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Construyendo

No. 19 | Julio - Agosto de 1998

Edito
Sufrimiento y lucha de los trabajadores del SUNTRACS

El Sindicato Único de Trabajadores de Industria de la Construcción y Similares (SUNTRACS), inició en enero de este año las negociaciones con la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), para acordar la nueva convención colectiva que regirá las relaciones obrero patronal, durante los años 1998 al 2001.

Nuevamente los obreros de la construcción sufren la negación de sus derechos, cuando se les impide mejorar sus condiciones de vida, mediante la fuerte resistencia de la CAPAC a su propuesta, en las siguientes cláusulas:

Con respecto al aumento de salario: Los trabajadores solicitan un aumento de 0.50 centavos de dólar o balboa, para este año y de 0.05 centavos durante los siguientes tres años, para alcanzar un aumento total de 0.65 por hora al final de la vigencia de la convención colectiva. Los empresarios sólo aceptan un aumento salarial total de 0.12 por hora en los cuatro años, lo que sólo les permite un aumento máximo de B/.22.00 al mes en el año 2001.

Con respecto a los contratos: Los trabajadores solicitan ser contratados por la terminación de cada obra y no por niveles o fases, como proponen los empresarios, y están haciendo en la actualidad. Esta situación permite que los contratos sean excesivamente breves, y facilita a los empresarios el sometimiento a la inseguridad y la manipulación laboral a los trabajadores, amenazándolos con no volverlos a contratar nuevamente. Mediante esta práctica empresarial hay trabajadores que, durante tres meses de trabajo, han realizado hasta siete contratos. El factor de ponderación: Los trabajadores solicitan igualar los salarios en el ámbito nacional en las obras de más de 2 millones de balboas, ya que el porcentaje de utilidad de los empresarios no es menor en el interior que en la capital, y sin embargo, el costo de la vida para los trabajadores en el interior, no es cierto que sea menor que en la capital. La estabilidad de los dirigentes: Se está solicitando que los dirigentes tengan prioridad en las contrataciones para evitar que se debilite el movimiento sindical, limitándoles la relación estable con sus compañeros.

Ya es costumbre de los empresarios, acusar a los trabajadores de estar exigiendo privilegios, sin embargo, cualquier panameño o panameña que tenga familiares, amistades, conocidos o vecinos trabajando en la construcción, puede fácilmente constatar que su lucha es, como ellos mismos lo afirman: por vivir con dignidad y decoro. En Panamá, vivimos un acelerado aumento del costo de la vida y bien sabemos que ningún trabajador de la construcción se alimenta, se educa, se viste, o vive como privilegiado. Ellos han tenido que pagar un alto precio por defender su dignidad; no corresponde a la realidad, atribuirles, injustamente, intereses mezquinos, como si sus reivindicaciones superaran lo que en justicia se merecen.

La sociedad panameña, ha recibido del SUNTRACS, un llamado profético desde que se inició la aplicación de las políticas neoliberales en el país. Primero las reformas al Código de Trabajo, en ese momento no escuchamos sus advertencias, en el sentido de que las medidas neoliberales, irían afectando cada vez más, a todo el pueblo. Lo demás, lo podemos recordar: vinieron las reformas a las conquistas de las enfermeras y los educadores, y se afectó seriamente el sector agropecuario. Mientras tanto, pareciera que una gran mayoría, con nuestro silencio, aceptamos pasivamente que las autoridades, haciéndose pasar por nuestros protectores, repriman las manifestaciones de los trabajadores del SUNTRACS, en nombre de los "derechos de terceros". Parece que no nos damos cuenta, de que esos terceros, somos los mismos que vamos perdiendo capacidad para resolver nuestras necesidades, que ya estamos pagando altas tarifas por los servicios públicos que van privatizando, producto de las políticas neoliberales. Estamos frente a una nueva oportunidad para apoyar la lucha de los trabajadores del SUNTRACS, y de esta manera, apoyarnos a nosotros mismos.

¡Qué irónico resulta escuchar, a quienes hablan en nombre de la CAPAC, presentarse ante la opinión pública, con la imagen de víctimas atacadas por los egoístas y poderosos trabajadores, y esgrimiendo el argumento, de que pagar el salario justo, causaría la quiebra de sus empresas, cuando en lo que va del año 98, han muerto en accidentes laborales más de 25 trabajadores de la construcción!. ¿Esta terrible situación no debería validar cada vez más, los argumentos que justifican un aumento en el salario y la protección, de quienes, mediante la realización de su trabajo, arriesgan sus vidas, para garantizar el aumento de las ganancias de los que aportan el capital monetario? ¿Por qué negarle al prójimo, lo que uno quiere para sí mismo? ¿Qué puede hacerle pensar a los empresarios de la CAPAC, que los trabajadores de la construcción, no deben aspirar a darle a sus hijos, el mismo tipo de vivienda, alimentación, salud, educación, vestido y recreación, que los empresarios quieren y buscan para los suyos?

Cada vez que los trabajadores de la construcción reclaman aumento de salario, la CAPAC se siente en el derecho de acusarlos de ser privilegiados, al compararlos con el salario de trabajadores profesionales con estudios universitarios. Debemos saber, que el procedimiento de los contratos, hace que los trabajadores de la construcción, no logren trabajar los 12 meses del año. En el mejor de los casos, laboran 7 meses, por lo que el salario de 7 meses, debe alcanzarles para 12. Suponiendo que ganaran B/.600.00 en 7 meses, al dividirlo entre doce representaría 350.00, y no es un secreto, que en Panamá, la canasta básica de necesidades sobrepasa los 400.00 balboas.

La violencia con que son reprimidos los trabajadores de la construcción, es el costo que están pagando por no hacer concesiones que traicionarían los intereses del pueblo pobre de Panamá. Son un gremio que mantiene en alto la moral, de quienes creemos que los empobrecidos organizados podemos frenar el afán desmedido de aquellos que poseen el capital y se creen merecedores de acaparar para ellos todas las utilidades. ¿Qué sería del capital sin el trabajador? ¿Por qué no reconocer que lo que tienen para invertir, ha contado con el sacrificio histórico y prolongado de los hombres y mujeres del trabajo?

Oficina Nacional de Pastoral Social-Cáritas



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Agosto 2006