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No. 26 | Sept. - Oct. de 1999

Edito
Jubileo, Soberanía y Equidad: GRITA PANAMÁ

Panamá, uno de los países de mayor desigualdad en el mundo, aquí, un pequeño grupo de privilegiados está acaparando enormes riquezas y causando empobrecimiento y miseria, a muchos hombres y mujeres. Conocemos, más que ningún otro país del continente, el significado de repetidas invasiones militares norteamericanas y de su presencia permanente en nuestro suelo. Las bases norteamericanas, con su poderío militar, han traído dolor, luto y saqueos; desde nuestro territorio usurpado, han sojuzgado a nuestro pueblo y a pueblos hermanos.

Panamá, crisol de naciones mezcladas con sangre de Urraká, Felipillo, Ballano, Prestán, Victoriano, Rosa Landecho, Héctor Gallego y de muchos otros hombres y mujeres, que gota a gota, vida a vida, han ido forjando la nacionalidad panameña. Panamá, país con enormes riquezas: seis pueblos indígenas originarios: Emberá, Kuna, Naso, Buglé, Ngóbe y Wounam; con una posición geográfica privilegiada, paso obligado del mundo; con mares, ríos, selvas y montañas. Panamá, con la llegada del año 2000, debe asumir su plena SOBERANÍA Y EQUIDAD, que es nuestro grito latinoamericano; nuestro grito soberano de rechazo a la permanencia de bases, en cualquiera de sus formas y maneras, llámese CMA o FOL (pistas de aterrizaje); nuestro grito de equidad, contra el acaparamiento que causa el empobrecimiento y la miseria; nuestro grito de soberanía plena, nacional y popular, como una forma de afirmar nuestra vocación de libertad y dignidad.

¡Que ironía! Panamá, bendecida por Dios, sufre la doble codicia: la del poder extranjero y la de la oligarquía criolla. Panamá, con tanta riqueza y tanta miseria. Panamá, tan invadida y pisoteada, tan vendida y manipulada, tan concedida y privatizada; Panamá querida y amada, en tu gente y su cultura, tienes todo lo necesario para solucionar tus problemas fundamentales. Grita Panamá, no te quedes callada, levántate y anda, camina contra la injusticia, la miseria y la ocupación extranjera. ¡Viva Panamá SOBERANA y plenamente humana!

"El año cincuenta lo declararán ustedes año santo: será un año de liberación, y en él anunciarán la libertad para todos los habitantes del país. Todo hombre volverá al seno de su familia y a la posesión de sus tierras. En este año de liberación todos ustedes volverán a tomar posesión de sus tierras. La tierra no debe venderse a perpetuidad: la tierra es mía, y ustedes sólo están de paso por ella como huéspedes míos." (Levítico 25,10.13.23).

En su origen, el año jubilar era, fundamentalmente, para hacer desaparecer las excesivas diferencias que se hubieran creado entre el pueblo de Dios, durante los últimos cincuenta años. Para eso, se exigía: que se devolvieran a sus dueños originales las tierras, tribales o familiares, que se hubieran enajenado; que se libera a quienes hubieran caído en la esclavitud.

En el Panamá de hoy, de este nuevo siglo y milenio que comenzaremos, esto se concretaría, creemos, en:

1. Un decisivo compromiso eficaz en hacer desaparecer las excesivas diferencias que se dan en la distribución de la riqueza nacional.

2. Un decisivo y eficaz compromiso en hacer desaparecer lo que crea, cada día que pasa, más diferencias excesivas entre nuestros países, como es la deuda externa y el sistema neoliberal, tan injustos y tan antievangélicos ambos.

3. Asumir la recién recuperada soberanía plena de la República de Panamá sobre su gente y territorio, y no permitir que nunca más vuelva ser enajenada de ninguna manera.

4. Si para alguien tiene que tener sentido y consecuencias, dentro del territorio nacional, este año jubilar, es para los pueblos indígenas, habitantes y dueños originales de sus tierras. ¿Cómo devolverles el uso, dominio y usufructo, de lo que tiene que ser prioritariamente en beneficio suyo? ¿Cómo comprometernos a respaldar sus justas reivindicaciones? ¿Cómo hacer que nuestra Iglesia, madre de los pobres, aparezca claramente como su aliada en esas reivindicaciones?

5. El compromiso, con todos los medios a nuestro alcance, para una reforma total del sistema judicial y carcelario, que acabe con la mora judicial, y que convierta el sistema carcelario en un sistema humano, verdaderamente recuperador para la sociedad, y recreador de la caridad y la esperanza en todos los internados allí, tanto los presos como los vigilantes.

6. Luchar por una Constituyente, auténticamente popular y democrática, para que el país no continúe dando tumbos que ponen en peligro las bases mismas de nuestra convivencia. El país tiene que hacer un alto y discutir profundamente sobre la violencia estructural que promueve el sistema de economía neoliberal. La exclusión y la marginación de mayorías nacionales de los procesos de toma de decisiones, está desembocando en la imposición de políticas antipopulares y antinacionales. La Constituyente debe estar libre de las ataduras de los actuales mecanismos electorales y de los poderes constituidos, si no fuera así, ¿para qué querríamos una?.

Oficina Nacional de Pastoral Social-Cáritas



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Agosto 2006