objetivo la búsqueda de oro y plata. Sin embargo, la riqueza de metales de Guatemala fue mucho menor que la encontrada en la Nueva España (México) y Perú (Chinchilla Aguilar 1994: 443-450). Por consiguiente, tanto los conquistadores como las misiones se respaldaron con la riqueza enmarcada en el patrimonio territorial y los bienes que producían al cultivar la tierra.

Aunque los dominicos quisieron mantener la autonomía de la Verapaz y tener total control sobre el acceso de otros españoles al territorio, esto fue difícil de realizar. Al final, el control de la región estuvo a cargo de los dominicos pero siempre con algún grado de intervención de la administración española (Saint-Lu 1994).

Además, con el hecho de tener control sobre la tierra y sus habitantes, los frailes dominicos aplicaron las medidas administrativas empleadas por la Corona. En este sentido, para los indígenas no hubo mayor diferencia. Aunque su conquista y colonización fue pacífica en relación a lo ocurrido en otras áreas de América, ellos debían pagar tributos, trabajar duro para los frailes y mantener la organización socio-política española. Evidenciando así el fuerte vínculo entre la Iglesia y la Corona.

Para los europeos, la propiedad comunal, tal como era concebida por los indígenas de América, era una anomalía y debía ser transformada (Morlachetti 2006). Es por esto que, tanto la Corona como la Iglesia emplean la tenencia de la tierra como una manera de someter a poblaciones y economías locales y obtener mano de obra gratis, por medio de instituciones como la encomienda y la esclavitud (Báez 2006; Arango y Sánchez: ACNUR). A partir de los siglos XVII y XVIII, la agricultura se convierte en una actividad importante, dando un nuevo valor a la tierra ( www.raicespaisas.org/generalida des.htm ). Esta revalorización de la tierra fue ampliamente aprovechada tanto por la Corona como por la Iglesia; aunque al final posiblemente la más beneficiada fue la Iglesia.

Iglesia en la Actualidad

El pensamiento de la Iglesia Católica ha cambiado radicalmente. Hoy en día la Iglesia no apoya que haya beneficio económico basado en la explotación de poblaciones y sus recursos. La base de esta postura es la Doctrina Social de la Iglesia, la cual define un conjunto de criterios que toman como base el Evangelio y que orientan a las personas dentro de un contexto social determinado; anteponiendo el respeto al derecho a la vida y a procurarse sustento ( www.iesc.org.pe/revista /87iglesia.htm ; y www.ecoportal.net/ ).

El Papa Pablo VI en su carta encíclica “Populorum Progressio” de 1967 manifiesta que las potencias coloniales por sus intereses y gloria, dejaron a sus colonias en una situación económica vulnerable; pero a la vez, es a través de la colonización que estas poblaciones obtienen ciencia y tecnología. Sin embargo, esta situación ha provocado diferencia en los niveles de vida, los ricos gozan de un rápido crecimiento mientras que los países pobres se desarrollan lentamente.

Pablo VI agrega que hay comunidades cuya subsistencia se basa en la producción de la tierra. Por lo tanto, indica que el derecho a la propiedad de la tierra debe ser flexible y que el bien común debe ser antepuesto al bienestar individual. Lo interesante es que la Iglesia acepta que la industrialización es necesaria para el desarrollo de las comunidades; siempre y cuando esta se haga valorizando el trabajo de las poblaciones indígenas y se promueva la cualidad humana.

Siguiendo este mismo pensamiento, el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica post-sinodal “Pastores Gregis” del 2003 indica que el derecho a la vida y la dignidad del trabajador deben anteponerse a los intereses económicos. En este sentido se enfatiza que la contaminación o destrucción del ambiental da a conocer una actitud de desprecio hacia el hombre. Por esta razón, la Iglesia debe de promover y dirigir actividades misioneras que promulguen el reconocimiento del prójimo, el respeto por la diversidad cultural y la interacción entre las diferentes culturas.

En América, estos principios son promovidos por organizaciones ligadas a la Iglesia Católica. Su principal lucha es por el derecho a la vida y a la libre expresión y comunicación de los pueblos indígenas ( www.alterinfos.org/spip.php ?article1168 ). En varios casos mencionan que los proyectos mineros han llevado poco desarrollo y mucho daño ambiental, social y económico a las comunidades. Por otra parte, estas organizaciones ven el oro como un bien suntuario dedicado a la especulación financiera; beneficiando únicamente a las empresas mineras y dando beneficios mínimos a las poblaciones afectadas por el proceso minero ( www.noalamina.org/ ;

www.diariocolatino.com/nacional es/detalles.asp?NewsID=16303 ;
y www.derechos.org/nizkor/peru /doc/tambogrande2.html ).

