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Opinión

Quién encabeza la fila de los buenos, pregunto...

Ricardo Stevens
rstevens@cwpanama.net

Él es una persona trabajadora, que le mete al trabajo con algo más de entusiasmo y tiempo que los demás que nos ocupamos en hacer, por eso se distingue y se le reconoce; también es honesto y cree que sí se puede, pero es consciente que abundan los que sencillamente no quieren hacer las cosas de la mejor manera; y me afirmó, quizás cediendo, muy a su pesar seguramente, a la poderosa corriente que nos arrastra, «No hay fila de los buenos; si sí, dime dónde está». 

   ¡Quién se lo hubiera imaginado!, pero mi amigo tiene razón. Él ve la sociedad en que todos vivimos, donde se han relegado los valores del trabajo, la honestidad, el respeto a los demás y la solidaridad genuina, que creímos cualidades robustas y eternas, que han sido trocadas por lo contrario, que se presentan como auténticas virtudes: la deshonestidad, el juega vivo, la coima, la explotación miserable y sin reparos, que en poco, si algo, se distingue del asalto en despoblado, el sálvese quien pueda, la burla a los pobres y a la pobreza, que son las nuevas modalidades y reglas que el régimen impone a todos, donde todo se reduce a saber cómo se hace el billete grueso, rápido y fácil, que todo es negociable: de esto se puede sacar plata, se apunta, y de esto otro, fíjate, también, que pague y si no puede que se joda, que lo pagará otro; y así nos llevan por donde todo hay que pagarlo, a los más increíbles precios, aunque por lo que a duras penas se pague no valga la paga que se hace, pero no interesa, que lo que importa es que siempre habrá quien reciba un pago, por tramposo que sea el cobrador. 

¡Ah! Lo de la fila de los buenos. ¿Quién estará en ella? ¿Quién la liderará? 

Nadie creería a un honorable diputado que respondiera «En esa fila que buscas, la de los buenos, estoy yo». ¿Podríamos todos creerle a cualquier juez o jueza, a cualquiera de ellos, que diga «Síganme los buenos...» Podría nuestro buen presidente, pregunto, que tiene como ingreso salarial declarado una paga mensual de B/ 4,000.00, menor que otros funcionarios, si lo son, en la planilla de la presidencia, asegurar «Yo soy ése que buscan. De los buenos, el primero». 

Y si como el poeta, revolviéramos la mirada, y rebuscáramos al frente de las aulas de clases de nuestra juventud, o entre los que van a misas y a cultos, entre los que nos organizan campañas de civismo, entre los de la oposición política que critican, ¿a quién de entre todos ellos pudiéramos señalar, en este valle del sálvate tú primero y tu después, y decir sin vacilación, ése sí, ese es el buen pastor? 

No se equivocan los que, como recordando un pasado muy lejano, siguen sosteniendo que los buenos somos más; es que lo somos, y muchos estamos en filas, es cierto, pero éstas son dirigidas o, cuando menos, teñidas gravemente por los que creen tenerle la medida a Dios. 



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Agosto 2006