Ayiti, así es como llaman los haitianos a su país
El racismo está a la orden del día y de la noche, sin tiempo para respirar, su estela de muerte y desolación avanza y se consolida en todos los rincones del planeta. En este mundo tan desigual, los pueblos negros e indígenas son presa predilecta de la monumental ignorancia sobre la cual se levanta el monstruo del racismo.
Racismo político, racismo económico, racismo religioso, racismo cultural, racismo racial… todos los tipos de racismo se concentran y se ensañan contra las poblaciones negras e indígenas.
Colón o Bocas del Toro en Panamá, Bluefields en la Costa Atlántica de Nicaragua, África en el mundo al igual que Ayiti en el Caribe, son sitios que muestran el racismo que carcome hasta la médula nuestras sociedades.
La historia de esclavitud, explotación, opresión y saqueo que durante siglos ha sufrido la población negra de Ayiti se extiende hasta nuestros días… Hasta el día del terremoto devastador y la subsecuente devastadora política intervencionista de las prepotencias mundiales que hacen su despliegue de fuerza militar y de fuerza económica.
Ayuda humanitaria enteramente militarizada y enteramente instrumentalizada por los mismos colonialistas y saqueadores de siempre, siempre dispuestos a aprovechar desastres “naturales” o provocados por el ser humano para sacar pecho, levantar y plantar banderas.
Una “ayuda humanitaria” envenenada de mezquinos intereses económicos, políticos y militares. ¿Qué papel pinta en la crisis de Ayiti la Comunidad Internacional , si el gato bravo del barrio, por encima de las Naciones Unidas y de la misma Comunidad Internacional, impone su presencia militar y política sacando fruto del árbol caído?
Loable y triste papel el que le toca jugar a la genuina ayuda internacional que se ve compelida a actuar al margen del clamor y alarido del pueblo haitiano, para actuar según los dictámenes encausados por la prepotencia de los poderes económicos, políticos y religiosos.
“Sola
ay estoy sola
Llevé triunfalmente mi cosecha maravillosa
pero los laureles que mueren tienen otro aroma
el aroma desesperado de los adioses sin rencor
se mezclan tanta aspereza y tanta suavidad
que no he remplazado mis pobre flores marchitas.”
Jeanine Tavernier-Louis (Poeta haitiana)
Colectivo Panamá Profundo
20.01.2010