Un golpe más
Amarillys Taylor Schwander
Médico Cirujano
El Panamá América
3 de mayo de 2009
Nada me sorprende en lo que concierne la administración de justicia, o más bien de injusticia del desgobierno actual. Como decía mi abuela, "ya estamos cochados" por todo lo que pasa y ha pasado durante años en nuestro pobre y sufrido país. Por esa razón no me ha sorprendido nada que jueces corruptos, alentados por sus jefes, juzguen y condenen a un periodista cuya única falta fue hacer periodismo investigativo en el cumplimiento de su deber, que es informarnos de lo que sucede, de las fallas de nuestros gobernantes del momento y, sobre todo, de los abusos que cometen sirviéndose de dineros que no les pertenecen.
Los magistrados de la CSI (corte suprema de injusticia, como le llamo yo), a pesar de lo que ellos creen, no están por encima de la ley y sus fallos no deben ser inapelables. Esto es claramente uno de los muchos errores plasmados en nuestra Constitución (de 1972, es decir, de la dictadura) que los ciudadanos debemos corregir al formular una nueva Carta Magna próximamente.
Es un ultraje a la inteligencia de los panameños decentes, la mayoría que no pertenecemos ni hemos pertenecido a ningún partido político, el fallar de esta forma tan injusta como fuera de lugar.
Se trata, entonces, de castigar a una persona, miembro de un gremio, perseguido en todas partes del mundo, cuando escribe verdades, cuando no se conforma a los deseos de los poderosos; en fin, cuando intenta hacer su trabajo. Este me parece un primer paso en un intento de volver a los desmanes de la dictadura castigando duramente a un inocente, pues hay pruebas fehacientes de que no hubo violación de domicilio.
De todas maneras, cuando todos sabemos que aquí los que roban millones se pasean ufanos en las calles, algunos fingiéndose enfermos; otros, parientes de altos funcionarios, cuya culpabilidad destruyendo al medio ambiente fue ampliamente demostrada, condenados a cumplir penas que no están cumpliendo, entonces, ¿de qué justicia estamos hablando? ¿Dónde están los verdaderos jueces, los imparciales, los que dan fallos según las pruebas que se les presentan y no porque un jefe, cuya credibilidad está en entredicho por todos sus fallos escandalosos, les ordena burlarse de la ley y la justicia?
Conciudadanos, este es un golpe más a nuestras libertades, sepamos defenderlas, manifestando, hablando, frente a un sistema político corrupto por la partidocracia y los políticos que se creen nuestros nuevos amos.