En síntesis, la posición de la Iglesia Católica del siglo XXI es contraria a su posición durante la época de la colonia. Posiblemente, esto se deba a que hoy en día la actividad de la Iglesia ya no está envuelta en un constante proceso de evangelización y conversión. Además, esto también ahora su postura se enfoca en fortalecer su influencia dentro de la población necesitada. Ser parte de estas luchas da a la Iglesia Católica el prestigio que, anteriormente, era obtenido a través del arte eclesiástico.

Conclusión

La Iglesia aún antes del siglo XVI tuvo un marcado carácter político y económico que le ayudo a obtener prestigio y fomentar su carácter social y cultural. Asimismo, la Corona española estaba interesada en obtener mayor poder político y económico sobre Europa por lo que necesitaba un fuerte aliado, la Iglesia.

Por consiguiente, el apoyo al descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo tuvo tres objetivos: generar rentas a través del dominio militar; imponer la religión Católica y legitimar el poder y soberanía de españoles y portugueses; y, saquear la riqueza de la población indígena como parte de la empresa conquistadora (Colegio Interamericano de Defensa 2006: 8). Estos objetivos fueron conseguidos a través del proceso de evangelización, la amplia acumulación de tierras y el constante saqueo de las riquezas (metales y piedras preciosas, especies, productos agrícolas, esclavos, tierras, etc.) con ayuda del trabajo forzado de los indígenas de América.

La colaboración mutua entre la Santa Sede y la Corona de España dio frutos a ambas partes. Ambas partes incrementan su poder por medio de la evangelización del Nuevo Mundo y obtienen la fortaleza necesaria para dispersarse dentro de Europa. A esto hay que agregar que económicamente hubo grandes ganancias, tanto para la Iglesia como para la Corona. La recompensa económica, política y territorial fue extensa, particularmente para la Iglesia que aún ejerce una fuerte influencia sobre las poblaciones Americanas.

Las misiones Jesuitas en América del Sur son un ejemplo de la fuerte relación que hubo entre el proceso de evangelización y el gobierno de las colonias. A través de la cristianización y de la educación las misiones Jesuitas lograron pacificar y gobernar a las poblaciones indígenas de Argentina, Chile y Perú. A la vez, estas misiones obtuvieron beneficios económicos al hacer producir las haciendas. La economía de estas haciendas se basó en la producción minera y agropecuaria, así como en la comercialización de los productos generados. Esto hizo de las haciendas de las misiones Jesuitas áreas altamente codiciadas por colonizadores españoles. Por consiguiente, con la expulsión de los religiosos las haciendas llegaron a manos de españoles que continuaron su explotación aunque en la mayor parte de los casos sin mucho éxito.

Otro ejemplo fue la conquista pacífica de la provincia de la Verapaz. Aquí los españoles tuvieron menor ingerencia, aunque igual participación, que la Iglesia en la administración de recursos. Ambas instituciones fueron ampliamente favorecidas por el trabajo forzado de los indígenas, el pago de tributos y contribuciones y la obtención de tierra para la explotación agrícola y minera. Sin embargo, hay que considerar que la mayor riqueza fue encontrada en la obtención de grandes extensiones de tierra y su explotación agrícola. La minería en Guatemala, y particularmente en la Provincia de la Verapaz, no fue una empresa exitosa ya que ni los misioneros ni los españoles encontraron grandes yacimientos de metales preciosos.

Actualmente, la Iglesia no tiene el control de la tierra, no cobra tributos, ni debe evangelizar a grandes poblaciones indígenas, pero sí ejerce control sobre las poblaciones indígenas y ladinas de América. La idea de realizar el bien común fue y será el impulso de la Iglesia para trabajar en las áreas menos favorecidas. Si bien, anteriormente la idea era incrementar su poder político y económico; actualmente, puede considerarse que el objetivo es fortalecer su influencia y prestigio dentro de las poblaciones y propagar el concepto promulgado en la Doctrina Social de la Iglesia. Lo que es cierto es que el cambio de actitud ha sido drástico y se ve el contraste, entre una actitud que favorece al poder político y económico durante la época colonial y una actitud que favorece el servicio y a las clases necesitadas.

Finalmente, se debe recalcar que la postura de la Iglesia por la defensa de la vida y de la forma de sustento de los humanos no parece que vaya a cambiar. Es más, con el correr del tiempo esta postura se ha ido fortaleciendo. Parte importante de esta lucha son las comunidades pobres y las poblaciones indígenas cuya cosmovisión está estrechamente ligada con el ambiente y el uso de la tierra para su sustento. En este sentido, la Iglesia Católica, apoyará las causas que velen por el bienestar de las poblaciones menos favorecidas.

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Agosto 2006