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Construyendo

No. 8 | Mayo - Junio - Julio de 1996

Editorial
25 años de la desaparición de Héctor Gallego

No se trata de rendirle culto a Héctor Gallego, esto sería ir en contra de él y de su trabajo. Héctor fue desprendido y radicalmente comunitario al entregarse a la causa y misión de Jesús, a quién encontró entre los más pobres de Santa Fe.

Ser seguidores de su trabajo, es estar junto a los empobrecidos, acompañándolos, apoyándolos en sus luchas por defender sus derechos; para no ser explotados y construir una vida digna. Para que sus niños y niñas no tengan que morir por hambre y de enfermedades curables, para que puedan ir a la escuela en vez de tener que trabajar de sol a sol.

Por supuesto que es más fácil hablar de él o rendirle culto, ya que esto no nos compromete en nada. Pero, continuar su obra como sacerdote, como cristiano o sencillamente como ser humano exige en nosotros, como personas y como comunidad, transformaciones profundas que no pueden ocultarse. Ser seguidores de Héctor Gallego en el Panamá de hoy, 25 años después de que lo desaparecieron, nos obliga a centrar nuestro trabajo de acompañamiento y apoyo, entre los sectores más humildes y marginados de nuestra sociedad.

El trabajo de formación auténtica, nos respeta y valora como personas, nos hace crecer, trabaja nuestro cerebro y nuestro corazón, limpia la maleza. Es una formación que prepara y cuida el corazón y la mente, como el campesino que trabaja la tierra, hasta sacarle frutos buenos. En la labor que realizó Héctor, el trabajo de formación de manera coherente, fue fundamental.

Ser seguidores de Héctor, nos obliga, entre otras cosas, a reconocer su forma de trabajo: su sencillez, su opción por los más humildes, su interés y manera de tratar los seres humanos, su persistencia en escuchar a la otra persona. Durante las reuniones de formación, Héctor era capaz de guardar silencio por un tiempo prolongado, para escuchar con verdadero interés, a los campesinos empobrecidos de Santa Fe, se comprometió con ellos hasta el punto de darles su vida.

Lamentablemente todavía hay entre nosotros, los que ponen el título por delante, y valoran a las personas por lo que tienen, ya sea en grados escolares o en bienes. El trabajo de formación auténtica apunta a nuestra conciencia como algo concreto que puede medirse; que hace de nosotros personas más educadas en el sentido que nos dice Santiago apóstol "Si alguien se cree sabio y bien educado, que lo demuestre por su bondad, y que su conducta sea un ejemplo para los demás."(3,13). Esta es la forma de medir la conciencia. Nadie dice: -Jó... que persona más consciente, porque tenga más plata, o use mejor ropa. Se dice que una persona es conciente por su entrega y preocupación por los demás.

En este sentido, el nivel de conciencia se puede medir por el nivel de organización. A mayor conciencia, mayor nivel de organización, y al contrario: a menor conciencia menos organizada está la gente. Sin mucho esfuerzo esto se puede ver en el trabajo que realizó el Padre Héctor en Santa Fe de Veraguas.

Formamos nuestra conciencia para organizarnos mejor, porque ésta es la única manera que tenemos para poder luchar por nuestros derechos; luchar y pelear por recuperar nuestra dignidad y el derecho a vivir como seres humanos. Tenemos la esperanza y soñamos con construir un mundo nuevo, y lo queremos alcanzar comenzando aquí y ahora, con nosotros mismos. Obligándonos a la fuerza a ser más coherentes en nuestra vida personal, en nuestro trabajo, en nuestras familias, en nuestra iglesia. Ser más coherentes y conscientes con nuestro aporte diario al cambio y la transformación.

Pero ¿en qué consiste el cambio que debemos lograr?, dejemos que el mismo Héctor nos lo diga:

"Cuando hablamos de cambio... es un poco relativo, tal vez el rasgo fundamental se concreta en la palabra 'comunidad'. El mundo de hoy es esencialmente individualista, el capitalismo es intrínsecamente individualista y si hay una comunidad de cambio es algo distinto y eso tiene que ser algo esencialmente comunitario; por eso, estos pasos que hemos estado dando en grupos agrícolas, estamos tratando de insistir en el sentido comunitario de la posesión de la tierra, en el sentido comunitario del trabajo, en el sentido básicamente de formación de comunidad en cualquiera de estos aspectos.".

Héctor Endara Hill



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Agosto 2006