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Palabra andante

Cinta Costera y nueva vialidad

Como casi todas la obras del gobierno de Martín Torrijos, la cinta costera -bautizada popularmente como “cinta coimera” o “cinta costosa”-, fue decidida al margen de la participación ciudadana. Hacer las cosas, como si fueran dioses infalibles y visionarios, es una de las manías de los megalómanos del poder.

Las fundadas dudas sobre el costo millonario de la cinta costera -189.5 millones de dólares- son múltiples y justificadas. Son muchas las obras en el Ministerio de Obras Públicas (MOP) que dejan un sabor amargo. Fondos públicos, paradójicamente, usados y manejados de manera privada por mandamases de turno. Son múltiples las deficiencias y las graves fallas en las obras encargadas y/o supervisadas por el MOP; adendas, vericuetos y entuertos en la tramitación, aprobación y ejecución de varios contratos de concesión, se suman a los favores, prebendas y exoneraciones millonarias, siempre a favor de los concesionarios.

189.5 millones no se fuman en pipa… por lo que vemos y oímos, nos quedan muchas dudas de que esa cinta cueste lo que dicen, ¿cuánto de esos 189.5 millones se habrán fumado con la cinta?

Sin duda, la cinta costera es un lavado de cara… un maquillaje al corazón financiero de la ciudad de Panamá. Un “cuento chino”, como acertadamente plasmó, en excelentes 12 dibujos -como si fueran las estaciones de un vía crucis- una reconocida pintora en Panamá. Todo maquillaje, y la cinta costera no es la excepción, debemos analizarlo en su contexto. Panamá tiene muchas prioridades, todas ellas más importante que la cinta costera.

En gran medida, la terrible problemática del congestionamiento vehicular en Panamá es el resultado de la pésima desplanificación urbana que ha contado con el beneplácito de distintos gobiernos.

La avaricia y el lucro a raudales impregnado en la burbuja inmobiliaria de la construcción son la base del desastre que margina y pisotea la calidad de vida y los derechos ciudadanos de la exigua ciudad de Panamá. La cinta costera no pasa de ser un maquillaje costosísimo que intenta ocultar y disimular el caos y la barbarie que prevalecen en una ciudad configurada enteramente al servicio de la industria y la “cultura” del automóvil.

Una exclusiva cinta costera de punta, para el exclusivo sector de Punta Paitilla y Punta Pacífica. Cinta para los estacionamientos del Miramar, para su flota de yates, y también para la flota de otros yates, los del, también exclusivo, Club de Yates y Pesca de Panamá. Como parte del maquillaje y los “cuentos chinos” autos y ciudadanos de otros sectores, también podrán pasar y pasear por la cinta costera.

¿Cuándo legará el día en que se usen los fondos públicos de manera pública para el bienestar de las mayorías? Cuándo se invertirá pensando, primero, en el ciudadano de a pie? ¿Cuándo daremos prioridad a las prioridades? ¿Cuándo dedicaremos los recursos públicos a la construcción de aceras dignas para que la gente pueda caminar dignamente en una ciudad digna? ¿Cuándo voltearemos a ver las barriadas periféricas y céntricas, -como Calidonia, Veranillo, Holywood y Curundú- que se ahogan en la inmundicia de las aguas servidas, la basura, la droga y la violencia, todo, a pocos metros y minutos de la cinta costera?

La primera responsabilidad de los males que, recaen como pesado yugo sobre el pueblo de Panamá, la tienen las autoridades gobernantes. Los funcionarios mediocres… los de las “clave cutarra”, ahora, como la Cucarachita Mandinga , se lo han gastado en “cinta” con la esperanza de que los saquen a bailar.

Héctor Endara Hill
hector@panamaprofudo.org

29.06.2009



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Agosto 2006