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Palabra andante

La ladronería de los diputados no tiene límite

Hay que reconocer que a los diputados les sobra genialidad para la estafa, el robo y la corrupción. En medio del proceso de transición para unos, depresión para otros, los diputados -junto a sus secuaces asesores- idearon ampliar el rosario de privilegios que los protege y los cobija en su mar de corrupción.

La intención de legalizar el cobro de dos meses de salario sin trabajarlos para los diputados, alcaldes, representantes y el presidente; además de ser una gigantesca inmoralidad, también fue un maquiavélico mecanismo de distracción. Mientras la opinión pública concentraba sus ataques en el botín de los “dos meses de salario sin trabajar”, los diputados –TODOS- aprobaron, en tercer debate, otro artículo para beneficiar a los que fueron presidente de la Asamblea. Con dineros del pueblo se pretende pagar guarda espaldas particulares durante cinco años a los ex presidentes de la Asamblea. En los medios se ha dicho que este privilegio tiene nombre y apellido: Pedro Miguel González, aunque cobije a otros.

Toda corrupción es posible en la dimensión de la partidocracia panameña. Este es el denominador común que igualan a los diputados de todos los partidos, principales y suplentes, y los hace promotores y cómplices del empobrecimiento y la miseria en que se debaten cientos de miles de panameños.

Urge la construcción de una ciudadanía organizada, en donde las comunidades básicas, del campo y la ciudad, sean los protagonistas y responsables de acciones contundentes, no violentas, enfocadas en transformar el actual sistema de injusticia y corrupción que impera en el país. La participación ciudadana, al margen de las ONGs y Asociaciones domesticadas por el sistema, tiene el reto de abrir trocha y marcar los pasos de la nueva sociedad, con nuevas estructuras, que sólo serán conformadas por mujeres y hombres nuevos.

Colectivo Panamá Profundo
contacto@panamaprofundo.org

29.05.2009

La Prensa 29 de mayo de 2009
Hoy por Hoy

Estupor, indignación, desprecio y vergüenza son algunos de los tantos sentimientos de repudio que compartimos la gran mayoría de los panameños, al enterarnos ayer del nuevo acto de “juega vivo” con que se autobenefició una garrulilla de diputados, con el beneplácito de la mayoría de la Asamblea. ¿Por qué nuestros impuestos tienen que sufragar los gastos de seguridad personal de ex funcionarios del Órgano Legislativo? ¿Cuándo llegará ese día en el que tengamos diputados que hagan leyes para beneficio del país y no para provecho de sí mismos? No conformes con los privilegios que han gozado durante estos cinco años, ahora pretenden ser una carga por cinco años más. Sería inaudito que el presidente, Martín Torrijos, sancionara este atropello.



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Agosto 2006