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Movimientos en Panamá

EL TPC: Pacto entre el Lobo y Caperucita Roja

Ruben Dario Sousa B.
Coordinador General
Partido del Pueblo

Como es ya conocido, el Gobierno de “Patria Nueva” primero negocia los intereses de todo el pueblo y después consulta selectivamente cuando la decisión política ya está tomada burocráticamente. Para ello aplica la táctica conocida de partir por delante para luego poner a los demás ante el dilema de aceptar su voluntad o dejarla.

Es exactamente lo que se ha hecho en el proceso culminante del Tratado Comercial con EEUU, al margen de la larga historia desigual en las relaciones con ellos y sus resultados perniciosos para el desarrollo nacional que siendo nuestro país sede de una de las obras de ingeniería y económicas más destacadas del siglo XX, y que engrandeció al imperio norteamericano, sigue siendo atrasado, miserable y con una de las inequidades más grandes del mundo. En su felonía, han recurrido al doctrinarismo del globalismo para enmascarar el carácter depredador y explotador, a la moderna, de esta aparente nueva relación comercial con EEUU.

Es absurdo diluir en un fenómeno universal progresista y objetivo como es la integración económica y comercial del mundo, perdiendo la singularidad de las relaciones históricas desiguales, social y políticamente injustas, por más de un siglo, entre el Estado Imperialista norteamericano y el Estado Nacional de Panamá.

En esa nefasta relación siguen pendientes reparaciones que los monopolios y gobiernos yanquis tienen que reivindicarle a Panamá, como sus intervenciones militares, destacándose la agresión del 9 de enero y la infame invasión del 89 en las cuales se provocaron ingentes pérdidas humanas y materiales. De la misma manera la zanja canalera y la ocupación militar alteraron nuestro medio ambiente y hasta hoy, hay miles de hectáreas vedadas por la mortal contaminación y que los culpables norteamericanos se niegan a sanearlas. En esa relación nos introdujeron prácticas nefastas como la institucionalización de la discriminación racial y hábitos denigrantes como el de aceptar sumisamente un orden y una autoridad colonial que nos pisoteaba en nuestra propia tierra. Es conocido el hecho de que miles de ex trabajadores de la antigua Zona del Canal que aún esperan justicia. El colmo es que la liberación del canal y su territorio, fue amarrado al vigente Tratado de Neutralidad, instrumento sofisticado de dominio e intervención.

En consecuencia, una cosa es la necesidad histórica universal de la integración mundial para el progreso, y otra, es satisfacer la necesidad de saqueo mediante un pacto con el poder que históricamente nos ha pisoteado y que, no ha demostrado aún, que ha cambiado. Es equivalente a la relación de la fábula entre el lobo y la Caperucita Roja; y que no nos vengan a convencer que el lobo ferozmente carnívoro, ahora se convirtió en vegetariano.

Los promotores del Tratado de Promoción Comercial (TPC), por parte de los panameños, están ufanados en convencer que este convenio, en víspera de oficializarse, es la salvación del atraso panameño y la vía excepcional para el Desarrollo Nacional. Con ello, reiteran la misma mentalidad de los que en 1903, se pusieron a la cola de los comerciantes franceses como Buneau Barilla y de los aventureros y conquistadores como Cronwell y Teodoro Roosevelt. Los de hoy, lo hacen detrás del troglodita Bush, carnicero de Irak y Afganistán y de las transnacionales norteamericanas.

De la misma manera, se adhieren al reaccionario planteamiento del fatalismo geográfico de aquel entonces, y ahora, al fatalismo de nuestra “indisoluble sociedad económica y comercial” con Estados Unidos, que nos ofrece un mercado de 300 millones de consumidores. Estos señores se parecen al tonto que confundió el reflejo de la luna en el agua con el queso y al tratar de tomarlo para comérselo se ahogó porque no sabía nadar.

Estos promotores están encabezados por un grupo de intelectuales y profesionales, sobre todo, adheridos a la burocracia y apoyados por fuerzas tradicionalmente pro-yanquies y por una minoría clientelista procedente de la esfera popular. Particularmente esos promotores comulgan con las ideas neo-liberales, muchos de ellos formados en la cultura norteamericana de prepotencia a la cual rinden culto, con mentalidad advenediza ajena a la idiosincrasia panameña por su escasa vivencia en los legítimos problemas de nuestras masas populares, por los cuales anidan sentimientos despectivos.

Ciertamente, el TPC que se pretende patentar, tiene resultados beneficiosos, pero en la promoción no se discierne a favor de qué intereses. Esa es la cara oculta del problema. Primero no se esclarece que esa relación comercial tiene carácter clasista, favorable para los círculos dominantes norteamericanos y para los sectores económicamente privilegiados pro-norteamericanos en los países atrasados. En el caso de Panamá, los beneficiarios son los intereses económicos exclusivos de la esfera no productiva, de servicio y comercio, manteniendo a la zaga a la esfera productiva, que es la que puede masificar el empleo, expandir y desarrollar el mercado interno y llevar al pueblo a un modo de vida superior.

Por eso la euforia de todos los intereses que en Panamá han estado al lado de la dependencia norteamericana y sustenta el status quo al carcomido modelo socio-económico de Panamá, génesis de la crisis social irreversible, es sólo mercadeo de los sectores exclusivos del país y no solución de los verdaderos problemas nacionales. No importa lo que se haga dentro de ese modelo, ni los milagros esperados de los “chupa sangre” norteamericanos que nunca llegarán, no habrá verdadero progreso social.

Al actual TPC le cambiaron la nominación como una treta, pues es el mismo instrumento neo-liberal y de recolonización que en su primer intento, se trató de imponer mediante una relación multilateral en las Américas cuyas siglas se recogieron en el ALCA. Como las fuerzas y Estados progresistas de América Latina lo hicieron fracasar, se optó por desmenuzar la intención con tratados bilaterales con el distintivo de Tratado de Libre Comercio Bilateral. Como la sigla TLC también fue desprestigiada por la denuncia popular, ahora ha surgido el disfraz de TPC, pero es la misma receta explotadora.

En la experiencia panameña de la campaña por el ahora TPC, ha quedado palmariamente claro que ante él no hay consenso nacional, polarizándose la sociedad entre los adictos al tutelaje yanqui y al lucro ruin, y los que en forma continua, persistente e inclaudicable vienen luchando por nuestra liberación nacional, por una democracia con soberanía popular, por que se encauce el país por un desarrollo económico auténticamente nacional y se realice la verdadera justicia social. Las fuerzas dominantes una vez más, usaron el poder secuestrado por sus intereses para imponer, no para unir a la nación, su designio y como está sucediendo en el gobierno de “Patria Nueva” imponiendo su mayoría aplanadora e la Asamblea de Diputados un tratado que políticamente ya lo aprobó la burocracia sin una consulta verdaderamente democrática.

El Partido del Pueblo advierte que esta batalla la puede ganar la imposición y la demagogia pero no la guerra, porque el mamotreto del TPC no nos conduce a la liberación, a la democracia del progreso y a la justicia social, sino, a un mayor sometimiento y saqueo y a más sufrimiento popular. Así mismo, a más concentración de la riqueza y a la consolidación de los privilegios de los ricos. El cisma social se ahondará y la lucha de clase se hará más virulenta. Por eso, no hay que bajar la bandera de lucha nacional y social y ante el TPC hay que seguir la oposición en la nueva fase post imposición legislativa panameña junto con las poderosas fuerzas internacionales y las fuerzas progresistas norteamericanas para lograr su derrota final.



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Agosto 2006