No. 22 |
Enero - Febrero de 1999
Edito
Jubileo: Compromiso por la justicia y por la paz En el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: "...se ha proclamado como la aspiración más elevada del hombre (de la persona), el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;". Contrario a esta humana aspiración, en el panorama político panameño aumentan las restricciones a las libertades democráticas. Se amenaza y se castiga, mediante intimidación y violencia, a las personas y grupos, que con denuncias y acciones, muestran su rechazo a las políticas y planes económicos de privatizaciones del actual gobierno, o se oponen a leyes injustas que buscan el afán de lucro y ganancia. Es en este contexto, de atentados sistemáticos contra las libertades democráticas, es donde parecieran situarse las represiones a las movilizaciones populares, la violación de la autonomía Universitaria y las órdenes indagatorias por supuestos cargos de calumnia e injuria. Ha sido un año duro para el país y para Centroamérica, especialmente para los más empobrecidos y excluidos. La naturaleza, único lugar que tenemos para nosotros y las generaciones futuras, también ha sufrido los embates de la economía perversa, que todo lo pone en función del lucro y la máxima ganancia, a costa de quien sea y de lo que sea. En Centroamérica, pacientemente se estuvo configurando el desastre, la furia del huracán Mitch, aún suena como una campanada en la conciencia de todos los seres humanos. En Panamá, la incipiente "democracia" se tambalea, empujada por la espectacular toma de la propia oficina de la rectoría de la Universidad de Panamá y de todo cuanto había en su camino. La toma fue realizada en tropelía, por la Policía Nacional. La frágil "democracia" se resquebraja por la osadía de un gobierno, que empecinado, hace lo imposible por entregar al peor postor los bienes del Estado que a todos nos pertenecen. Puertos, ferrocarril, ingenios y servicios básicos: electricidad y teléfonos. Con el agua, como dice el refrán "aquí es donde la puerca torció el rabo", los panameños y panameñas han salido a las calles decididos a dar la pelea por lo que consideran fundamental para la vida, el agua. El 30 de agosto lo recordaremos con alegría, ese día, la población panameña, con un rotundo NO, rechazó las pretensiones de reelección presidencial inmediata, y con ella, las políticas neoliberales y de privatizaciones que impulsa el gobierno. Sin embargo, privatizar es el verbo que más se conjuga en el país. A quien le importa demasiado el dinero, sólo le importa el dinero, ya no le importa la gente, ni cómo se consigue el dinero. La lógica que explota a las personas y somete a los pueblos a los intereses de unos pocos países y grupos de personas ricas y poderosas, es la misma que degrada el medio ambiente, depreda la Tierra y expolia sus riquezas, sin la más mínima solidaridad para con el resto de la humanidad y las generaciones futuras. No sólo los pobres y oprimidos deben liberarse. Todos somos rehenes de un modelo de comportamiento que nos sitúa, en contra del sentido del universo, por encima de las cosas en vez de estar con ellas, dentro de la gran comunidad cósmica... La brújula que orienta todo este contrasentido es el lucro: todo el neoliberalismo, que no es más que el actual rostro del capitalismo salvaje, se puede resumir en una sola máxima: "lucro, luego existo". La vida humana al servicio del proceso económico o los procesos económicos al servicio de la vida humana, ésa es la disyuntiva a la que nos enfrentamos. En menos de 200 años nuestro planeta "ha perdido" seis millones de kilómetros cuadrados de bosques. Estas cuestiones cobran hoy una gravedad que no se había dado nunca en la historia de la humanidad. El ser humano puede ser el satán o la infección del universo, de la Tierra. El que fue llamado a ser su ángel de la guarda y celoso cultivador, ha demostrado que, además de homicida y etnocida, puede transformarse también en biocida y geocida. El escándalo de la Minería a Cielo Abierto que se promueve en Panamá, es el ejemplo más palpable de la promoción de la destrucción de la naturaleza ocasionada por el lucro y la ganancia en el país. La minería a cielo abierto está catalogada como la industria más sucia, por su capacidad destructiva de la ecología. ¿Qué ocurriría si el ser humano destruye las condiciones necesarias para la vida de las personas? Que la vida sigue, lo que no seguiría sería la vida del ser humano. Sin embargo, en Pastoral Social-Cáritas abrigamos la esperanza de que, como ocurre siempre con el proceso de la evolución, del caos nazca un orden nuevo, más elevado y prometedor para todos...
"En este sentido, recordando que Jesús vino a evangelizar a los pobres (Mt. 11,5 / Lc. 7,22), ¿cómo no subrayar más decididamente la opción preferencial de la iglesia por los pobres y los marginados? Se debe decir ante todo que el compromiso por la justicia y por la paz en un mundo como el nuestro, marcado por tantos conflictos y por intolerables desigualdades sociales y económicas, es un aspecto sobresaliente de la preparación y de la celebración del Jubileo. Así, en el espíritu del Libro del Levítico (5, 8-28), los cristianos deberán hacerse voz de los pobres del mundo, proponiendo el Jubileo como un tiempo oportuno para pensar entre otras cosas en una notable reducción, si no en una total condonación, de la deuda internacional, que grava sobre el destino de muchas naciones. El Jubileo podrá además ofrecer la oportunidad de meditar sobre otros desafíos del momento como, por ejemplo, la dificultad del diálogo entre culturas diversas y las problemáticas relacionadas con el respeto de los derechos de la mujer y con la promoción de la familia y el matrimonio." Juan Pablo II, Carta Apostólica Tercer Milenio Adveniente # 51.
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