Murió Michael Jackson
Argenpress Cultural
Viernes 26 de junio de 2009
Acaba de morir un ícono de la cultura. Quizá algunos podremos no estar de acuerdo en términos estéticos con su propuesta. Podremos, quizá, –tal vez deberíamos– abrir una consideración crítica sobre el significado de su figura, del mercadeo de su producción, sobre el valor cultural de este producto de la industria disquera que él representó. Pero sin ningún lugar a dudas Michael Jackson tiene ya ganado un lugar entre los referentes culturales de fines del siglo XX y comienzos del XXI.
Tal vez estamos obligados a cuestionar –no tanto en términos estéticos sino, en todo caso, sociológicos, o políticos incluso– la compleja parafernalia de mensajes y entrecruzamientos semiológicos e ideológicos que su vida y obra significaron: ¿un negro “teñido” de blanco?, ¿un varón “recompuesto” con imagen femenina?, ¿un “paidofílico” símbolo de los tiempos actuales?
Sería tal vez muy reduccionista decir simplemente que su obra musical (sus canciones, su estilo de baile) fue el producto de un estudiado mercadeo de los monstruos intocables de la industria cultural (o del entretenimiento, como algunos patéticamente –pero con razón– la llaman). Sin dudas Michael Jackson es todo eso. Pero hay algo más.
El “rey del pop” es, en muy buena medida, el producto vendido por los hacedores de ilusiones que dominan la cultura de masas desde hace ya largas décadas, durante todo el siglo pasado, los que marcan las tendencias de moda, los que imponen esas tendencias. Por cierto: estadounidenses en su casi absoluta mayoría. Pero también es cierto que este negro-blanco, este varón-mujer, este descendiente de esclavos negros devenido multimillonario excéntrico (envidiado en ese aspecto por muchos negros y blancos) no ha pasado inadvertido. Así como muchos cantantes pop pasarán sin mayor pena ni gloria, todo indica que Michael Jackson probablemente será de los que queden como baluartes de nuestra cultura contemporánea, en esta compleja mezcla que nos arrojó el siglo XX donde conviven como íconos culturales imperecederos (con todo lo que ello pueda significar) un Jorge Luis Borges junto al Pato Donald, los Beatles y Picasso, un Federico Fellini y las películas con final feliz de Hollywood (siglo XX cambalache, sin dudas…)
El tiempo dirá si Jackson queda entre los grandes de la cultura. Todo indicaría, al menos viendo las repercusiones de su muerte, que es un ídolo de los grandes, de las grandes masas. Podremos cuestionar la llamada “música pop” como una moda más de las grandes corporaciones que nos hacen comprar todo, incluso lo más absolutamente innecesario. Pero la obra de Michael Jackson, sin dudas, algo de talento debe haber tenido. Si no, no se lloraría de esta manera su desaparición.