Panamá: De las partidas circuitales, al FIS.
De legisladores a diputados.
¿Qué carajo tiene que hacer un diputado o legislador metiendo sus narices en la construcción de veredas, carreteras, acueductos, centros de salud, escuelas, parques, capillas, iglesias, gimnasios, cuadros deportivos y otras miles de actividades que, en propiedad, le corresponden a entidades gubernamentales establecidas para esos fines? La respuesta está dada por los hechos y la realidad cotidiana de la corrupción que carcome enteramente los tres poderes del estado panameño.
Con el cuentito de las “partidas circuitales” se trataba de disimular, lo que no era más que un bolsón de corrupción de los legisladores y el poder ejecutivo. Partidas circuitales buenas para estafar a la población y buenas para comprar conciencias y realizar todo tipo de amarres politiqueros. Desde las nefastas “partidas circuitales” se realizaba un chantaje multidireccional: desde ejecutivo hacia los legisladores y desde los legisladores hacia las comunidades…
Si los legisladores obedecen, obtienen sus partidas; si las comunidades obedecen, las migajas fluyen a cuenta gota. Una carretera aquí, un parqué allá, una capilla, un aula de escuela, un muro, un paso elevado, un acueducto o la restauración y la pintura de la iglesia. Así funciona el sistema y todos los poderes le hacen coro y le den su respaldo para que continúe así.
¿Qué pasa con las entidades gubernamentales facultadas para atender las necesidades comunitarias en materia de educación, obras públicas (veredas, caminos de penetración, carreteras, pasos elevados…), salud, vivienda y seguridad? ¿Por qué tiene que venir un legislador a agitar dineros del FIS para que se construya o se reparen las obras que les corresponden realizar a las instituciones gubernamentales?
La población se hartó del torbellino de la corrupción que representó las partidas circuitales, de la misma manera que se hartó del mismo torbellino de los legisladores. Los genios del sistema no se hicieron esperar, impulsaron la vieja táctica del “cambio” para que nada cambie. De las “partidas circuitales” pasaron a la implementación del Fondo de Inversión Social, FIS. Y los legisladores, cansados que los llamaran LEGISLADRONES pasaron a ser los diputados. Pero en uno y en otro robo, la corrupción continúo.
Toda la porquería que está saliendo en los medios de comunicación sobre el robo millonario de fondos públicos al FIS por parte de los legisladores representa una muy pequeña muestra de toda la corrupción y toda la podredumbre que ha ahogado el sistema neoliberal y su democracia restringida en Panamá.
Que las iglesias -todas- construyan sus capillas, restauren sus “monumentos”, hagan sus cercas, sus cumpleaños patronales y sus fiestas…
Que los ministerios de salud, vivienda, obras públicas y las instituciones gubernamentales que tienen que ver con el deporte, la cultura y el agua hagan su trabajo sin la ilegal, corrupta, ineficiente y chantajista intromisión de los politiqueros de turno enquistados en el poder legislativo.
Que los legisladores se dedique a LEGISLAR y no a saquear las arcas del Estado, que somos todos los panameños. Que los legisladores hagan leyes para el pueblo y no contra el pueblo. Que dejen de legislar para ocultar, disimular, engaña y embaucar a la población. Que los legisladores actúen en justicia y no motivados por la codicia y el afán de lucro INSACIABLE que los mueve y los motiva.
Que los legisladores dejen de ser los perros falderos del ejecutivo de turno y se conviertan en personas pensantes e independientes al servicio de la población.
Lamentablemente ninguno de estos deseos o llamados se pueden cumplir dentro del marco del actual sistema y de la manipulada y maniatada institucionalidad jurídica y el también manipulado y secuestrado estado de derecho en Panamá.
La inseguridad ciudadana, el alza en la canasta básica de alimentos, el desempleo, los robos y los crecientes crímenes y asesinatos no son frutos caídos del cielo. Este caos social es el resultado de un sistema de poderes enteramente corruptos y mancomunados. Los señores que controlan los poderes políticos, económicos y religiosos en Panamá han conformado, conciente o inconcientemente, un sistema que involuciona y se destruye a sí mismo. El estúpido propósito de concentrar, acaparar y acumular riquezas es la principal causa de la injusticia social que se vive en Panamá.
Esta enfermiza vocación de afán de lucro está marginando cada vez más el sentido solidario de la vida de los seres humanos y su indispensable relación con el entorno. La política como búsqueda del bien común… dentro del marco jurídico, político e institucional que tenemos en Panamá no es más que un sueño de opio. Aquí la política es lo que muestra la realidad de este y de los corruptos gobiernos anteriores.
Héctor Endara Hill
hector@panamaprofundo.org
Colectivo Panamá Profundo
22.01.2010