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Construyendo

No. 25 | Julio - Agosto de 1999

Editorial
Contra el poder

La palabra que brota del Evangelio denuncia toda situación que genera injusticia y empobrecimiento en el pueblo. Por eso, la religión no puede tranquilizar las conciencias, ni alejarse de los valores y compromisos que Jesús mostró con su vida. Jesús mismo condena la injusticia y encubrimiento de un sistema inicuo y viciado de raíz.

A toda persona cristiana le corresponde el anuncio de una sociedad justa, que se acerque a los valores del reino que Jesús proclamó, reino que es de justicia, paz y amor. Con la misma fuerza e importancia con que los cristianos anunciamos el reino, estamos llamados a denunciar las injusticias sociales y los antivalores que nos distancian unos de otros.

En La Carta 50, publicada el 5 de junio, comentamos, a propósito de la Sala Quinta: "La nueva oligarquía privilegiada... La Sala Quinta, proyecto "promiscuo" como lo catalogó el propio Presidente del Colegio de Abogados, representa la extensión de los privilegios. ¿Cuándo pondremos en primer plano del debate nacional, los temas y aspectos fundamentales y vitales para la mayoría de los panameños que sufren el empobrecimiento creciente y la exclusión?"

Los gobernantes en Panamá, insisten en que en nuestro país se da un gran desarrollo económico, sin que les perturbe la creciente miseria del pueblo. ¿Por qué vanagloriarse del índice de crecimiento económico, cuando el acaparamiento de las riquezas, está aumentando la brecha entre ricos y pobres? ¿Podemos acaso regocijarnos de una "tranquilidad" y "paz social" que tiene marginados y excluidos a cientos de miles de panameños, sometidos al empobrecimiento y la miseria? No nos cansaremos de repetirlo: ¡sin justicia no hay paz! ¿Por qué se da esa contradicción entre desarrollo económico y crecimiento de la miseria del pueblo? La desigual distribución de los bienes que producimos, constituye la principal causa de injusticia en la sociedad panameña.

En la palestra pública están los tres poderes del Estado, los medios de comunicación se han hecho eco de las abundantes acusaciones, señalamientos de corrupción y abuso que une e identifica a los señores del poder. Ellos, para cimentar las situaciones de injusticia, proponen e imponen leyes con el evidente propósito de mantener los privilegios acumulados, causantes de grandes desigualdades. Cuando las leyes y el derecho son atados y puestos al servicio de minorías, se convierten en escándalo que nadie puede callar. "Que fluya, sí, el derecho como el agua y corra la justicia como arroyo perenne." (Amós 5,24). Como anillo al dedo estas palabras del profeta Amós.

Acertadas para nuestro tiempo de Sala Quinta y otras yerbas, son también las palabras del cantautor de Canarias (España), Pedro Guerra, que hacemos nuestras:

"contra el poder que nos enseña sólo aquella mitad
contra el poder de las verdades dobladas
contra el poder de quien conoce pero sangra de más
contra el poder de las canciones guardadas
contra el que nunca abraza a los que
pueden pensar
contra el poder que nos vigila los pasos
contra el poder que siempre miente en nombre de la verdad
Contra el poder que nos convierte en extraños
contra el poder
que debilita y nada da que sólo quita
y deshace lo que está
contra el poder
contra el poder
en cualquier forma que se dé
contra la fuerza y mal uso de la fe
desde el poder
contra el poder que abre una zanja entre el
amor y el placer
emparentando el bienestar y la herida
contra el poder que no distingue entre morir
y crecer
contra el poder que compra y vende la vida
contra el poder que hace del padre ostentador del poder
contra el poder que nos obliga a engañarnos
contra el poder que hace a los hijos reinventar el poder
contra el poder de los que piensan ganando
contra el poder que no descansa y se detiene a beber
junto a las fuentes del sabor y el deseo contra el poder que nos bendice en el hogar del poder
contra el poder de la ignorancia y los juegos".



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Agosto 2006