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Opinión

Cuenta conmigo, cuento contigo
(Cuento)

Por Mallela V. Pérez Palomino

El muchacho se sobresaltó al sentir un cuerpo extraño dentro de la lata de gaseosa. Siempre, al igual que sus amigos, había preferido rellenarse la barriga del famoso y burbujeante líquido negro. Todo menos confiar en las bebidas de fruta que se hacían de manera artesanal. Conceptuaba que las grandes fábricas tenían altos niveles de salubridad y ahora que se había bebido el refresco, la lata le arrojaba el sonido de un cuerpo sólido que se movía al agitarla.

Su padre dijo era importante saber de qué se trataba y vio en los ojos del adulto aquella mirada de ambición desmedida. Por supuesto que estaba pensando en interponer una demanda por mucho dinero.

Miraron dentro del recipiente ayudados con la luz que les ofrecía el aparato celular y lo que observaron los dejó perplejos. Era una criatura pequeñita, una mezcla entre monstruo e insecto cerca de una pulgada de largo. Pero la sorpresa aún no acababa, porque abrieron la lata con su cuchilla de boy scout para extraer la criatura y, al ponerla sobre la mesa, se desperezó y abrió los ojos.

El chico salió corriendo hacia los baños y se abrazó de la taza depositando en ella todo el contenido de su estómago. Sintió ganas de salir huyendo: era una pesadilla y lo peor es que no se despertaba.

Ya en el estacionamiento, vio acercarse la camioneta de su padre y cuando se detuvo frente a él, quedó pegado al piso sin saber qué hacer. Luego obedeció como autómata cuando le dijo que subiera.

El camino lo hicieron en silencio y rogó a Dios, del cual sólo se acordaba en momentos críticos, que algo pusiera fin aquel mal sueño. Aún se sentía mareado y le ardía la boca del estómago.

Al llegar a casa, su padre se apeó y se refugió en el cuarto estudio. Él, la verdad, no sabía qué hacer. No era un sueño, era real. Se metió en la habitación principal, hurgó entre los medicamentos que su madre tenía en el botiquín y se tomó el primero que intuyó le tranquilizaría.

Le despertó la voz paternal instándolo a acompañarlo a la finca. Se metió, aún turulato, bajo el agua de la regadera y ya vestido dejó caer pesadamente las posaderas en el asiento del copiloto. La expresión del padre no le gustaba para nada. Tampoco se refirió a la experiencia del día anterior y él no sabía si era buena o mala aquella circunspección.

***

Cuando su padre eufórico, abrió la puerta trasera de la camioneta, sintió que le temblaban las piernas La criatura estaba dentro de una jaula para gatos y había crecido. Tenía una longitud de cerca de cuatro pulgadas y los miraba mientras agarraba con sus extremidades delanteras la parrilla que hacía de puerta. Adoptaba una postura homínida. Era blanco como la leche y tenía unas orejas grandes. Sus facciones grotescas se movían gesticulando mientras emitía sonidos guturales.

-¿Estás seguro de lo que estás haciendo, papá?-inquirió.

Ningún razonamiento pudo contra la voluntad de ese hombre que siempre había hecho lo que le venía en gana. Por explicación dijo que tenía curiosidad científica y él se mantuvo callado y enfurruñado, mientras el jefe de la casa le daba las instrucciones al matrimonio sin hijos que cuidaba la finca. Asintieron a pesar que tenían tiempo de no cobrar, porque necesitaban un sitio dónde vivir.

Días después vio que pues su padre se dirigía con urgencia hacia la estancia del bichito. Había crecido y forzando la jaula se escapó. Asaltó a animales del lugar, matando a algunos perros, e hiriendo a otros que tenían como particularidad collar color rojo. Cuando su padre se lo contó, pensó que a lo mejor tendría complejo de toro.

La siguiente vez que vio a la criatura, tenía más o menos el tamaño de un perro grande. Le hicieron una jaula más amplia y fuerte, que colocaron cuidadosamente dentro de la casa por muchos motivos, el más importante de todos, para protegerlo de la posible venganza de los perros.

Su padre comentó que ingería muy poco alimento y tenía que ser carne cruda, que no se explicaba cómo crecía tan rápido, si casi no dormía. Si tan sólo tuviera algún veterinario de confianza, lo llevaría para tener una perspectiva científica del asunto. En eso el chico se acordó del profesor de la universidad al cual llamaban El Científico Loco, más por su aspecto que por sus raros experimentos en materia genética.

