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Construyendo

No. 13 | Julio - Agos to de 1997

Editorial
Neoliberalismo y educación

Las actuales políticas económicas que se implementan en el país, nos presentan el rostro, ya conocido de un capitalismo salvaje; rostro de muerte y miseria que espanta la vida y retuerce todas las conquistas y derechos de individuos y pueblos enteros.  En este contexto los gobernantes han planteado las reformas a la educación panameña. 

Nadie puede negar las características de drama y desafío presentes en la educación, reconocerlas con humildad y valentía, suponen el primer paso para superar el caos, que en gran medida, se debe a las pasadas y presentes autoridades educativas. 

Ahora, como si en verdad fuéramos los tontos y tontas que siempre nos han considerado, nos vienen con el cuento de la “modernización y el mejoramiento de la calidad en la educación”.  ¿Cuándo, de verdad, les ha preocupado la educación del pueblo?  ¿Para qué sirve rasgarse las vestiduras como defensores de la educación, si en nuestra conducta sólo mostramos envidia, ambiciones y prepotencia? “Si alguien se cree sabio y bien educado -dice Santiago apóstol-, que lo demuestre con su bondad, y que su conducta sea un ejemplo para los demás”. (Stg. 3,13).  En esto consiste la verdadera sabiduría. 

Modernizar y mejorar la calidad de la educación, es un desafío que no podemos eludir.  Como se sabe, la educación es un factor fundamental y decisivo para el desarrollo de los pueblos o para su dominación.  La educación, como práctica de la libertad, se convierte en impulso de nuestra capacidad individual y colectiva, para comprometernos con la urgente necesidad de establecer nuevas y diferentes relaciones sociales.  Todos los seres humanos tenemos derecho a vivir en una sociedad justa, fraterna, solidaria y en armonía con la naturaleza.  Lamentablemente, la generalizada y mayoritaria aceptación pasiva, al evidente desorden social que nos rodea, en donde destacan la corrupción y los antivalores clasistas, machistas, racistas y geófagos, son muestra contundente de lo inadecuado y deficiente del esfuerzo educativo que estamos realizando. 

¿Qué es los que de verdad intentan con la actual propuesta de reformas a la educaciòn  panameña? Todo apunta al cumplimiento de planes y recetas, que organismos internacionales, les imponen a nuestros países, en una coyuntura mundial en donde el liberalismo económico se ha hecho sueño de la situación, él es el criterio supremo que juzga y determina todo lo que se debe y no se debe hacer en la sociedad. 

La maestra o el maestro que logra entrar al sistema educativo en Panamá, comienza ganando 334 dólares mensuales, la media salarial anda por los 400, si el educador obtiene un título universitario puede aspirar a ganar el tope de 600 dólares mensuales.  En el caso de los profesores, al iniciar recibe 460 dólares, como promedio reciben 550, a lo más que puede aspirar son a unos 700 dólares.  El aumento en 100% a los ministros, elevó su salario de 5,000 a 10,000 dólares mensuales.   Con el salario de un sólo ministro, se podría nombrar a 29 maestros o 21 profesores.  Independientemente de estas cifras, siempre será mejor un sólo educador, que cien burócratas. 

¿Qué podemos hacer?

Lo primero: no claudicar, continuar luchando.  Si es necesario, habrá que comenzar setenta veces siete.  Siempre, hasta lograr, con nuestras luchas, recuperar las conquistas y derechos arrebatados; hasta construir y hacer que permanezca entre nosotros la auténtica paz que brota de la justicia.  Transformar cotidiana y permanentemente nuestras ideas y nuestro corazón, con el propósito de hacer de nosotros seres humanos conscientes y capaces de servir a los demás. 

De todos los sectores populares, los indígenas son quienes mayores reclamos tienen que hacerle a todos los componentes del sistema educativo, comenzando con los educadores.  No existe ningún sector más olvidado, marginado, excluido y maltratado que los indígenas, sin embargo, un grupo significativo de ellos cerró la carretera interamericana en el tramo de Las Palmas, Veraguas, para solidarizarse con la lucha de los educadores y en rechazo a los proyectos mineros y la Ley 10 que establece la Comarca Ngóbe y Buglé.  Si los más golpeados y necesitados, reconociendo las distintas fuerzas en lucha, ponen a un lado sus prioridades, para manifestar su apoyo y solidaridad,  ¿qué razones válidas tendríamos nosotros para no hacerlo? 

Pregonar falsa neutralidad o asumir posturas de indiferencia, es favorecer el mal.  Históricamente la Iglesia de Jesús se ha colocado del lado de los aparentemente débiles y de aquellos a quienes asiste la justicia.  Sin ambigüedad, todo nuestro apoyo y solidaridad con la justa lucha de los educadores.

Héctor Endara Hill


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Agosto 2006