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Mujer

Rufina Amaya y el Día de la Mujer

Ante la muerte de Rufina Amaya pensé que sería bueno escribir algo para la YSUCA.
Sale este Jueves como editorial.

El día de la mujer se nos presenta con la triste noticia de la muerte de Rufina Amaya. En medio de sus problemas y de sus conflictos, El Salvador ha contado siempre con mujeres eximias. Conocidas unas, como nuestra querida Dra María Isabel Rodríguez, y muy desconocidas otras. En tiempo de la guerra brillaron enormemente las anónimas. Mujeres que luchaban por los derechos humanos, que reclamaban sin miedo la vida y libertad de sus hijos e hijas, que se enfrentaban con aquellos terribles poderes que no tenían empacho en desaparecer personas o simplemente destrozarlas.

Una de estas mujeres, símbolo de la resistencia y de la fuerza de la palabra, fue Rufina Amaya. Cuatro fueron los hijos que le mataron en el Mozote. Uno arrancado de su delantal y otro de su pecho. Y por esas casualidades de la vida, mientras los soldados empujaban a hombres y a mujeres de un lado para otro antes de matarlos, Rufina cayó en una zanja llena de matorrales. Desde allí fue testigo de cómo los soldados del batallón Atlacatl asesinaron, además de a cientos de campesinos, a 132 niños menores de 12 años que habían recluido previamente en el convento del cantón. Entre ellos sus cuatro hijos. Después tiraron las paredes de adobe sobre ellos.

Desde esa fecha triste de Diciembre de 1981 Rufina se dedicó a dar testimonio de lo que había visto y sufrido. El Gobierno de El Salvador la llamaba mentirosa. Los periódicos y medios más importantes ni la tomaban en cuenta. Los Estados Unidos, a través de algunas de sus agencias de noticias, influenciadas por el peso del poder, afirmaban que en el Mozote no había habido masacre, que todo era un cuento de la guerrilla. Y Rufina entre tanto, campesina, semianalfabeta, sola y desde su pobreza, seguía insistiendo en su verdad. Hasta que su verdad se impuso un poco más de diez años después.

Terminada la guerra y testigo ante la Comisión de la Verdad, se comenzaron excavaciones donde Rufina decía que se había matado a sus niños y a muchos otros más. Forenses norteamericanos de primera línea y forenses argentinos especializados en recuperación de víctimas de guerras sucias, dieron finalmente su informe. Allí, donde Rufina había dicho, según los hallazgos de los forenses, fotografiados y claros, se encontraron los restos de sus hijos. Allí, según ese mismo informe asumido por la Comisión de la Verdad, "fueron identificados los restos de 143 individuos, de los cuales 131 correspondían a niños menores de 12 años". Entre los adultos restantes había una mujer embarazada.

Una mujer pobre, sencilla, pero con un inmenso a mor a sus hijos, había sobrevivido para decir la verdad, para ganarle la batalla de su vida a fuerzas mucho más poderosas que ella. Hoy lamentamos su muerte. Pero en el día de la mujer, nos queda como ejemplo de los valores profundos de las mujeres salvadoreñas. Esas mujeres a las que en buena parte les debemos la paz de El Salvador. Y a las que les debemos también que valores como la solidaridad, la fidelidad, la resistencia frente a la brutalidad, sigan siendo valores que impulsan la convivencia pacífica en El Salvador. Como Rufina Amaya, hubo mujeres que fueron auténticas madres de víctimas y abandonados durante la guerra. Mujeres valientes actuales, que en medio de una sociedad violenta siguen clamando por la justicia, la paz, la verdad, el perdón.

En el día de la mujer debemos honrar a todas estas personas y pensar seriamente que, si ellas han sido transmisoras de valores fundamentales, es justo que su participación en la organización de la convivencia social tenga un papel más relevante. Que si ellas han sido, y son hoy también, maestras de esas verdades primarias sobre las que se construyen los sentimientos hondos que permiten la convivencia pacífica, justo es que su participación en la política deje de ser marginal. Y sobre todo, es necesario que, especialmente los hombres, abandonemos ese doble lenguaje, que exalta a la mujer unos cuantos días al año, y después la mantiene en posiciones secundarias, en el hogar, en la política o en la convivencia social. Fraternidad, complementariedad, amistad verdadera e igualitaria son actitudes fundamentales entre el varón y la mujer. Y hay que decirlo también, capacidad de aprender de la mujer, que en circunstancias tan difíciles, como Rufina Amaya, y tantas otras mujeres en El Salvador, han sabido darnos lecciones de humanidad, de verdad y de fidelidad al amor.

Descansa en paz Rufina Amaya, en este día de la mujer, porque aunque no te den el título de hija meritísima de nuestra patria, las víctimas, los pobres, los defensores de derechos humanos, tantas mujeres que han sabido defender la dignidad de sus hijos, muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, te consideramos algo más que una buena hija de estas tierras. Te vemos como ejemplo, como partera y madre meritísima de una nueva patria que está naciendo del respeto, del coraje y de tu fuerza de mujer, que no se deja vencer por nada ni por nadie.



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Agosto 2006