¿Quién es Monseñor Gerardi?
Monseñor Juan Gerardi nació en Guatemala el 27 de diciembre de 1922. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1946. Fue consagrado como Obispo de Vera Paz el 30 de julio de 1967, donde desarrolló su trabajo misionero al servicio especialmente de los indígenas.
Trasladado a Santa Cruz del Quiché el 22 de agosto de 1974. Después de haber realizado una importante labor evangelizadora en medio de situaciones de conflicto armado, en que muchos catequistas y sacerdotes fueron asesinados, y ante la gravedad de las continuas amenazas, tuvo que refugiarse en Ciudad de Guatemala.
Siendo presidente de la Conferencia Episcopal, las autoridades le negaron el ingreso al país y tuvo que permanecer en el exilio durante dos años, hasta 1984. A principios de los años 90 fue delegado por la Conferencia Episcopal para acompañar el proceso de paz.
Monseñor Gerardi: defensor de los derechos humanos
Como Obispo Auxiliar de Guatemala fundó y presidió hasta su muerte la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado. Su última gran obra "Guatemala: nunca más", fue un gigantesco esfuerzo eclesial por devolver la palabra y la dignidad a las víctimas de la guerra y a sus familiares; y por reconstruir la solidaridad y la fraternidad en el pueblo guatemalteco.
El Proyecto REMHI
El 20 de octubre de 1994 los obispos de la Conferencia Episcopal de Guatemala-CEG, decidieron avalar esta iniciativa presentada por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala-ODHAG, para llevar a cabo un proyecto interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica-REMHI, como una contribución de la Iglesia Católica a la reconstrucción humana de las familias y comunidades afectadas por el conflicto armado, a fin de que enfrentasen en mejores condiciones los retos de la post-guerra.
El informe "Guatemala: nunca más", presentado el pasado viernes 24 de abril, por el arzobispo primado, Monseñor Próspero Penados Del Barrio, consta de cuatro tomos (1.400 páginas) que abordan los siguientes temas:
1) Los impactos individuales, familiares y comunitarios de la violencia, las formas de sobrevivencia y las demandas de las víctimas;
2) Los mecanismos del horror, cómo se hicieron las masacres, las torturas; los métodos que emplearon los aparatos de inteligencia y las fuerzas insurgentes y contra insurgentes contra la población;
3) El entorno histórico, es decir, el proceso político, económico y militar desde los años 50 hasta la firma de la paz;
4) Las víctimas del conflicto (nombres de las víctimas de las masacres, muertos, desaparecidos y torturados; estadísticas generales y recomendaciones).
El proyecto se realizó entre abril de 1995 y abril de 1998, con la participación de 10 diócesis católicas y 600 animadores de la reconciliación.
Las víctimas del conflicto armado
El informe revela que, entre las víctimas directas de la guerra, hay 150 mil personas muertas, 50 mil desaparecidos, un millón de refugiados, 200 mil niños y niñas huérfanos y 40 mil viudas, con un total de 1.440.000 víctimas.
De 1960 a 1996 se registraron 55.021 víctimas, aunque el 80 por ciento corresponde al período comprendido entre 1980 y 1983. De estas víctimas, 25.123 fueron asesinados (45.7%); 3.893 desaparecidos (7.1%); 5.516 torturados (10%); 723 secuestrados o que reaparecieron vivos (1.3%); 5.079 detenciones irregulares (9.2%). 152 violaciones sexuales (0.3%); 10.157 víctimas de diferentes tipos de atentados (18.5%).
Se documentaron 422 masacres de las cuales 103 (el 24,4 por ciento) se cometieron en 1981 y 192 (45,5%) en 1982. En los departamentos de Quiché ocurrieron 263 masacres (62.3%), en Alta y Baja Verapaz 79 (18,7%), y en Huehuetenango 42 (10%).
Los responsables de las violaciones a los DDHH
El Informe responsabiliza directamente al Ejército de 32.978 víctimas (60%); a los grupos paramilitares 3.424 (6.2%); al Ejército más los grupos paramilitares se les sindica de 10.602 víctimas (19.3%). Eso significa que al Ejército en total se le involucra como responsable de 43.580 víctimas (79.2%). De otra parte, a la guerrilla se le responsabiliza de 5.117 víctimas (9.3%).
El Informe final: un servicio a la sociedad y a las víctimas
Monseñor Juan Gerardi fue muy explícito en afirmar que «el informe tiene una intención pastoral, como servicio de la Iglesia a la sociedad y a las víctimas, en la línea del respeto a los Derechos Humanos».
Monseñor Gerardi: mártir de los derechos humanos
La vida de Monseñor Gerardi fue una entrega permanente a la defensa y promoción de los derechos humanos con la convicción de que la persona es el camino primero y fundamental que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de la misión que Jesús le encomendó.
Su martirio es la consecuencia del compromiso testimonial de un hombre y de un pastor que siempre estuvo al lado de las víctimas de la guerra; y que supo ser voz de los que no habían podido decir una palabra de su trágica experiencia de sufrimiento.
El Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM se siente solidario con la Iglesia que peregrina en Guatemala y con todo el pueblo de América Latina y el Caribe que trabaja en la búsqueda de una paz justa y duradera. |