No. 21 |
Nov. - Dic. de 1998
Editorial
Nuestra independencia
En varias ocasiones, la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), se ha pronunciado sobre el derecho de los panameños a su soberanía e independencia. En el comunicado del 8 de enero de 1998, los obispos han dicho lo siguiente: "El aniversario del 9 de Enero de 1964 es un llamado a todos sobre la necesidad que tenemos de recuperar nuestra soberanía total y popular, y de asumir un compromiso serio con el país. La patria espera lo mejor de cada uno de sus hijos, la patria no es un botín para unos pocos privilegiados". En la Carta Pastoral # 11, del 25 de julio de 1990, han dicho: "La década de los 60 marcó una creciente toma de conciencia de nuestra nacionalidad. Sobre todo, en la gesta histórica del 9 de Enero de 1964, se asume la causa de la nacionalidad como la causa de todo un pueblo. Aquella fecha marcó un hito en el calendario de nuestra nacionalidad y de nuestra maduración como pueblo y como nación. Quedó claramente definido que el enclave colonial de nuestro suelo patrio tenía que ser eliminado".
En este mismo sentido, en la página 15 del "Informe de derechos humanos 1997", elaborado por la Comisión de Justicia y Paz de la Iglesia Católica, se dice textualmente lo siguiente: "El establecimiento del CMA, y la consecuente permanencia militar estadounidense en Panamá, significa un obstáculo para el perfeccionamiento del Estado Nacional y constituye una violación al derecho de autodeterminación de los pueblos, por lo que no puede pasar por alto nuestra atención y pronunciamiento sobre este tema con un firme rechazo a toda iniciativa que disminuya la lucha que históricamente nos ha estrechado en la aspiración de una nación libre e independencia en la totalidad del territorio".
Sumado a estos pronunciamientos, ahora está el mensaje final de la I Asamblea Nacional de Pastoral Social-Cáritas, celebrada en Villa Nazaret, Atalaya del 21 al 24 de octubre, en donde se señala lo siguiente: "En Panamá urge concretizar la soberanía nacional y popular, lograr el perfeccionamiento de nuestra nación liberándola de toda presencia militar extranjera en nuestro suelo patrio, necesidad históricamente anhelada y reclamada por las mayorías nacionales, especialmente por los sectores populares".
Panamá no es un país independiente en el verdadero sentido de la palabra. Para nosotros "independencia" significa trabajo para todos, educación y salud de calidad, vivienda digna, alimentación y acceso a los bienes de la cultura para cada persona que habita el territorio. Panamá sólo será independiente cuando se cumplan y respeten los derechos humanos; cuando se atiendan las necesidades básicas de todos los ciudadanos y ciudadanas.
El desarrollo que se pretende lograr en Panamá, sobre la base de la liberalización de la economía, nos está llevando a la pérdida del principio de soberanía e independencia nacional. La experiencia está demostrando que el neoliberalismo obliga a subordinar el principio de soberanía y autodeterminación de los pueblos a los criterios de rentabilidad y a las fuerzas ciegas del mercado. Son las instituciones financieras internacionales las que establecen lo que se debe y no se debe hacer en los países, zonas y regiones. Privatizar en Panamá ha significado la entrega de los recursos y riquezas nacionales a corporaciones y consorcios internacionales.
Constatamos que en el actual proceso de mundialización, el proyecto de economía neoliberal intenta desplazar los genuinos anhelos y aspiraciones de soberanía, autodeterminación e independencia de pueblos y países, para imponer un régimen que coloca el capital, el dinero, y su acumulación, como el valor fundamental en las relaciones que establecen los seres humanos en la sociedad, y las naciones en la comunidad internacional.
La presencia de soldados norteamericanos en suelo panameño, ha constituido una pesada carga para la soberanía y autodeterminación del país. Durante demasiado tiempo la injerencia del norte en los asuntos internos de Panamá, ha sido respaldada con la presencia de sus soldados en nuestro suelo. La presión, y a veces determinación sobre la vida política y económica de la nación, se ha fundamentado en una relación de fuerza y dominio.
La negociación del supuesto Centro Multilateral Antidrogas (CMA), un disfraz para la continuidad de las bases norteamericanas en el país, fracasó. Ahora, antiguos vientos colonialistas vuelven a soplar insistiendo en mantener esa presencia militar colonialista en nuestra patria. Nada, absolutamente nada justifica la continuidad de bases militares norteamericanas en el territorio nacional.
En Panamá urge reconocer la pluralidad cultural existente, éste es el primer paso para fortalecer el fundamento de la nacionalidad panameña. Urge que la constitución política y toda la legislación nacional reconozcan de manera integral que Panamá es un país pluricultural y multiétnico, en donde conviven seis pueblos originarios: ngóbe, kuna, buglé, emberá, naso y wounam. Estos pueblos, junto a una mezcla multicolor de razas, han ido conformando la nacionalidad y el ser panameño.
Reconocer, incorporar y valorar esta realidad de diversidad en la vida cotidiana de nuestro país, es la única manera de acoger la riqueza contenida en los hombres, las mujeres y los pueblos que hoy conforman Panamá, actuar así, nos permitirá acercamos decididamente al logro pleno de nuestra soberanía e independencia nacional. En este camino, el reconocimiento a la diversidad es una condición fundamental para la construcción de una auténtica identidad nacional, pilar de nuestra libertad y nuestra verdad, de nuestro sacrificio desinteresado, y en definitiva, de nuestra fe, amor y servicio a la Patria.
Oficina Nacional de Pastoral Social-Cáritas