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Hola amigos y amigas les envío un escrito sobre Monseñor Romero.

Mi Pastor, el Reverendo Miguel Tomas Castro, de la Iglesia Bautista Emmanuel ubicada en el Barrio San Jacinto de la capital San Salvador me pidió escribir en memoria de Monseñor; en nuestra Iglesia, la voz, letra y espíritu de Monseñor es un fiel testimonio de concreción del compromiso divino entre los hombres y mujeres en la construcción del reino de Dios que se hace carne y vida en los miles y miles de hermanos que aun exigen pan, justicia, trabajo, democracia. Somos de la idea que Jesús no solo esta en el mas allá, sino también en el hermano y hermana, en los que tenemos acá, a la par en el día a día.

La oración de Jesus"...hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo..." no es un juego de palabra en las sagradas escrituras, es el llamado a no ser indiferentes, y Pablo en su carta a Romanos 12:2 hace el llamado a no conformarnos a este siglo (lease sistema, mundo, status quo) sino que el llamado " .....a transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta..." Me permito remitir este pequeño escrito en testimonio del martirio de Monseñor, cuyo nombre completo es Oscar Arnulfo Romero (MOAR), con estas letras se escribe también ROMA y mejor aun AMOR.

QUERIDO MONSEÑOR.

Monseñor,
querido Monseñor
usted es la esperanza viva
del pueblo de Dios en este rinconcito suyo.

Monseñor,
Figúrese que han pasado 27 años
de su muerte y aun lo encontramos en la esquinas
en los cantones, en los puestos del mercado,
riberas de los ríos, maquilas,
en las calles de amarguras
en el hambre cotidiana,
y atrás de la frontera.

Monseñor,
su voz es voz
de los que ahora tienen voz,
su testimonio del evangelio comprometido
es verbo que se hace carne en cada una de las jornadas
de los pobres,
que aun creen en el castillo de promesa
del Dios eterno,
plasmado en el rostro del hermano
que se encuentra en el costado

Monseñor,
aun vive entre nosotros y nosotras,
la esperanza
aunque distante
se llena de gloria con su sonrisa
y Homilía.

Monseñor,
la tierra germina frutos
que anuncian vida nueva,
y en cada paso nos encontramos con su testimonio
del Jesús resucitado.

Que así sea, Monseñor.

Wilfredo Mármol Amaya

12 de marzo de 2007.



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