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Opinión

Panameños:
Entre excusas paralizantes y saludos pesimistas

Ileana Gólcher
igolcher@gmail.com

El inicio del año es propicio para reflexionar sobre nuestra forma de enfrentar un mundo en crisis, con noticias poco halagadoras que, lejos de motivarnos a la acción y la creatividad, nos retraen y nos sitúan en la clásica actitud del avestruz: mejor esconder el cuello y esperar a que la tormenta pase.

Cuando se presenta un proyecto creativo o una idea innovadora, por lo general pronunciamos frases paralizantes que alejan la idea innovadora. Se le rechaza de antemano, incluso antes de ser analizada si conviene o no adoptarla o adaptarla al país, a la empresa, a una institución o a nuestra vida cotidiana.

En la práctica se usan para inhibir, para impedir, retrasar, colocar en la gaveta ideas y proyectos, y postergar decisiones. De hecho, nuestro coeficiente de invención y patentes es uno de los más bajos del continente: 1.06% por cada 100.000 habitantes. (Senacyt 2003:115). Tienen una estrecha relación con la baja autoestima, la dependencia y el concepto que cada quien posee de sí mismo y de los demás. Son patrones de conducta inculcados desde el hogar, se refuerzan luego en la escuela, y los medios de comunicación se encargan de reforzarlo a través de la publicidad y de una variedad de estrategias. Algunos sociólogos consideran que el fenómeno del transitismo, que vivimos por cerca de cien años, consolidó una cultura de la dependencia.

Frases suicidas: Esta situación ha colocado a Panamá en una especie de país en “lista de espera” o de piloto automático, ante los desafíos de las nuevas tecnologías y los avances de la ciencia, la tecnología, y de la globalización;

Los panameños postergamos tomar decisiones; se prefiere concertar fechas; muchos estudios, decenas de diagnósticos, pocas ejecuciones: Los gobernantes, los directores, los ministros, los ciudadanos en general, padres y madres de familia más temerosos de enfrentar retos y aprender de los errores y aciertos, optan por evadirse, por conformarse y por decirle NO a todo. Esta actitud derrotista explica con claridad por qué ocupamos siempre el último o antepenúltimo lugar en la marcha acelerada del cambio. Por supuesto los intereses políticos son otro factor de desequilibrio.

Es así como al revisar la lista del ingreso de Panamá a la telefonía celular, el uso de la televisión por cable, el ingreso a la Organización Mundial del Comercio, la aplicación del Libro Tercero del Código Procesal Penal, la educación inclusiva, la Constituyente , los derechos de las minorías étnicas, el derecho al voto para las mujeres, el Tratado de Libre Comercio, el sistema de pesos y medidas, y decenas de iniciativas más, siempre ocupamos un sitio preocupante.

Surge un nuevo proyecto: Repasemos las frases más escuchadas: “Es una locura”; “No se acostumbra”; “No te arriesgues”. “Nadie lo ha hecho antes”; “No va a funcionar”; “No tenemos personal”; “No entra en el presupuesto…” “¿Y eso qué tiene de nuevo? ” ; “Va a costar una fortuna”; “No es necesario es este momento”.; “No estamos preparados”; “Esa idea ya se probó en otro país y fue un fracaso”; “Los jefes no lo van a aceptar”; “El manual no lo menciona; “La ley no lo permite; “Una sola golondrina no hace verano”; “Hace falta primero que…”; “Dedícate a vivir sin problemas”; “No levantes olas”; “Este país no lo compone nadie”.

“Cuesta un ojo de la cara”; “No se puede”; “Es gastar pólvora en gallinazos”; “Vamos a crear una Comisión”; “Nombraremos una Comisión de Garantes”; “Necesitamos algo menos atrevido”; “Nos acusarán de insubordinados”; “No es tu problema”; “Eso lo tiene que atender otro departamento” ; “¿Se le habrá ocurrido algo así a la competencia? ”; “Demasiado simple para ser bueno”; “Jamás encontrarás patrocinadores”; “Seamos realistas…”

“Hace falta (a, b, o c) ”; “Se reirán de nosotros”; “Mejor espero a que otro lo proponga”; “¿Y tú crees que los clientes pagarán? ”; “Eso es una locura”; “Somos un país pobre”; “No podemos darnos el lujo de fracasar”; “Eso no es rentable”; “Tiene más desventajas que ventajas”; “¿Tú piensas vivir de eso? ”

“¿Cómo reaccionará la competencia? ” ; “Estoy muy viejo para eso”; “Quedaré como un tonto si fracaso”; “Es como arar en el mar”; “¿Estamos realmente listos para esa idea/ propuesta? ”

Y, finalmente, no puedo dejar de mencionar los saludos de “casi todos” los panameños” que son el equivalente a vernos siempre en letras minúsculas, en blanco y negro, una especie de “síndrome del padrino” para que otros nos solucionen los problemas .

Recordemos: “Bueno… aquí en la lucha”; “Bien, por lo conforme”; “Medio medio… “Llegando a real”; “Aquí como cuando tú eras pobre”; “Tratando;

“Me queda sólo un año para jubilarme”; “Esperando a que baje la marea”.

“Estás más delgada”; “Viendo los toros desde la barrer”a; “Sobreviviendo”; “Aquí… respirando”. En fin… la lista es larga y penosa.

Urge, entonces, la necesidad de promover una cultura del optimismo, de la innovación, del pensamiento crítico, de un sistema familiar y educativo que inicie y se comprometa a modificar las estructuras arcaicas que nos colocan en el último vagón de la historia. Sólo así comenzaremos a vencer el miedo a aprender a emprender.

La autora es docente e investigadora.

27.01.2010



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Agosto 2006