El hombre observó fascinado la criatura, que también lo miraba con detenimiento. Ya sus vigilantes habían enterado a su padre que, desde su rincón, observaba la televisión y a veces, daba la impresión que repetía los sonidos que escuchaba en la programación. Casi no cabía en la nueva jaula y los sirvientes dijeron que si lo mantenían dentro de la casa, era muy posible que no provocara problemas, ya que últimamente tenía un buen comportamiento.

Cuando el joven volvió a verlo quedó sin habla. Tenía casi su estatura. Daba la impresión que de ser un oso erguido en dos patas, debido a su corpulencia. También se expresaba con palabras, un poco confusas pero entendibles y hasta había ayudado a los sirvientes en problemas domésticos con ingeniosas soluciones. En una ocasión había abierto y observado largo rato la podadora de césped dañada y luego como por arte de magia la reparó.

***

Al rato comenzó a ver otros canales de televisión, y tomó todo lo que podría leerse en aquella vivienda. Sus ansias de lectura era realmente voraces y ya no tenía ningún problema con la comunicación oral.

Según su padre era tiempo de dar el siguiente paso. Le contaron todo a su madre, la cual los observaba con los ojos muy abiertos y con una mirada que les hacía sentir que estaban enloqueciendo. Una vez pasada la conmoción inicial, la mujer quedó imbuida en los planes del progenitor. Pudo darse cuenta de lo genial, carismático e ingenioso que era aquel ser.

La familia que le había dado cobijo a la criatura, fue durante mucho tiempo parte del más exclusivo club elitista del país, gracias a una acción que le dejó el abuelo al morir. Pero ya no asistían, porque la fortuna que les dejó el anciano fue despilfarrada por su padre con la solícita ayuda de su madre, en compras, viajes, negocios ridículos y pretensiones políticas. La enorme casa poco a poco fue desvalijada por sus nuevos dueños, que vendieron a precios irrisorios valiosos objetos de arte. También clausuraron aposentos para que la limpieza se hiciera más fácil y económica.

–Ese es un lugar donde debes fingir que te va bien, si es que no es así. Si no, te tratan mal-le decía su padre refiriéndose al exclusivo club.

Y ahora, con la asesoría de su progenitora, tenían la forma de conquistar el éxito. Había que actuar con rapidez. Decidieron llamar Coky a la criatura, evocando su origen y consensuando que se oía chic. Pero se hacía necesario insertarlo en sociedad. Para ello ya contaba con una piel blanca que, de paso, le abriría las puertas de la yeyesada exclusiva del club y otros círculos no menos elitistas.

-¡Pero es demasiado blanco!-protestó el joven.

-Nada que no pueda remediar un buen bronceado-dijo la sabia madre que virtualmente se había convertido en la asesora de imagen de Coky. Sus padres nunca se habían puesto de acuerdo tan rápido para asuntos que le beneficiaran como su hijo, todo lo contrario: si llegaban al mismo acuerdo, era para inflingirle algún castigo o reprimenda.

Recordaba el muchacho que, en una ocasión, Coky se quedó dormido mientras se bronceaba, y al despertar, se vio cual camarón cocido, arremetiendo contra su propia imagen en el espejo con furia irracional. Concluyó que, definitivamente, el color rojo no era de su predilección, excepto el rojo sangre.

Y así, le hicieron la cirugía para reducirle las orejas. Los labios eran muy finos, a pesar de ser el límite de su bocaza. Le fueron rellenados con colágeno hasta alcanzar un ancho normal. Le delinearon los ojos con maquillaje permanente. Como era totalmente calvo, se las ingeniaron para ponerle en todo el cuero “cabelludo” insertos de cabellos, que la asesora insistió debían ser rubios. Y le tatuaron cejas falsas. Con todos estos procesos se enteraron que su sangre era de color azulado. Su padre entonces expresó:

-¡Qué lástima que no podamos mostrar esto a los aristócratas criollos: un verdadero sangre azul!-algo que expresó con tanto orgullo, que el muchacho estuvo a punto de sentir celos de la criatura. En medio del entusiasmo de su familia, él había regresado a su rutina de estudios, aunque a ellos parecía tenerles sin cuidado.

***

Pensaban que iba a ser difícil que Coky bajara de peso, ya que apenas comía y se mantenía corpulento. Una amiga íntima de su madre opinó que si lo único que bebía era soda, era bueno administrarle la de dieta. Pero para esto su madre también tenía la solución: si vistes elegantemente, no se fijarán en tus defectos .

Le enseñaron urbanidad, a bailar congo, tamborito, y otras costumbres que consideraron de real interés en el desenvolvimiento de su imagen pública, como poner gesto de profunda fe en los actos litúrgicos, aun cuando se estuviera aburriendo.

