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No. 12 | Mayo - Junio de 1997

Editorial
Gobierno de Panamá viola convenios internacionales

Por segunda vez, el gobierno panameño repatría por la fuerza a cientos de colombianos que huyen de la muerte. De nada sirvieron las peticiones de múltiples organismos nacionales e internacionales para que se respetaran los derechos humanos, establecidos y consignados en pactos y convenios internacionales. ¿Cómo tendríamos que calificar a los gobiernos que violan los convenios y pactos internacionales en materia de derechos humanos? ¿Qué podemos esperar de gobiernos que tratan con desprecio lo más apreciado que es la vida de los seres humanos? Se confirma que quien tiene corazón de piedra -personas o gobiernos- es incapaz de escuchar el clamor de nadie ni de nada.

Con la segunda repatriación forzada, la crisis en la frontera colombo-panameña no ha terminado. Como ha sido denunciado, varias de las personas que fueron repatriadas la primera vez, fueron asesinadas ahora, lamentablemente es una realidad que la vida de las personas del segundo grupo de repatriados por la fuerza, corre el mismo peligro. ¿Qué hará el gobierno panameño, cuando nuevamente, huyendo de la violencia acudan a nuestro país nuevas oleadas de colombianos? ¿Los seguirán enviando al matadero de la violencia de la cual estas personas no son responsables? También es justo que nos formulemos nosotros las preguntas: ¿Qué, además de la denuncia, haremos nosotros para defender la vida de estos seres humanos, que ambos gobiernos tratan como Pilatos y Herodes trataron a Jesús?

En el segundo párrafo de La Carta 24 (5 de marzo), que mensualmente publicamos en la Oficina Nacional de PS-C decimos lo siguiente: "El torbellino de las injusticias sociales siempre tiende a recaer con toda su furia sobre las poblaciones más empobrecidas, humildes y necesitadas. Nada justifica el drama que están viviendo hombres, y sobre todo, cientos de mujeres y niños y niñas colombianas que en éxodo forzado buscan refugio en nuestro país. ¿Cómo darles la espalda a estos seres humanos que huyen del terror, sin pisotear todas las normativas para refugiados y desplazados consignadas en los convenios internacionales? ¿Cómo cerrarles las puertas a hombres, mujeres, niños y niñas con el rostro retorcido por el pánico, perseguidos por la violencia, sin que nos hagamos cómplices del crimen? ¿Seremos capaces de permitir que se niegue el derecho de asilo, o el simple deber humano de acogida y protección a quienes huyen de la muerte? Ante la negativa y falta de humanidad de los gobiernos, los pueblos tenemos la obligación de recuperar los valores de solidaridad y de apoyo a los migrantes y desplazados forzados, son personas perseguidas, débiles y empobrecidas. ¿Queda alguna duda de que son los preferidos del Dios de la Vida? Señor, tu que resucitaste, danos un corazón grande para amar, danos un corazón fuerte para luchar".

Pareciera que los antivalores que prevalecen en esta sociedad, nos están contaminando de tal manera que se nos hace difícil distinguir, no sólo entre el bien y el mal, sino entre la vida y la muerte. Deberíamos aprender de los valores humanos y cristianos de la población panameña - mayoritariamente, indígena y negra- ubicada cerca de la frontera entre Panamá y Colombia, que sin complicaciones, abrió sus casas para recibir a los que buscan refugio, compartió con ellos sus alimentos, les ofreció sus tierras para que las trabajaran y acogió a sus niños y niñas en las escuelitas sencillas y pobres de la comunidad.

Allí, entre los más pequeños, entre los más humillados y marginados, entre los que menos tienen, entre los aparentemente débiles; con mucho esfuerzo y sacrificio, y muchas veces sometidos a endemoniadas y feroces persecuciones se construye el Reino de Dios.

Héctor Endara Hill

(Nota al pie de página):Cifras de la ONU y ONGs colombianas revelan que 180,000 personas abandonaron sus hogares sólo en 1996. Con un promedio de 500 personas que huyen diariamente, Colombia tiene más refugiados internos que Ruanda o Zaire. En el conflicto sólo un 5% de las víctimas mueren con las armas en la mano. La mayoría son campesinos pobres acusados de tener vínculos con alguna de las partes. La población civil se encuentra atrapada en un fuego cruzado entre paramilitares, la guerrilla y el Ejército. Aunque la actividad guerrillera por lo general es considerada como la causa del desplazamiento interno en Colombia, una reciente encuesta publicada en el diario El Tiempo, el más importante del país, mostró que sólo 29% de los refugiados escapan de los rebeldes. Un 35% huye de la violencia paramilitar y 14% asegura que el Ejército los obliga a salir.

Fuente : NOTICIAS aliadas, VOL. 34, Nº 13-Abril 10, 1997.



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Agosto 2006