Soberanía alimentaria ¡ya!
Por: Kevin Evandro Sánchez Saavedra
Antropólogo social
antropopana@yahoo.es
¡Libre mercado! es el "soundtrack" glocalizado más pegado y promocionado del "hit parade" del Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En palabras más comestibles, es "fast food" ofrecida por los bancos multinacionales a países del "tercer mundo" para exquisitamente elevarnos a la cumbre del desarrollo, cuyos supuestos máximos representantes serían los países del norte.
Luego de que el BM y el FMI aconsejaron por varios años a este país (y otros) que meneara su economía al son del libre mercado para así obtener una mayor eficiencia en la producción y distribución de alimentos, actualmente danzamos una disonante ola especulativa de precios y alza de nuestra pitanza (arroz, harina, aceite y otros).
¿Qué ha pasado? ¿Es una crisis alimentaria mundial la que nos afecta? ¿Se ha rayado el "soundtrack" del libre mercado? ¿Acaso no podría decirse mejor que el libre mercado ha causado estragos al centro mismo de nuestras necesidades autodeterminantes más básicas: la capacidad de alimentarnos? ¿Y por qué no? Se supone que el libre mercado abarataría los costos de los alimentos básicos de consumo nacional. Sería el mercado internacional el que nos mantendría llenitos y contentos.
No es casual que de forma alterna haya surgido otra propuesta más movida: soberanía alimentaria. Sugerida por organizaciones de la "sociedad civil", a finales de la década de 1990, preocupadas por el destino de la producción nacional en cada país del mundo. Por dejar a merced el meneo económico y la alimentación a un mercado internacional dominado por un puñado de países económicamente poderosos, que no paran de subsidiar a sus productores y promover sus empresas transnacionales agrícolas y de fertilizantes.
En el fondo, la tan sonada crisis alimentaria mundial es pura especulación financiera (tanto en semillas como en fertilizantes). Durante el 2007, la producción agrícola mundial estuvo por encima de todas las anteriores. En realidad, se produce suficiente alimento en el mundo. Sin embargo, la mayor parte de la producción es utilizada para consumo animal y cada vez más para biocombustibles mediante cadenas industriales a gran escala. Esto beneficia a inversionistas por encima de las necesidades alimenticias de la gente.
No podemos dejar nuestra seguridad alimentaria nacional en manos de especuladores transnacionales. Es urgente un cambio en nuestra política alimentaria. Muchos países productores en desarrollo lo están haciendo. Están fortaleciendo aún más el sector agrícola, deteniendo sus exportaciones y frenando la importación de productos agrícolas, para producirlos de forma interna.
En ese sentido, debemos pensarnos bien nuestras contorciones y coqueteos con el libre mercado. Mejor soberanía alimentaria. ¡Ya!