| ¿Panamá tiene futuro? “Doesn't have a point of view, knows not where he's headed to,
Isn't he a bit like you and me?” -- “ Nowhere Man ”
The Beatles (1963) Kevin Harrington
Especial para Panamá Profundo Demasiados forjadores de opinión rasgan vestiduras sin analizar qué hay en el fondo del creciente desmoronamiento del orden en nuestra vida cotidiana; en particular una presentadora de televisión que muestra el tranque nuestro de cada día amenizado por chillidos acerca de la ilegalidad que conlleva ésta visualización de un lento pero seguro deslice del país hacia el caos. Sin resaltar el mal-ejemplo que da el gobierno, al no observar los mecanismos legales que habrían evitado la molestia en el fondo de tales tranques. Porque, si el propio gobierno no cumple su obligación bajo la Ley , ¿cómo culpar a la ciudadanía por tampoco hacerlo? Hay temas que afectan a un gobierno que “invierte” $72 mil diarios que los periodistas (y en particular la presentadora de marras) simplemente no tocan. Además circula la carta de renuncia de su anterior subdirector que documenta la censura y auto-censura en el diario de mayor circulación. Preocupa este sesgo a favor de un silencio cómplice con el afán gubernamental en lograr que el panameño deje de pensar en nuestros problemas sociales, y que pierda la perspectiva sobre los hechos que presenta nuestra realidad. Mientras el Presidente “anda en lo suyo”, la oposición tampoco cumple su función de contrapeso a los desmanes de sus compañeros coyunturalmente al bate frente a la piñata pública -- ¡y menos cuando juntos andan absortos en ese derroche que convierte al proceso electoral en el verdadero “deporte de los reyes”! El resultado es un país al garete (y sin ánimo de corregir rumbo). Cabe enfocar el impacto de ello en una juventud que se levanta carente de todo ideal no cuantificable en dinero. Nuestra generación de relevo esta hoy mejor informada que nunca, pero bailan al son que le tocan los mercaderes de marcas, de todo desde la comida hasta la ropa hasta la música popular que viene a sustituir inclusive a los medios en informar su opinión. Además de la publicidad en los medios históricos, la distribución gratuita de revistas en extraordinarios colores les abre el apetito por lo mejor que ofrece el mundo moderno. Pero su mundo espiritual constituye un verdadero desierto. Olvidándonos de lo estrictamente religioso, los valores que se les presentan se limitan a cómo obtener el dinero para costearse las comodidades que se le enrostra de forma saturante. ¿Cómo culparles por tal relativismo, si sus mayores se hacen de la vista gorda cuando ello ocurre en las esferas oficiales? Quienes entramos en el otoño de la vida olvidamos que hoy día nuestra juventud navega sin brújula en un mar picado. En nuestra propia primavera la vida que se nos abría era mucho más previsible, por estar guiada por la tradición, las costumbres, y el modus vivendi de nuestros padres. Hoy día a los muchachos se les abre un abanico de alternativas muchísimo más amplio, más cambiante, más confuso, y mucho menos previsible. Les aterra en particular el no poder divisar en el horizonte la respuesta a la incógnita de cómo han de sobrevivir en un pequeño país, que en desorden no podría mantener a más de un millón de habitantes en el nivel de comodidades a que aspirarían (y ya vamos por tres millones). Les desconcierta en particular el saber que, aún cuando se superen en esa tradición de educación formal que heredamos de vecinos norteamericanos, mañana “no habrá cama para tanta gente”. Pero cantidad no es calidad. Como bien apuntara doña Rosario Arias de Galindo sobre la ausencia de una educación que, a la usanza de los antiguos griegos, debiera forjar buenos ciudadanos más que simples artesanos en tecnologías de punta, lo que aquí llamamos educación conlleva a esa carencia de un sentido de solidaridad que simplemente reflejan nuestros comunicadores sociales. El autor es traductor profesional. |