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Construyendo

No. 30 | Mayo - Junio de 2000

Nuestra palabra
¿Erradicar la riqueza?

La  más  alta jerarquía  del  Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM) en su reunión semestral realizada en Washington, anunciaron la creación de un comité conjunto para coordinar el trabajo ''en las dos más altas prioridades en que ambos organismos trabajan de manera coordinada''.  Como si fuera un secreto, que los programas de préstamos del Banco Mundial, están siempre ligados a condiciones estrictas del FMI, que son las que han aumentado la brecha entre pobres y ricos en el mundo y contribuyen a la degradación del ambiente, al aislamiento, la destrucción de culturas autóctonas, a la pérdida de la gestión social del Estado y de la soberanía en las naciones.  

Ahora resulta, que el FMI y el BM, dicen estar preocupados y deseosos de realizar el "combate  contra la pobreza y reducir la deuda para los países pobres altamente endeudados".  Esto explica, que varios organismos en varios de nuestros países, con conocimiento de causa o ingenuamente, estén anunciando estruendosamente el "combate contra la pobreza".

Causa y efecto  

Nuevamente lo repetimos: la pobreza, la miseria, la exclusión... son efectos causados, entre otros factores, por la extrema concentración de las riquezas en pocas manos, ésta, la acumulación, sí es causa.  El acaparamiento, la concentración de las riquezas y la acumulación, están en la base, son causas de la exclusión, la miseria y la pobreza.  También son causas del empobrecimiento, la corrupción y la impunidad que corroen nuestras sociedades.  Por ello, planteamos que lo correcto es ERRADICAR LA EXTREMA RIQUEZA, esa que concentra, en pocas manos, los bienes de la creación hechos por Dios, para el disfrute de todos los seres vivos.  ¿Erradicar? Sí, se trata de sacar de raíz la corrupción, la impunidad y la antievangelica acumulación que ponen su pesada cuota en el empobrecimiento creciente de nuestros pueblos. 

En esta línea de trabajo, el viernes 14 de abril, en la Basílica menor de Don Bosco hicimos una jornada de Ayuno, Oración y Reflexión organizada por Pastoral Social Arquidiocesana y Pastoral Social-CÁRITAS Panamá. La jornada se realizó en el contexto de la Campaña Nacional de la Cuaresma 2000 con el lema: "La vida antes que la deuda".  Desde la fe cristiana, se analizó la realidad de la deuda y se elaboró la siguiente carta que compartimos con ustedes: 

Carta del pueblo cristiano a los acreedores de la deuda externa de Panamá 

Con la fuerza de nuestra Fe y la firme decisión de expresarla en nuestras obras, nos unimos a la Campaña Mundial Jubileo 2000 convocada por las Iglesias y organizaciones obreras, campesinas, indígenas y profesionales que demandan la cancelación de la deuda impagable, inhumana e ilegítima que pesa sobre los pueblos empobrecidos del mundo. 

Dentro del espíritu del Jubileo, que celebramos este año, queremos ser consecuentes con su  sentido bíblico en el que se propone un período, cada 50 años,  para hacer desaparecer las excesivas diferencias sociales que se hubieran creado en el pueblo.  La deuda externa crea y profundiza esas diferencias, cuando los países que colonizan y explotan comercialmente, hacen imposible la independencia y la autonomía de los países por medio del endeudamiento, a través de préstamos hechos a intereses de usura. 

Según la Enseñanza Social de la Iglesia, vemos la deuda externa como una cuestión de principios, compleja en sus dimensiones y en su alcance, y como un reto moral profundo porque afecta y hace peligrar la vida, sobre todo de las personas más vulnerables.  Sería incoherente de nuestra parte, tratar  el tema de la deuda como una simple transacción financiera de pagar lo que se debe.  Su origen y sus procedimientos configuran un problema de justicia, causado por los poderes económicos y políticos de los países pobres y los países ricos.  En nombre nuestro y sin consultarnos, hicieron compromisos en favor de sus intereses particulares, sacrificando sistemáticamente el bien común. 

La justicia contractual debe ser coherente con la justicia social. Ésta, extiende la responsabilidad del problema no solo a los países deudores y acreedores, sino a las instituciones internacionales, y las organizaciones implicadas en las vidas de las naciones deudoras.

En la Iglesia vemos la situación de la deuda como un factor que perjudica el bien común internacional, en la medida en que se traduce en exclusión y  privación para las personas empobrecidas, por tanto son una herida de toda la comunidad humana. Para nosotros, el verdadero Jubileo, tendría que posibilitar que "nadie pueda quedarse excluido para siempre"

La esencia de la fe cristiana es la compasión por toda la humanidad (Mateo 25:40).  Por ello, miramos los problemas sociales a partir de un análisis ético, enraizado en la dignidad humana, lo que lo hace tan fundamental, como un análisis económico.  Las condiciones mínimas para proteger y promover la dignidad humana también se aplican a la corresponsabilidad que tienen los estados entre sí y hacia el bien común internacional. 

Nuestra visión cristiana nos impone el deber moral de solicitar la condonación de la deuda externa de nuestro país y de todos los países empobrecidos en el mundo. 

1. Porque los sacrificios insoportables que conlleva su pago son un obstáculo para el desarrollo humano.  Nos  fuerza a usar los escasos recursos de los países empobrecidos, en lugar de invertirlos en el bienestar de la población.  Ningún gobierno puede pedir a su pueblo privaciones incompatibles con la dignidad humana, para pagar la deuda.

2. Porque no hay obligación moral de pagar lo que es injusto, aunque sea legal.  Gran parte de la responsabilidad de la deuda contraída, la tiene la corrupción o la mala administración de nuestros gobiernos que utilizaron los préstamos para proyectos que no cumplen los requisitos mínimos de viabilidad social, ecológica e incluso económica.  Grandes sumas prestadas fueron a parar a los bolsillos particulares, o se han transferido fuera del país a cuentas bancarias privadas de funcionarios públicos.  Es injusto que las consecuencias de las decisiones irresponsables las tengamos que pagar quienes no fuimos consultados ni informados sobre los objetivos, términos y condiciones de estas transacciones financieras.

3. Porque las reglas del juego no observaron las condiciones mínimas que conlleva cualquier transacción financiera.  La responsabilidad en la concesión de un préstamo, recae en primera instancia sobre quien lo concedió.  ¿Por qué hacer recaer las consecuencias únicamente en quien lo pidió?  ¿Cuáles fueron los criterios "técnicos" que predominaron en la aprobación de los préstamos?  En los préstamos particulares el prestatario puede declarar la quiebra, pero no existen procedimientos ni árbitros para que los países deudores puedan solicitar se reconozca su quiebra.

4. Porque la deuda original ya fue pagada.  Los intereses flotantes y el cálculo periódico de intereses que se suman al capital, ha hecho que los países deudores, hayamos pagado con creces las sumas originales de los préstamos y con una gran cuota de sacrificio. 

Carta elaborada y aprobada en la Jornada de Ayuno, Oración y Reflexión organizada por Pastoral Social Arquidiocesana y Pastoral Social-CáRITAS Panamá.   La jornada fue realizada en la Basílica Menor de Don Bosco, en la ciudad de Panamá el 14 de abril del año 2000, en el contexto de la Campaña Nacional de Cuaresma 2000: "LA VIDA ANTES QUE LA DEUDA.".

Oficina Nacional de Pastoral Social-Cáritas



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Agosto 2006