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Movimientos en Panamá

Los abanicos de la muerte

Por el Ing. Conrado Cuevas
Miembro de Consumo Ético

Hace poco tiempo, el 24 de septiembre de 2007, los medios de comunicación dieron a conocer otro caso de negligencia criminal, similar a los envenenamientos del Seguro Social o de los quemados en el autobús 8-06, que en esta ocasión provocó la muerte de una niña de nueve años, llamada Irma Noemí Aguilar, hirió a varias personas y destruyó una casa. Sin embargo, aunque las causas directas de su muerte se dan a conocer con claridad, parece ser que esto también quedará impune y los culpables se pasearán tranquilos con los bolsillos llenos de dinero.

Resulta ser que la descompostura de un abanico (ventilador) eléctrico, ocasionó un incendio en la casa que habitaba la niña con su familia, en horas de la madrugada, ya que se recalentó el motor, lo que ocasionó un corto circuito, que a su vez incendió la materia inflamable que se encuentra dentro de cualquier habitación, como ropa, forro de colchones, bolsas plásticas, juguetes, etc. No fue directamente el fuego, sino el humo quién sofoca a la criatura, quien muere por asfixia, además de ocasionar heridos y daños materiales en la humilde vivienda de un trabajador.

Encontramos que el causante de todo esto, es uno más de esos abanicos eléctricos que comerciantes inescrupulosos han traído de China, y venden a precios irrisorios en todos los almacenes de baratijas de la Ciudad de Panamá y del interior del país. La irresponsabilidad de estos comerciante, viola flagrantemente los derechos de los consumidores, al no contar estos aparatos con ningún tipo de garantías, al ser de tan mala calidad que no hay reparación posible, ni contar con manuales ni instructivos que especifiquen la vida, uso y mantenimiento del mismo. El único indicativo del peligro, la baja calidad y confiabilidad del producto, es su bajo precio, sospechosamente bajo, lo que a su vez aumenta el nivel de riesgo por ser de fácil adquisición por amplias masas de consumidores que, sin darse cuenta, arriesgan su vida al comprar semejante armatoste.

Estos aparatos y otros similares o del mismo género o categoría, de chatarra nueva, ya han afectado a diversas familias, sin que las autoridades hayan hecho absolutamente nada por regular y controlar su venta, menos por exigir una responsabilidad económica, material y penal sobre los comerciantes para con sus engañadas víctimas. Para nadie es extraño, ver en todos los basureros de la ciudad de Panamá, este tipo de ventilador, desechados en condiciones casi nuevas, durante todas las épocas del año, lo que ya nos dice de la poca vida de este aparato.

En los periódicos, aunque son pocos los casos tratados se han dado a conocer algunos que son sintomáticos y que reflejan una constante en el malfuncionamiento y amenaza de estos aparatos, aunque hay muchos mas que no han sido divulgados, por ejemplo: el caso de una miembro de la policía que llegó a su casa y para dormir puso su ventilador a funcionar, pero con la suerte de que logró despertar al ser avisada por sus vecinos cuando la casa estaba en llamas, logrando salvar la vida, aunque perdió sus bienes.

Sin tener a quién reclamarle, ni que las autoridades tomen cartas en el asunto, los peligrosos abanicos de la muerte se siguen vendiendo de manera masiva, casi no hay un hogar panameño  que no tenga esta amenaza dormida dentro de sus habitaciones, encontrándose estos, incluso en comercios y lugares públicos.

Generalmente, estos ventiladores son vendidos de forma indiscriminada, sin cajas, sin etiquetas, sin un instructivo, sin garantías. Es, lo que podemos definir como una estafa social, un artículo que no tiene mas vida que unos pocos días y con suerte algunas semanas, hechos de materiales baratos, de espesores ínfimos, débiles, sin resistencia, con piezas plásticas donde es necesario metal, de bajo peso por economía de material y mal acabados.