El jefe de la casa, muy dado a experimentar, un día colocó aguardiente en la soda de Coky y la criatura enloqueció dándose con las paredes a tal punto que tuvieron que atarlo de pies y manos. Fue la primera riña por desacuerdo entre sus padres por el tema de Coky. Al día siguiente la criatura lucía normal, aunque bebió más soda que de costumbre.

El Científico Loco anhelaba hablar a solas con el universitario, para tocar el tema de Coky. Le conversaba de cosas complejas como vejez prematura, la tendencia de género, evolución y otros, que verdaderamente no le interesaba saber por estar complicado con sus obligaciones académicas.

El equipo pro Coky seguía trabajando en la formación de la criatura, dotándole de toda la literatura posible para su acervo cultural y permitiéndole observar la televisión en horarios inimaginables.

Cuando por fin le dejaron usar la computadora, su dependencia del Internet se volvió adictiva y absorbía todos los conocimientos de manera extraordinaria. Era tan hábil que, con su segunda lectura de libros de hacienda pública, ya le enseñaba al amo cómo evadir impuestos sin mayores consecuencias.

A pesar de toda la operación de pulimento, el muchacho tenía la certeza que Coky se estaba escapando en las noches, a juzgar la mortandad de perros desatada en el vecindario, los cuales amanecían sin entrañas. No obstante, también sabía que sus padres se hacían los de la vista gorda.

Un gran amigo del jefe de familia, escritor y antropólogo, se encargó de crearle una biografía que se derivara de alguna rancia ramificación genealógica no verificable, localizada en un remoto país de Europa; de tal forma que se sublimaran sus orígenes y nadie imaginara siquiera su pasado y presente criminal. Además le inventó títulos académicos en reconocidas y lejanas universidades. Otros contactos menos científicos, se encargaron de darle una identidad legal con papeles y todo.

***

Al muchacho le parecía increíble cómo Coky, un ser que nadie sabía de dónde había venido, se hizo en corto tiempo de un grupo de personas que le otorgaban gran parte o la totalidad de su tiempo libre y le mariposeaban alrededor viendo y supliendo sus necesidades como si fueran manzanillos.

En el segundo que mostró una apariencia normal, lo sacaron del alejado cuarto de la casa en que estuvo confinado e interactuó con las amistades del chico y otros visitantes de la casa.

Tenía Coky la habilidad de ganarse la simpatía y confianza de todos, jóvenes y adultos, con salidas ingeniosas, comentarios acertados y chistes. El liderazgo que mostró tener en su entorno era incuestionable. Después de observar unos videos de oratoria, manejó diestramente la técnica. Siempre decía la frase exacta en el momento exacto.

La familia había invertido muchos recursos en Coky, a tal punto que estaban haciendo planes de vender la casa para adquirir una más modesta, sobre todo ahora que con el desarrollo de un megaproyecto, los terrenos estaba siendo requeridos para construir rascacielos.

Con algunos contactos lograron que se presentara dando opiniones en los medios de comunicación, especialmente televisivos, a fin de que comenzara a ser una cara familiar y no perdían oportunidad de que se acercara para prestar ayuda en áreas donde ocurriera algún desastre, especialmente si eran sectores populares y había cámaras en derredor.

Cuando Coky estuvo listo, fue presentado a todo aquel que no lo conocía. Además, hizo acto de presencia ante aquellos millonarios que financiarían su campaña política y a cuyos intereses respondería cuando estuviese en el poder.

Los partidos políticos, tanto de gobierno como de oposición, mandaban emisarios para reunirse con Coky y sus asesores con la finalidad de hacer alianzas electoreras. Pretendían asegurarse su parte en la repartición del pastel, ya que las encuestas arrojaban resultados que lo proyectaban, sin lugar a dudas, como el vencedor para los comicios.

Aquel fenómeno presidenciable dejaba pálidos a los más diversos públicos con su retórica y se había asegurado la mayoría de los votos, fingiendo ser una real alternativa para solucionar los problemas sociales de la población.

El joven universitario vio con desencanto cómo su familia, amigos y conocidos ni se enteraron que había concluido con éxito sus estudios superiores. Estaban, al igual que la ciudadanía en general, hechizados con el show mediático. Coky se desplazaba sonriente y seguro sobre una enorme tarima y ante la magna concentración de música, pancartas y banderas: en breve iniciaría su discurso de cierre de campaña.

Sentado ante el televisor miraba el acto político, mientras saboreaba un jugo de piña y disfrutaba repitiéndose:

-El próximo presidente… ¡Y pensar que era del tamaño de un insecto y llegó en una lata de cocacola!-.

FIN.

04.06.2008



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Agosto 2006