Inician su vida real en un almacén, donde son armados por cualquier dependiente o aseador sin experiencia, ni conocimiento; siendo vendidos luego de una breve prueba, de no más de 30 segundos; con una etiqueta de caja en el tubo son despachados al exterior del almacén; nunca se sabe si la marca que traen impresa existe registrada en algún lugar del mundo o si es un invento del comerciante y de un serigrafista; ni exactamente quién los fabricó, lo único que se sabe con exactitud, es que vienen de CHINA, pero no de que lugar, fabrica o ciudad.

Al llegar a su destino final: la casa del consumidor, lo primero que se les dañan son las patas, luego se le pierden los tornillos que ajustan el giro y la altura, después se le caen los plásticos que le cubren el motor, exponiendo sus peligrosas partes móviles, y casi simultáneamente se le desajustan las cubiertas o mallas de “seguridad” de las aspas, exponiendo a un riesgo extremo a todos los miembros de la familia. Pero el peligro máximo viene después y en silencio: la falta de lubricación, la mala calidad de los bujes o cojinetes, la austeridad extrema de los motores, hacen que estos funcionen bien solo por un breve tiempo, ganándose la confianza de la familia, pero y allí lo criminal, cuando nadie lo espera, durante las horas de sueño o durante cualquier actividad cotidiana, de pronto el eje del rotor del motor se va deteniendo poco a poco, y llegado el momento, se detiene por completo; el motor, conectado a la corriente, y con una velocidad hipotética, intenta rotar de manera forzada, al no poder hacerlo se va recalentando, el calor aumenta con el paso de los minutos, entonces el delgado y deficiente revestimiento del enrollado del estator y del rotor se derrite, produciéndose el contacto de metal con metal, ocasionando un cortocircuito eléctrico, por lo que el cable de conexión eléctrica se recalienta y se funde, pasando el calor y el fuego al cableado de la casa, calentando e incendiando todo material inflamable que encuentra a su paso, de allí el fuego y el humo, de allí los heridos y la muerte, de allí la destrucción y la desesperación.

¿A quién reclamarle?, ¿A quién demandar?. Pues al almacén donde lo compró, al distribuidor que lo introdujo al país, a las autoridades e inspectores de comercio, a la Autoridad de la Libre Competencia y de “PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR”, a los bomberos y otros encargados de velar por la seguridad y salud pública, por la negligencia, complicidad, incapacidad y violaciones de las leyes y de los códigos de comercio y de los derechos del consumidor.

Los consumidores tenemos derecho a ser respetados, por lo que al hacer cualquier compra, sin importar el monto de lo pagado, tenemos derecho a exigir un manual con instrucciones en español sobre el uso del artículo, una lista de centros de servicio autorizado, una garantía, especificaciones, manual de mantenimiento, responsabilidad del fabricante por escrito, una dirección y teléfono para consultas, consejos, reclamos, quejas y sugerencias. También dentro de un plazo razonable, tenemos derecho a la devolución total de nuestro dinero. Recordemos también que poseemos una gran fuerza, la fuerza de comprar o no, y es que si vamos a pagar para llevar un peligro a nuestros seres queridos, entonces no compremos.

Todo aquello que no se vende termina en la basura, que es a donde corresponde terminar a esas estafas criminales disfrazadas de oferta. La mejor forma de incentivar la responsabilidad y la calidad es haciéndoles saber a los comerciantes inescrupulosos, que cualquier cosa que atente contra nuestras vidas no será vendido y resultará en pérdidas para sus bolsillos; y que si logran venderlas bajo engaño, traerá responsabilidades legales, económicas y penales cualquier hecho nefasto que provoquen.

Aprendamos a utilizar la fuerza de nuestras compras para elevar el nivel de responsabilidad y ética de nuestros comerciantes, y a la vez, exijamos medidas severas por parte de las autoridades para con estos criminales de cuello blanco, mayor control e inspección. Comprar o no comprar, depende de nosotros, esta primera responsabilidad es nuestra, hay que usarla, nadie puede obligarnos, y hay que usarla sin misericordia.

Conrado Cuevas, Ced, 4-116-2026, conradocuevas@yahoo.com

El autor es Ingeniero Industrial y miembro de Consumo Ético.

28.03.2008



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Agosto 2006